Cabalga la recesión democrática, cabalga la involución, y hay que ponerse las pilas. La deriva reaccionaria también de la izquierda, con sus diferentes ramas, ramitas y ramalazos, anclada aún, pese a los avances, en las formas tradicionales de hacer viejo politiqueo con nueva retórica, no puede dejarnos en casa. El desencanto con unos y otros en estos últimos 4 años no se resuelve dando la espalda a las urnas y castigándonos a nosotros mismos. Todos debemos ponernos las pilas, porque entre todos los que aquí vivimos somos capaces de tener una ciudad solidaria, viva, palpitante; una ciudad más próspera, justa y feminista, una ciudad más saludable y sostenible, una ciudad para todos y no para los de siempre. Porque resulta que una mayoría de nosotros compartimos una visión común; con muchísimos matices, pero una visión común. Porque una mayoría de nosotros compartimos el deseo de igualdad, de equidad, de la justicia distributiva, el deseo de la más amplia libertad y, en definitiva, de los principios de la declaración de los derechos humanos. No queremos más PP, no queremos más “cuanto peor, mejor”, no queremos que esa nube negra involucionista que se extiende por Europa y que nunca ha dejado de extenderse por Castilla y León hasta esquilmarla nos gane la partida del futuro. No puede ser el zorro el que guarde las gallinas.

Es cierto que periodo político tras el 15 M ha ejercido unas funciones similares a las del secante; ha absorbido fuerzas, estrategias y entusiasmos. Quedaron en papel tal vez demasiadas cosas, y se han mantenido demasiadas obsesiones conspiranoicas, camarillas excluyentes, pésima comunicación, y alguna que otra contradicción de calado. Exceso de ingenuidad y exceso de rasputines. Pero también hemos visto que la fórmula del acuerdo en nuestra ciudad, en muy poco tiempo, le ha pegado un empujón hacia arriba, le ha sacudido el polvo ancestral y se han sentado algunas bases importantes para un futuro mejor. La “nueva” forma de hacer política es manifiestamente mejorable, sin duda, pero la falta de “práctica” democrática, la ausencia de cultura democrática de los “aparatos”, nuestra inmadurez y nuestra falta de Ilustración nos han hecho pecar de entusiasmo primero y después de frustración. Hablamos de Smart City como lo más, pero qué poco hablamos de ciudadanos inteligentes. Parece que a los representantes de los viejos y nuevos movimientos políticos progresistas les cuesta recuperar las ideas de tolerancia y razón. La razón política es sustituida por los sentimientos y las emociones. Lo que en psiquiatría se llama la ilusión catatímica: la transformación o distorsión que la afectividad del sujeto produce en sus contenidos psíquicos, como la percepción, el raciocinio o la conciencia. La deformación del conocimiento objetivo según la conformación o el estado de nuestra alma. Sin embargo, no debe primar la voluntad sobre la inteligencia y resultaría más que interesante recuperar el racionalismo y el verdadero sentido de las cosas. Uno es o no es demócrata, como es o no es ciego, lo que no existe son categorías como poco demócrata o radicalmente demócrata. La idea dominante de moda entre los que se proclaman de izquierdas bajo palabra de honor, esto es, la participación de los ciudadanos, debe ser un procedimiento, un medio para llegar a acuerdos, no el objetivo retorico de un programa político.

¿Es obvio lo obvio? Pues parece que no. Como recientemente decía el filósofo Chomsky, la gente ya no cree ni en los hechos. Obvio es lo que se encuentra frente a los ojos, algunos de los sinónimos de obvio son evidente, manifiesto, notorio, patente, claro y elemental. Así uno podría pensar que, por obvio, no sería necesario que en los códigos éticos políticos fuera necesario reseñar: “Decir siempre la verdad en todas las comunicaciones públicas escritas y verbales”. El Partido Popular acumula pruebas en contrario. La universidad privada y los ¿periodistas? de la región también, han dado a Casado el premio al mejor manipulador, perdón, comunicador. Como ven la ilusión catatímica causa estragos también entre los medios de comunicación. Más aún si Pica, él sabe de psiquiatría, es quien maneja la pasta en la campaña electoral de la Señora del Olmo. Por cierto, señores del PP ¿Por qué tampoco hay soterramiento en Palencia? ¿Porque su alcalde, del PP, no quiere? ¿Miente el Consejo de Cuentas cuando dice que el sobrecoste del fracasado Convenio de 2002 que sirvió para llevar a la Alcaldía al ginecólogo, paso de 526 millones a 1.340 millones, endeudando al Ayuntamiento? ¿Padecen ilusión catatímica el Señor Trebolle y el señor Concepción?

Echar una mirada distinta tiene su coste y su castigo, y resulta para muchos desestabilizador, pero es el momento de emplear el sentido crítico porque vivimos un momento tremendamente peligroso y debemos tener claro cuál es el riesgo y cuál debe ser el camino. No hay opciones perfectas. El actual gobierno municipal no es el de nuestros sueños, pero las alternativas, porque la experiencia es la madre de la ciencia, son el origen de nuestras peores pesadillas. Tenemos que ceder algo de nuestras posiciones para evitar el fango que se avecina. Los demócratas progresistas debemos salir a votar. La abstención es apostar por el cilicio, lo propio del cinismo del Opus Dei. En mayo hay que llenar las urnas.

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