Enero 2019

En estas vísperas después de leer los periódicos del día de todo y antes de que todo empiece a pasar y se demuestre una vez más lo nada que es, permítanme parafrasear a los zapatistas y apuntar una breve idea:

Visto lo visto y si la presente civilización produce un mundo donde solo un mundo es posible y los demás son imposibles, la solución sería producir una civilización donde otros mundos sean posibles y éste que ahora tenemos entre las manos se haga perfecta, completamente imposible.

¿Qué les parece?

Un mundo donde los tipos como ese de VOX, los Bolsonaro, los Macri, los Macron, los Salvini, los Putin, los Trump, los Netanyahu (y me dejo cien) no tuvieran nunca, jamás la menor oportunidad de hacerse ver.

Miren, mírenlos: Todos tienen una cara de demócratas que hace daño a la vista. Y ahí, precisamente, reside su última victoria: han logrado disfrazarse de inocentes mientras nosotras (de todos los colores) representamos el papel de las culpables. Ellos son ángeles porque tienen el poder para declararse ángeles y también ¡no faltaba más! el poder de convertirnos a nosotras y a todos los que no son como ellos, en bárbaras (santos padres de la Curia incluidos). A los ojos del patriarcado, los y las expoliadas seremos siempre unos seres vulgares y ellos, los expoliadores, unos entes refinados que saben bien de qué va la cosa.

Oh, debe de ser estupendo nacer y ser un privilegiado y además sentirse “inocente”: eso permite jugar a la candidez y estar siempre del lado más amable de ese mundo que es posible.

Y no nos engañemos, en este lado amable del mundo se encuentran no solo los patriarcas expoliadores sino también los abogados de las víctimas, los palafreneros del poder y muy importante, los iconos intelectuales de la modernidá.

Como por ejemplo un-dos-tres responda otra vez: Sartre.

Sartre.

Un señor convertido en la pura alegoría de la izquierda francesa de postguerra. Un intelectual que nunca supo ser Genet. Un filósofo que asociado a los clamores histéricos de la izquierda francesa persiste y firma (en 1967) su fidelidad al proyecto sionista. O ¿es que en 1975 no protestó junto Miterrand, Mendes France y Malraux - una mancuerna de lujo- contra la resolución de la ONU que equiparaba precisamente el sionismo y el racismo?

Y ya que estamos con Francia, (reconozco que Macron me ha revuelto las esencias)

¿No fue la misma Francia de la Resistencia la que sembró el terror en Setif y Guelma (Argelia) un 8 de mayo de 1945 es decir, el mismísimo día de la liberación contra los nazis? Por cierto, ¿Dónde estaba Camus?).

Es decir, que las izquierdas son la solución de todos los males es el cuento chino que nos contaron un dia. Mas quisiéramos. En este mundo posible, las izquierdas son la solución, sí, pero de Sus males, no de los Míos y mucho menos de los Otros, los que no son tan blancos como ellos. Tan blancos, tan civilizados, tan cristianos, tan todo. Para conseguir una civilización donde los mundos imposibles se hagan posibles y éste que tenemos entre las manos se disuelva de una santa vez, necesitamos no solo una revolución sino también un vuelco de la subjetividad, de los paradigmas, de la ética, de las estructuras de dominación y de la práctica política.

Por lo demás, bien: Empezamos el 2019 con salud.

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