He tardado en reaccionar unos días. La primera idea sobre el tema llevaba adherida varios exabruptos, mejor bajar el suflé y “vengarse en bandeja fría”. Seguramente la salida de pata de banco del concejal Bermejo respecto al “teatro en Valladolid” llevaba un mensaje implícito: me sale gratis porque no voy a ser cabeza de cartel. Su compa Pilar, la consejera que nos quiere cobrar por probar la ropa, le ha sorpasado.

El Partido Popular, hasta que la emprendió con la música en directo en los bares, tuvo la obsesión de erradicar el teatro en Valladolid. Recordemos que el Teatro Calderón fue heredado de los últimos años de gobierno Psoe en Valladolid, años de cierto desconcierto respecto a este arte, todo hay que decirlo, con apuestas muy conservadoras en general – falta de estrategia de exhibición de espectáculos al no comprar el Teatro Zorrilla o al dividir la Muestra Internacional de Teatro en dos festivales: danza y teatro, abandonando la línea de programación de música de vanguardia que esta Muestra había emprendido con Laurie Anderson- por ejemplo.

Respecto de la Muestra Internacional de Teatro – acontecimiento “elitista” que abarrotaba el T Calderón- los conservadores – PP y CDS- llegaron a cuestionar hasta los ahorros en los gastos – mediante incómodos viajes internacionales- o la dedicación de profesionales de la gestión en alguna de las tareas técnicas. De la programación solo podían decir que era “elitista” porque ellos no asistían, supongo, si no hubieran visto el teatro lleno en bastantes ocasiones: Laurie Anderson, Jon Hassell, John Lurie, Mabou Mines, Michael Clark, por citar unos pocos.

Uno de los aciertos socialistas respecto al teatro – y la música- fue la creación del Consorcio de Enseñanzas Artísticas con la Diputación Provincial, para mejorar la financiación y actividades formativas de las Escuelas Provinciales de Teatro y de Música. Por mi profesión en esos años – Teloncillo- la relación con la Escuela de Teatro era más importante. La dirección – Fernando Herrero, Ernesto Calvo- y profesorado eran magníficos y de lxs alumnxs egresados no hay más que pronunciar algunos nombres: Ana Otero, Fernando Cayo, Alberto Enríquez, Verónica Vera entre los que ejercen en Madrid y Nina Reglero, Carlos Nuevo, Mercedes Asenjo, Esther Pérez, Javier Esteban, Jacinto Gómez, Ricardo Vicente…entre los que decidieron quedarse en Valladolid.

El PP no paró hasta desmontar el consorcio, que dio como resultado la gestión privada de la escuela de música y la desaparición de la de teatro… se da la paradoja de que en provincias como Salamanca, León, Segovia, Burgos se mantienen escuelas municipales de teatro que ejercen una muy importante labor de formación continua y creación de afición y teatro de base. Muchas de esa diputaciones y capitales gobernadas por el propio PP. Alguien deberá explicar esto algún día, no sirve la excusa de que hay “enseñanza oficial”, también la hay en música y la escuela siguió adelante.

El antes aludido Teatro Zorrilla, producto de una permuta de terrenos de la Diputación, y rehabilitado con fondos públicos fue asignado a uno de los tres proyectos empresariales con menos conexiones con la profesión vallisoletana. La única vinculación de la empresa que lo explota es que el año antes la propia Diputación que lo debía asignar concedió la medalla al merito teatral “de la provincia” al propio empresario madrileño. Los otros dos proyectos eran UTEs de empresas vallisoletanas con empresas de Madrid y Barcelona de grandes dimensiones. Todo legal, no objeto nada, pero tengamos en cuenta que la concesión fue meramente “administrativa” no hubo al parecer pronunciamiento del consejo de cultura de la propia institución.

Los comienzos del Teatro Calderón bajo mandato Popular fueron inquietantes: apenas nadie de la profesión teatral vallisoletana accedió a representar en sus tablas, cuando todos veíamos que teatros de Burgos, Salamanca, Segovia llenaban funciones con los estrenos de las compañías locales. Establecieron un modelo a medio camino entre Oviedo y Jerez, pero en tierra de nadie. Ahora el acceso no tiene problema: Sala Delibes, Desván, Sala Principal… lo que tiene interés se programa.

Valladolid, hasta la llegada del LAVA – por dimensiones, quizá no por estrategia- no ha tenido una programación – aunque sea incipiente- de teatro local profesional, el teatro de base y aficionado tiene un fácil acceso a los magníficos centros cívicos, con espacios escénicos espectaculares en algún caso, y esto sí que se lo podía apuntar el Partido Popular, pero no lo hace.

Mientras tanto – como el diablo aburrido- Bermejo enreda con el rabo de “Valladolid capital mundimundial” del teatro. En fin.

No hay comentarios