Estoy en la cama con la Gripe. Tengo una gripe de tres pares de cojopios: será que en mi casa hay muchas corrientes. No es por nada, pero de siempre dije yo que las muchas corrientes suelen traer constipados, catarros y gripes. Lo de Madrid, es directamente gripe. Iñigo Errejón el Inquieto (más inquieto que la pilila un novio), sin avisar, sin decir Agua va, se nos marcha con alevosía y nocturnidad con doña Carmena, esa abuelita dime tú que, en cuanto le arriman un micrófono, lo primero que dice es Yo no soy de Podemos. Vale, abuela Manuela, usted no es de Podemos, pero cuídese los huesos, porque cada vez que usted tiene un episodio, se nos marcha por el corner alguien de Podemos: Carolina Bescansa, ahora el Inquieto rapaz, que parece que hizo la primera comunión trasantier.

Y, Claro, en Valladolid, una politiquilla que no tiene futuro donde aposentar el culete (uso prosa de mi monitora de gimnasia para jubilados: en el Polideportivo Miriam Blasco me tienen, ahí sólo veo, de amigos y conocidos, a Fernando González: nos reímos mucho con nuestros alifafes).

Decía que Ana, nuestra monitora, un encanto, cuando hay que levantar la rabadilla dice Arriba ese Culete. Lo dice con una gracia y una sonrisa, que todos los jubilados y jubiladas hacemos lo que podemos. Huy, Podemos.

Pues eso, que la citada aquí como Culete se apresta con indudable rapidez a declarar que le parece de perlas lo del Inquieto Errejón. Nos ha hodido mayo con no llover a tiempo: detrás de él irán todos los que hacen, o intentan hacer, de la política una profesión fructífera. Al tiempo. Lo cual, visto lo visto, la acumulación de listos y listas en nuestro partido, me anima a recomendarle al presidente, hoy de baja por maternidad, la receta que tan buen resultado le dio, da y dará al Partido Popular en Castilla y León: perfil bajo, presidente, perfil bajo, que hay mucho espabilado en el paro que viene a que le solucionemos el sueldito (claro, tú lo dices porque cobras todos los meses la pensión: también es cierto, amigo). Cuídate de tanto hablistán como hay por esos círculos. Tuvimos uno en Valladolid (creo que se ha ido o se va a ir) que yo jamás entendía qué quería decir con aquellos discursos tan floridos y tan vacuos. Casi al final me di cuenta: nada.

Concluyendo, y sin meterme para nada con Izquierda Unida, esa escuela de lealtad que, en cuanto surgió el problema en Madrid, dijo que daba por roto el compromiso. Con el millón de votos que nos ha costado (y otras menudencias que no expongo) no es para menos que darles las gracias a los del Pegamento Imedio. Gracias, gracias: vamos a seguir prometiendo el oro y el moro, que en los barrios se lo creen todo, y si no sale con barbas, pues la Purísima Concepción.

Con todo lo anterior, quiero decir que hay que aguantar el tipo.

Adiós, querido Errejón, adiós. Te deseo a ti el doble de lo que tú y tus collacios me deseáis a mí, y conmigo a los que sólo somos de Podemos, sin corrientes, y así y todo, cogemos unas gripes que nos van a llevar a la farmacia, cuando menos.

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