“Amigas mías, no olvidéis que la mujer se ha de preocupar por su suerte, ha de leer los libros que enseñan y contienen las obras de libertad. Ha de asociarse con sus compañeras y hermanas para formar cátedras populares donde aprender a discutir”: en 1903 Teresa Claramunt (1862-1931), obrera, se rebeló contra el principio de autoridad que se arroga la sociedad patriarcal para subyugar a la mujer y hacerla, “subalterna del hombre, carne para su placer y obediencia para su tiranía”.

“Las virtudes femeninas que durante siglos se han cultivado en ella –pasividad, sumisión, dulzura-, se revelan enteramente superfluas, inservibles, perjudiciales. La severa realidad exige otras virtudes: actividad, firmeza, decisión, dureza, es decir, ‘virtudes’ que hasta hoy se han tenido por propiedad exclusiva del hombre”: Carmen de Burgos (1867-1932).

“Tenéis el derecho que os ha dado la ley, la ley que hicisteis vosotros, pero no tenéis el Derecho Natural, el Derecho fundamental que se basa en el respeto de todo ser humano, y lo que hacéis es detentar un poder; dejad que la mujer se manifieste y veréis cómo ese poder no podéis seguir detentándolo”: en 1931, Clara Campoamor (1888-1972).

“La pedagogía moderna está también de acuerdo en considerar a la coeducación (que no es lo mismo que construcción), como uno de sus postulados. El niño debe ser adaptado al mundo tal como es. Una de las principales fases de esta adaptación, de orden psico-sexual, es la adaptación al sexo opuesto. La coeducación es el único medio para llegar a ella”: en 1931, Regina Lago (1897-1966).

“La mujer nueva no puede llenar con el amor su existencia. Necesita buscarse y encontrarse a sí misma en variadas actividades, en la profesión elegida, en el estudio a que se ha consagrado, en el taller, en la fábrica y en la Universidad”: en 1932, Amparo Poch (1902-1968).

“Al conocer tan directamente la situación jurídica de la mujer dentro del Código Civil, me sentí tan humillada, que ninguna explicación ni histórica, ni jurídica, ni religiosa, ni humana podían convencerme de que yo exageraba”: en 2009, María Telo.

En Nueva York, el 25 de marzo de 1911 se incendia la fábrica de camisas Triangle Shirtwaist. 146 trabajadoras murieron a causa de las quemaduras provocadas por el fuego, la inhalación de humo o al saltar del edificio a la calle huyendo de las llamas.

La mayoría de las víctimas eran jóvenes mujeres inmigrantes de origen judío e italiano de entre dieciséis y veintitrés años de edad. La víctima más mayor tenía 48 años y la más joven 14 años.

La tragedia se debió a la imposibilidad de salir del edificio incendiado ya que los responsables de la fábrica de camisas habían cerrado todas las puertas de las escaleras y salidas, una práctica común, decían, para evitar robos y altercados.

Una semana antes del criminal suceso se había celebrado en Alemania, Austria, Suiza y Dinamarca, el primer Día Internacional de la Mujer Trabajadora.

 

(Los textos entrecomillados están tomados de un calendario editado por la Secretaría de Mujer e Igualdad de FeSP Ugt CyL. Nada personal, sindicalmente hablando).

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