En el parlamentarismo hay una parte importante del tiempo que se pierde en cuestiones formales, burocráticas o institucionales. Ésta no es una de ellas. Hace dos semanas recibí en las Cortes una visita de once trabajadores que me golpeó con toda contundencia. Once compañeros explotados durante años, víctimas del fraude en su sector, y que cuando se pusieron en huelga para defender el cumplimiento de la legalidad en su empresa, sufrieron un despido fulminante por parte de una patronal sinvergüenza, delincuente y corrupta. En este artículo pretendo contar su historia.

Un poquito de contexto. El sector cárnico no es un sector secundario en este país. Con 3.810 empresas y 115.000 personas ocupadas, se trata ni más ni menos que del cuarto sector industrial de España, tan sólo por detrás de sectores tan relevantes como el automovilístico, los combustibles y la energía eléctrica.

A pesar de su inmenso volumen de negocio (23.998 millones de euros) y sus exportaciones por valor de más de 6.000 millones de euros (España es ya uno de los cuatro principales exportadores de porcino, al nivel de Dinamarca, Alemania o EE.UU.), la patronal del sector es una de las más cicateras, explotadoras y fraudulentas que se conocen: uno de cada cuatro trabajadoras (concretamente un 27%, tienen un contrato temporal o son falsos autónomos. La fórmula de explotación encubierta predominante en este sector es el de la externalización a través de falsas cooperativas de trabajo asociado.

¿En qué consiste esta externalización fraudulenta? Para entenderlo, volvamos a los 11 obreros con los que comenzaba este artículo. Como haríamos usted o yo, estos jóvenes se dirigieron con un currículum a una empresa para buscar empleo. Concretamente, se dirigieron a Embutidos Rodríguez, empresa del sector cárnico de enorme importancia en la comarca de La Bañeza (León). Lo normal, diríamos usted o yo, sería que la misma empresa que recibe el currículum contacte al solicitante para comunicarle si le contrata o no, e inicie el papeleo para la contratación. Pues no. Resulta que a estos trabajadores, al igual que a otros 400 trabajadores, no les respondió a su solicitud de empleo Embutidos Rodríguez, sino otra empresa llamada Servicarne, con sede muy lejos de La Bañeza, en Cataluña. Y lo que Servicarne les ofreció fue darles de alta como autónomos en la Seguridad Social y adscribirlos a su falsa cooperativa de trabajo asociado. O sea, les obliga a ser falsos autónomos.

¿Qué quiere decir esto? Que los trabajadores de Embutidos Rodríguez tienen lo peor de ser obrero, y lo peor de ser autónomo. Son obreros porque viven una relación jerárquica con sus superiores, que les imponen los ritmos de trabajo que les apetece, tienen horarios y dependen de una sola empresa. Son autónomos porque no cotizan en el régimen general de la Seguridad Social y no disfrutan de los derechos amparados por el Convenio Colectivo de Cárnicas ni de ningún otro derecho laboral en general. Éste es el Fraude de Ley más generalizado en el sector de cárnicas.

Y esto no lo digo yo. La inspección de trabajo está abriendo un expediente sancionador a las empresas cárnicas mediante acta de infracción y de liquidación de cuotas a la Seguridad Social por fraude en la contratación. Mientras escribo estas líneas, dicha inspección está actuando de oficio para pasar a los trabajadores al régimen general, mientras ultima un informe sobre Servicarne, que es, con 5.300 trabajadores, la falsa cooperativa más grande del sector.

En defensa de la legalidad y contra el fraude en la contratación, el sindicato de industria de Comisiones Obreras lanzó una campaña bajo el título “queremos carne limpia de fraude y de explotación laboral”, que se inició denunciando las falsas cooperativas cárnicas: Servicarne, TAIC, Clavial, Auga, Aliagro, Copergo, Coaldes, Servicios Integrales, Work Man ACP, etc. A raíz de dicha actividad se logró que Inspección de Trabajo confirmara que Servicarne es una falsa cooperativa.

En el marco de dicha campaña, los trabajadores de Embutidos Rodríguez lanzaron una heroica huelga que logró paralizar la producción de la planta. Y la patronal reaccionó con el pistolerismo más vil y miserable: ordenar a Servicarne despedir (propiamente: expulsar de la cooperativa) a once de los trabajadores más implicados en los piquetes. No tardaron ni seis horas en emitir las cartas de expulsión. Los responsables de Embutidos Rodríguez no sólo son unos delincuentes y unos sinvergüenzas que incumplen la ley laboral: son además unos miserables que se ceban con el débil y que pretenden robarle el pan a once compañeros que han tenido la dignidad de enfrentarse al poderoso para exigir el cumplimiento de la legalidad.

Para más ironía, a Embutidos Rodríguez usted y yo le hemos dado dinero. Sí, sí. El fatídico incendio que sufrió la planta durante esta legislatura, provocó que TODAS las fuerzas políticas con presencia en el Parlamento Autonómico aprobáramos ayudas públicas a dicha empresa, con el objetivo de que no se perdiera ni un solo puesto de trabajo en la Comarca de La Bañeza. Carbón, Vestas, Compostilla, la FP de La Robla… demasiado sufre León como para permitir que cerrara otra planta y hubiera aún más paro. Por ese motivo apoyé en su momento que se realizara una línea de ayudas públicas para rescatar a esta empresa de los destrozos del incendio. Pero precisamente porque la ciudadanía hemos puesto de nuestro bolsillo para ayudar a dicha empresa a mantener el empleo, sus dueños tienen la obligación, no ya sólo legal, sino ética, de respetar la ley y crear empleo de calidad, estable y conforme al derecho laboral.

Incumplir la ley es de delincuentes. Negarlo es de sinvergüenzas. Pero represaliar despidiendo a quienes reclaman lo justo, eso es de inmorales. Cebarse con el débil es una de las peores muestras de maldad en las que puede caer un ser humano. Y, no lo olvidemos, en una relación laboral (aunque sea encubierta), el trabajador siempre es el débil. Yo, que sufrí un despido ideológico una vez, lo conozco en mis carnes. Por todo ello, mi máximo respeto y admiración a los once despedidos por luchar.

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