Seguramente todas las personas que leen Último Cero habrán visto algún capítulo de la horrible teleserie norteamericana El Equipo A, que se comenzó a emitir en los años ochenta, cuyas cinco temporadas han sido programadas por diferentes cadenas, privadas y públicas, nacionales y autonómicas, hasta el hartazgo. Pues bien, en todos y cada uno de los capítulos de esta lamentable serie, plagada de malas interpretaciones y situaciones previsibles , no faltaba un momento en el cual acorralados y al borde de la muerte, acompañados de la sintonía de la serie, se observaba una especie de vídeo-clip, sólo acompañado de música, donde el elenco de actores principales construían un tanque con un remolque, un globo aerostático con un aspirador, una ametralladora con un cortacésped, un cañón con un bote de basura,… superando con su ingenio la situación aparentemente insalvable en la que se encontraban. Este clip es algo habitual en la mayor parte de las películas estadounidenses, y es algo que siempre me ha llamado poderosamente la atención.

La película más antigua en la que he podido encontrarlo es en el filme Adiós a las armas (Paul Borzage, USA, 1932), basada en la novela con tintes autobiográficos de Ernest Hemingway y realizada tan sólo tres años después de que el cine sonoro se comenzase a difundir por todo el mundo. El sonoro obligó a cambiar los equipos de las salas, la forma de producción, la estética; relegando al olvido a la mayoría de las grandes estrellas del star system. La escena a que me refiero es especialmente llamativa, sólo música, imagen y algún efecto. En ella, Gary Cooper inicia su deserción huyendo del frente y la guerra. Parece clara la influencia de este clip en El Guernica de Picasso, como ha descubierto el director de fotografía José Luis Alcaine; apareciendo la ciudad en llamas, el caballo desbocado, la mano del guerrero, un soldado que muere en el suelo, aves de corral asustadas, una madre que grita con su bebé muerto en los brazos,… No hay que olvidar que Picasso no vio la guerra, sólo la siguió a través de los noticiarios que se emitían en las salas de cine y de los periódicos, de ahí que la tabla sea en blanco y negro; en este sentido, se puede apreciar también, cómo Picasso imita con pequeñas rayitas verticales la textura del papel de periódico, rellenando con ellas diversas figuras. El porqué de esta escena en los inicios del sonoro es del todo comprensible, el sonoro coartaba la libertad de movimientos, las posibilidades de los planos y el montaje en las escenas con diálogos, de ahí que se planificase esta escena con música no diegética (que no sale de ningún lado y se añade para acompañar a la acción) para poder dar un toque más artístico y dinámico a la cinta. Además de ilustrar mejor los desastres de la guerra y enfatizar la deserción del protagonista entre la población refugiada.

Sin embargo, ese clip musical se fue ampliando y desarrollando con el tiempo, permaneciendo no sólo hasta que el cine sonoro recuperó las posibilidades estéticas y de montaje de la época muda, sino hasta la actualidad. Durante los años sesenta, se desarrolló incluso en los filmes del cine independiente norteamericano; pudiendo encontrar escenas de este tipo en filmes como Cowboy de medianoche (John Schlesinger, USA, 1969) o Easy rider (Dennis Hopper, USA, 1969), en esta última con tintes muy sicodélicos, en una escena densa, terrible y dura de ver, bajo los efectos del LSD en el cementerio Nueva Orleans.

En los setenta destaca su utilización por Coppola en El Padrino, donde nos narra tanto el galanteo en Sicilia entre Michael Corleone y Apolonia a través de este clip musical, como lo utiliza para los años de la guerra entre las familias de Nueva York. En esa misma década, destaca el contenido épico -auténtico homenaje a los deportistas- que supone el clip en Rocky (Sylvester Stallone, USA, 1977). Aunque es en los ochenta cuando el clip musical vivió su época de esplendor (habitualmente con música de rock), no había comedia americana, ni drama, ni filme de acción, ni serie (como El equipo A) que no contase con la famosa escena musical, no hay que olvidar que en esencia era un vídeo-clip, muy a la moda en aquella época. 

El ha ido evolucionando en manos de maestros como podemos ver a lo largo de la filmografía de Spike Lee o se ha mezclado con una escena violenta a cámara lenta (al estilo de Kurosawa/Peckinpah), caso de Una historia del Bronx (Robert de Niro, USA, 1993). En las últimas décadas se ha seguido utilizando, incluso se ha imitado y generalizado en tradiciones cinematográficas de otras nacionalidades, como sucede en el filme Janis y John (Samuel Benchetrit, Francia, 2003) para contar la transformación y liberación de su protagonista por disfrazarse de Janis Joplin.

Pero tras este recorrido cronológico, muy incompleto pero que espero sirva de muestra, debemos preguntarnos: ¿Cuál es la intención y el sentido de este clip musical en el cine norteamericano?

Lo primero, por lo que respecta al tiempo: Es ante todo una forma de hacer un flashforward (salto de tiempo hacia adelante). Por ejemplo, toda una noche de un grupo de estudiantes no integrados que preparan su venganza contra la hermandad de los triunfadores; se resuelve con dos minutos de rock y unos fotogramas de gran atractivo. Se trata normalmente de una escena totalmente silente, donde sólo está la música y la imagen.

En segundo lugar, en cuanto al ritmo: Se suele utilizar como un momento previo a producirse el desenlace. Siendo una especie de descanso en el ritmo de la cinta. Esto permite luego que las personas del público presten una mayor atención, para asistir con la mente más despejada a la resolución de los conflictos planteados por la narración. Descansando la mente de los diálogos, centrada en una sucesión rápida y rítmica de imágenes muy fácilmente legibles.

Para finalizar, es necesario abordar la cuestión ideológica: Este clip se ha ido convirtiendo, especialmente en el cine de consumo, en una metáfora social que se relaciona con los ideales del sueño Made in USA. El trabajo en equipo, la originalidad, la rebeldía, el inconformismo,… dan la victoria y el éxito. Paralelamente, quien asiste a ver la escena, a pesar de que entiende que se trata de un salto de tiempo, arrastra en su subconsciente la idea de que los objetivos se consiguen de forma inmediata, con los tres minutos que dura el clip. Sin valorar, en realidad, el auténtico esfuerzo y trabajo, ni el -a veces- largo tiempo necesario para su consecución. El triunfo se consigue de un modo rápido, aquí y ahora; lo que produce una gran frustración al enfrentarse a los tiempos y el esfuerzo constante del mundo real. Asimismo, de la mano de este clip musical, la industria cinematográfica de los Estados Unidos ha convertido la gloria y el éxito en artículos de consumo.

No hay comentarios