El Ayuntamiento de Valladolid conmemora hoy, 30 de noviembre, y por primera vez, su adhesión reciente a la red de “Ciudades por la vida, ciudades contra la pena de muerte”, para cumplir con la moción institucional presentada por el grupo local de Amnistía Internacional, aprobada por el pleno municipal el 8 de mayo pasado. Este acto se suma a los que se celebrarán hoy en más de dos mil ciudades de todo el mundo para mostrar el rechazo de los ciudadanos a la pena de muerte. En España se han sumado a esta iniciativa de Amnistía Internacional y Comunidad de San Egidio veinticinco ciudades, entre las que está Valladolid. Una conmemoración como la de hoy obliga a reflexionar sobre la naturaleza y existencia de la pena de muerte en el mundo.

En España, las últimas ejecuciones sumarias se realizaron en 1975, al final de la dictadura franquista. Fueron fusilados Ángel Otaegi, Jon Paredes, militantes de ETA político-militar, y Humberto Baena, Ramón García Sanz y José Luis Sánchez Bravo, militantes del FRAP. La constitución de 1978 abolió la pena de muerte, excepto para los casos en los que el Código Penal Militar la preveía en los casos de traición, rebelión militar, espionaje, sabotaje o crímenes de guerra. Tras una larga campaña de Amnistía Internacional, la pena de muerte fue abolida por completo en 1995 (Ley Orgánica 11/1995, de 27 de noviembre); pero queda pendiente la modificación del artículo 15 de la constitución, para adaptarlo a la Ley Orgánica 11/1995, que la abole.

A pesar de que las condenas a muerte han disminuido, los datos correspondientes a 2017 siguen siendo sobrecogedoras. En 2017, Amnistía Internacional registró 2.591 condenas a muerte en 53 países, frente a las 3.117 de 2016. Estados Unidos fue, en 2017, el único país de América que llevó a cabo ejecuciones: 23 ejecuciones y 41 condenas a muerte. Actualmente hay 142 Estados abolicionistas, entre los que se encuentra España y los Estados de la Unión Europea. Pero se está lejos de conseguir la abolición completa de la pena de muerte. Así, por ejemplo, los cinco países mayores ejecutores de la pena de muerte en 2017 fueron: China (1000), Irán (507), Arabia Saudí (146), Irak (125) y Pakistán (60).

La existencia de la pena de muerte, que es un ataque frontal, radical, a la dignidad humana, invita a reflexionar sobre las razones que cimientan su abolición. En una aproximación a los argumentos en contra de la pena de muerte, podemos enumerar los siguientes:

  1. Supone la negación del derecho a la vida, el primer y fundamental derecho humano, del que dependen todos los demás derechos y libertades.

 

  1. En caso de que exista un error judicial, es irreversible. En Estados Unidos, desde 1976, ciento cincuenta personas que habían sido condenadas a muerte han sido absueltas. Algunas absoluciones se produjeron cuando ya se había ejecutado la pena capital. En los últimos años hemos sabido que personas que habían sido condenadas injustamente han pasado muchos años en la cárcel. Sin salir de España y centrándonos en noticias conocidas este mismo año, el 2018 hemos sabido que se han producido errores judiciales graves como, por ejemplo: el de Gulnara Noemí Vistín Crillo (10 años en la cárcel), condenada tras haber sido confundida con su hermana; el pescador Tomás Martínez (un año en la cárcel), al no creerlo el juez y calificarlo como un gran narcotraficante; Juan Francisco Román, desahuciado dos veces por error reiterado del juzgado al tomarlo erróneamente por un moroso. Errores judiciales suceden todos los años en todos los países. En Estados Unidos existe una lista muy larga de errores judiciales que han llevado a personas inocentes al corredor de la muerte y que incluso han sido ejecutados. Casos, como, por ejemplo, los de: Glenn Ford que pasó treinta años en el corredor de la muerte; James Richardson pasó veintiún; Luis Díaz, 26 años; Daryl Burton, 24 años; Juan Rivera, 20 años, o Nick Yarris, 22 años, justifican la abolición de la pena de muerte. Dependiendo de las fuentes que se consulten, uno o 2,5 de cada diez condenados a muerte en Estados Unidos son inocentes. En realidad, la posibilidad del error judicial es un argumento suficiente para la abolición de la pena de muerte. Si recurrimos a nuestra historia, la de la Inquisición es un compendio de errores judiciales, que condujeron a la muerte a miles de personas en Europa. Miguel Servet, un condenado a muerte por Calvino, decía “considero un asunto muy grave matar a los hombres por creer que están en el error o por algún detalle de interpretación escriturística, cuando sabemos que el más elegido puede equivocarse”.

 

  1. No existen datos ni pruebas que demuestren que la existencia de la pena de muerte disuade al delincuente de delinquir, ni que reduzca la criminalidad en la sociedad.

 

  1. En Estados Unidos, y en el mundo en general, la pena de muerte acaba cayendo sobre las personas más vulnerables, aquellas que carecen de medios económicos, sociales y políticos para poder tener una buena defensa, la mayoría de ellas de piel negra o pertenecientes a minorías étnicas. En Estados Unidos, en 2007 (Equal Justice Iniciative) el 95 por cien de los condenados a muerte que permanecían en los corredores de la muerte eran pobres. En los países en los que la pena de muerte está vigente, ésta se aplica de manera mayoritaria a personas que pertenecen a minorías éticas, raciales, religiosas y a los opositores políticos. Un ejemplo cercano para los españoles y que está de actualidad, es el de Pablo Ibar, condenado a la pena capital en Estados Unidos el año 2000. A día de hoy, permanece en el corredor de la muerte a la espera de un segundo juicio, abierto tras reconocer el Tribunal Supremo de Florida que Pablo Ibar no había tenido una defensa letrada eficaz y que había sido condenado con pruebas “escasas y débiles”.

 

  1. En palabras del papa Francisco, la pena de muerte no hace justicia sino que fomenta la venganza; es inhumana, contraria al Evangelio y humilla la dignidad humana.

 

  1. Suele emplearse en sistemas de justicia que no garantizan la equidad ni la dignidad de las personas. Por ejemplo, los tres países que ejecutan a más personas (China, Irán y Arabia Saudí) lo hacen en circunstancias poco claras, como por ejemplo, fundamentando la condena a muerte en declaraciones obtenidas con frecuencia mediante tortura.

 

  1. La pena de muerte, además de degradar al verdugo, que se convierte en un asesino, degrada a los Estados que la ejecutan y a la sociedad que la permite (Jack London). Quienes defienden la pena de muerte deberían tener claro que el Estado, que existe por la voluntad soberana de los ciudadanos y que tiene como fin servir a la sociedad, no es dueño de la vida de ninguno de ellos.

 

  1. Si los actos humanos representan siempre a quien actúa, cuando se ejecuta a una persona, se ejecuta intencionalmente a toda la humanidad. Todo crimen es execrable, pero el más execrable de todos es el crimen legal.

 

En tiempos en los que las noticias negativas son las que se subrayan, porque son las que “venden”, la actualidad nos permite hoy, 30 de noviembre, celebrar que en Valladolid, como en otras veinticuatro ciudades españolas y otras muchas en el mundo, se conmemora la adhesión de nuestra ciudad a la red de “Ciudades por la vida, ciudades contra la pena de muerte”.

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