¡Como podremos olvidar aquella centella!

En un instante los 30000 en las calles desaparecieron.

En el fondo de las tinieblas aplastados los gritos de los 50000 cesaron.

Cuando el humo huracanado y amarillo se desvaneció, los edificios estaban rajados, los puentes derretidos, los trenes llenos de gente quedaron chamuscados,

vasto páramo de escombros Hiroshima.

Sankichi Toogue

 

Desde hace mucho tiempo, acaricio la tentación de pasarme al lado oscuro de la realidad. El motivo es muy sencillo, yo creía haber estado toda mi vida del lado luminoso, en el bando de la verdad, de los paladines de la justicia, de la igualdad, de la libertad y la fraternidad; sin embargo, es ahí mismo, donde más despreciado me he sentido, donde más faltas de respeto he sufrido, infravaloración de mi persona, ataques indiscriminados e irracionales, y soledad, mucha soledad.

Creo por esto mismo, haber llegado a la conclusión de que posiblemente, ese lado luminoso no lo fuera tanto, que la sombra de la sospecha se cerniría igualmente sobre aquellos que en su momento consideré de los míos, que su espíritu de igualdad, democratismo y asamblearismo, resultarían ser el peor de los cambalaches, que en el fondo, y más allá de nuestra subjetiva mirada, los seres humanos, en todas partes, en todo lugar y en cualquier ideología, por más venerada y purista que esta sea, padecemos la misma profunda enfermedad, que somos seres en permanente convalecencia, y que las formas del más feroz despotismo se pueden encontrar en el seno de cualquier grupo humano que seamos capaces de imaginar, sin distinción alguna, que incluso en el clan al que pertenecemos y que tenemos por íntegro y puro, aparecen antes o después filisteos, traidores, judas iscariotes y gentes oscuramente retorcidas.

Me viene a la memoria la teoría foucaldiana de los micropoderes, Foucault ubica las relaciones de poder en todas partes, no solo entre gobernantes y súbditos, o entre diferentes clases sociales, sino en cualquiera de los órdenes cotidianos de la vida, en las escuelas, entre los jefes y los empleados, en la política, y curiosamente, y esto es lo interesante, entre individuos de la misma clase, la misma familia, asociación, e incluso entre dos individuos que supuestamente deberían estar al mismo nivel de empoderamiento, llevar el mismo rumbo, y a priori con idénticos objetivos. El poder abarca todo lo existente, se ejerce en todos los ámbitos y en la mayoría de los casos sin ninguna piedad, salvajemente, ciegamente.

Les cuento todo esto, porque deseo hablarles de la contradicción irredenta que anida en el corazón de los hombres, -de como una potencia, una nación que se suponía habría de librarnos del mal, del totalitarismo, de las infatuadas pretensiones imperialistas de los países del eje durante la Segunda Guerra Mundial-, acabó convirtiéndose en el más cruel de los verdugos, en la nación imperialista y amante de la violencia por excelencia, los Estados Unidos de América.

8:15 de la mañana del 6 de agosto de 1945, aquel amanecer, y por orden del Presidente Truman, el bombardeo Enola Gay sobrevoló Hiroshima, dejando caer en un descenso de apocalipsis programada, la bomba bautizada como Litte Boy.

De pronto, un resplandor muy intenso, llegando a alcanzar temperaturas cercanas a los 50000 grados centígrados, a continuación se produjo una intensa vibración, seguida de vientos huracanados, y después el silencio.....

Enormes llamaradas de más de 100 metros de altura se distribuían por toda la ciudad, unas horas más tarde un violento aguacero de lluvia negra se desplomó sobre Hiroshima como un manto de negra muerte.

-Decenas, cientos de niños y adolescentes desorientados, con los brazos extendidos como zombis, se iban concentrando paulatinamente junto al puente Miyuki nadie sabía de donde procedían ni porque recalaban en aquel lugar, sedientos, con el cuerpo hecho trizas, despedazados.

Este es el testimonio de uno de los testigos que en la mañana del 6 de agosto de 1945 se encontraba vagando sin rumbo por las calles de Hiroshima

Ahora mismo, sostengo una vieja fotografía entre mis manos, en primer término aparece una niña vestida con uniforme escolar, el pelo quemado, la ropa hecha jirones, la manga de la camisa desgarrada y sangrando profusamente, es como asistir a una visión fantasmagórica. En el lado izquierdo, junto a un parapeto, una muchacha se inclina agotada por el dolor de las quemaduras, y en un acto de súplica parece implorar una muerte rápida.

El periodista John Hersey entrevista unos años más tarde a varios de los supervivientes o “ hibakushas” y este es uno de los relatos que nos legó:

La señora Nakamura estaba de pie, mirando a su vecino, cuando todo brilló con el blanco más blanco que jamás hubiera visto. No se dio cuenta de lo ocurrido a su vecino; los reflejos de madre le dirigieron hacia sus hijos dado un paso (la casa estaba a 1234 metros del centro de la explosión) cuando algo la levantó y la envió en volandas al cuarto vecino, sobre la plataforma de dormir, seguida de partes de su casa. Trazos de madera le llovieron encima cuando cayó al piso, y una lluvia de tejas la aporreó; todo se volvió oscuro, porque había quedado sepultada. Los escombros no la enterraron profundamente. Se levantó y logró liberarse. Escuchó a un niño que gritaba: ¡ Mamá, ayúdame!, y vio a Myeko, la menor- tenía cinco años-, enterrada hasta el pecho e incapaz de moverse.”

Un destello cegador, una mole de fuego, como si el sol se duplicara caprichoso de sí mismo, engullendo a la Tierra en su anaranjada masa de muerte, trastornando su órbita, calcinando la elipsis que marca el tiempo de los hombres, su siempre metafísica referencia respecto al universo exterior.

Sí, ese día los cimientos del alma humana, las fuerzas gravitatorias que lo sostienen, los vínculos entre los diferentes eslabones, entre las distintas familias, entre todos los clanes, se rompieron.

Durante 70 años la historia ha sido tergiversada, manipulada y adecuada a los intereses de una nación homicida, o mejor dicho, de un gobierno homicida, el gobierno de los Estados Unidos de América presidido por Harry S. Truman y que aquel 6 de agosto de 1945 dio la orden de lanzar la bomba atómica sobre una población indefensa y ya de por sí diezmada por el acontecer de la guerra.

La justificación que la administración Truman enarboló, es que de ese modo, se salvarían miles de vidas de soldados aliados y se daría fin a la Segunda Guerra Mundial, pero esta afirmación, muy lejos de ser cierta, despertó siempre infinidad de sospechas, dudas e inquietantes preguntas sin respuesta.

Algunos historiadores han demostrado documentalmente que la capacidad militar de Japón había sido destruida con creces y que el gobierno japonés habría enviado comunicados y personas para negociar la paz con Estados Unidos, negociadores que Washington ignoró completamente.

Asimismo, en los archivos nacionales de Washington se han encontrado documentos que atestiguan la intención japonesa de acordar la paz desde al menos el año 1943.

Es un hecho incuestionable que la verdadera intencionalidad de los Estados Unidos al arrojar la bomba sobre Hiroshima, no era destruir ninguna base militar, ni proteger la vida de sus soldados, ni tan siquiera precipitar o adelantar el final de la guerra; su verdadero objetivo consistía en imponer su dominación económica, política y militar sobre el mundo, por eso mismo escogieron para ello el mantra de que "la fuerza es el poder", el poder es la dominación y la dominación termina por cristalizar en un éxtasis caprichoso y vacuo, de extrañeza y de perplejidad de unos hombres para con otros.

Ahí, en ese momento, es a mi parecer donde comienza la decadencia de occidente, el poder, la fuerza bruta irracional, la mentira histórica se imponen culturalmente a la verdad, a la esencia íntima y auténtica del ser humano, que no es otra que mirar siempre al "otro"," la otredad"

Sólo tres meses después de las explosiones en Hiroshima y Nagasaki, Oppenheimer, que había dirigido los experimentos y posterior fabricación de la bomba atómica, le dijo al presidente Harry Truman:

-Siento que mis manos están manchadas de sangre.

Y el presidente le respondió:

-Los lavabos están fuera. Indicando seguidamente a sus Secretario de Estado Deam Acheson que nunca más quería ver a ese hijo de puta en su oficina.

Allí donde los infravalores del poder absoluto o el beneficio transhumanista se hacen fuertes, no tienen cabida la piedad o la compunción por el destino de los hombres.

Como afirmaba John Steinbeck en su novela "Las uvas de la ira", nosotros somos la gente y si fuéramos capaces de hacer un frente común alcanzaríamos la supervivencia y derrotaríamos para siempre al Leviatán de múltiples cabezas que se esconde detrás del poder político y geoestratégico.

Al lanzar las bombas atómicas, los Estados Unidos establecieron una clara relación de poder con el resto del mundo, cada vez que se produce una interacción entre seres humanos, se establecen relaciones de poder, en los partidos, en asociaciones de toda índole, en los sindicatos, en las familias; y yo me pregunto si esas relaciones de poder son sanas y a que objetivos van dirigidas.

La relación de poder es reveladora de nuestra oscuridad, una sombra que con sus ventosas intenta aplacarnos y someternos.

En los últimos días, me entretuve en leer la novela de Harpeer Lee “Matar a un ruiseñor”, en uno de sus capítulos, Atticus( el protagonista), les dice a sus hijos que tal vez el peor de los pecados sea matar a un ruiseñor, porque este representa la libertad y la belleza aunadas en un solo ser, así mismo, las relaciones de poder piramidal terminan por apagar la belleza que se contiene en cada persona. Desvelan igualmente, que la oscuridad está en todas partes, en Oriente y en Occidente, se origina en los cuatro puntos cardinales, es oriunda de cualquier latitud, y para poder llegar a domeñarla, antes necesitamos tomar conciencia de ella.

Yo he decidido emprender ese camino, arduo tal vez, pero el único posible en vistas a la supervivencia de todos, a la felicidad colectiva.

Los hombres y las mujeres, no estamos preparados para ejercer el poder sobre nadie, ya que en la mayor parte de los casos, es ejercido por personas mediocres que acaban por convertirlo en despótico, arbitrario y cruel.

 

A las 140 000 víctimas de Hiroshima, a sus cuerpos devastados por la ignorancia.

A José Luis, compañero y camarada del Ateneo Republicano de Valladolid, porque detrás de esa fachada de fumador de habanos, encontré a una persona de corazón tierno y amable.. El me hizo la pregunta más difícil, ¿dónde estaba Dios el día de Hiroshima?. A la que yo contesté lo buenamente que pude.

Ahora no comprendemos la oscuridad, pero en algún momento alcanzaremos a ver el sentido de todo.

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