El general chino Shun Tzu escribió durante la dinastía Han el famoso tratado de estrategia militar llamado El arte de la guerra, libro plagado de aforismos y frases lapidarias que junto a consejos estrictamente militares, contiene enseñanzas vitales de primer orden. El libro pronto sirvió de manual de guerra para afamados Daymios y Shogunes japonés. Incluso Mao Tseo Tung se inspiró en él para derrotar a la china nacionalista del general Chiang Kai-shek. En el libro I de aquel famoso tratado se contiene una máxima que indica que el general prudente siempre hace creer a su tropa que el enemigo está muy cerca, aun cuando en realidad no suponga peligro alguno. En este célebre aforismo se condensa toda la estrategia que Iván Redondo, consultor político y asesor del presidente Pedro Sánchez, ha aplicado en el diseño de la estrategia electoral que ha llevado al PSOE a cosechar uno de los mayores éxitos electorales de la marca socialista. Lejos de la mayoría absoluta, los 123 diputados conseguidos le permiten gobernar cómodamente, pudiendo apoyarse tanto a su derecha, C´s, como a su izquierda, Unidad Podemos, al mismo tiempo que haber conseguido el mayor desplome del centro y la derecha en España desde 1982, cuando la ya extinta UCD pasó de 168 a 2 escaños. Casi 37 años después el PP se encamina hacia su más que probable extinción a medio plazo, tras perder más de la mitad de sus escaños en el Congreso de los diputados. A dicha debacle han contribuido tanto la agresiva campaña de C`s contra los populares, como a la aparición de una fuerza política ultra conservadora como es VOX, beneficiaria de buena parte del voto anteriormente popular.

La fragmentación del voto de la derecha ha sido duramente penalizada por una Ley Electoral, que en circunscripciones con pequeña magnitud (pocos escaños en juego) tiende a primar al primer partido sobre representándolo en detrimento de los partidos con menos votos, que tienen muchas más dificultades para traducir sus votos en escaños, justo lo que le ha ocurrido a la coalición Unidas Podemos que ha perdido su escaño en Valladolid.

En estas horas se multiplican los análisis electorales y muchos de los analistas que ahora sacan pecho por el freno a la ultraderecha y que se congratulan por el triunfo de opciones progresistas, son aquellos que más contribuyeron a la sobredimensión del fenómeno VOX.

Ciertamente la profesión periodística está más precarizada que nunca, y ahora buena parte de los creadores de opinión hacen más las veces de sofistas al uso que de comunicadores comprometidos con la veracidad de sus opiniones. Otros preferimos decir la verdad, y ya alertamos de que VOX era una burbuja que no suponía una amenaza seria al consenso constitucional. Se da la extraña paradoja de que las fuerzas progresistas se han beneficiado de los diques de contención de la constitución de 1978 para alzarse con el poder en estas elecciones. La constitución de 1978 ,con su diseño de circunscripciones electorales pequeñas y la sobre representación de determinados territorios en detrimento de otros , ha permitido a partidos progresistas alzarse con el poder . Con una constitución tan rígida como la de 1978 y la aritmética parlamentaria salida de las urnas no cabe una reforma constitucional, sin embargo la clara mayoría progresista en el Congreso y la mayoría absoluta del PSOE en el Senado, sí que permitirá, por el contrario, elaborar una serie de leyes progresistas que ahonden en el carácter feminista del estado, la llamada transición ecológica y políticas sociales de amplio calado. Es decir acometer una mutación constitucional. Cambiar el espíritu del texto y no tanto su literalidad

Por otro lado el hundimiento del llamado bloque constitucionalista en el País Vasco y Cataluña supone la concesión de casi un cheque en blanco para Pedro Sánchez para hacer aquello que no se atrevió a reconocer en plena campaña electoral: negociar abiertamente con los partidos independentistas algún tipo de consulta política. Con un PP en el que no tardarán en surgir importantes disensiones y donde la fuga de dirigentes hacia otras formaciones es más que probable y un C’s que tendrá que virar, y ya van muchas veces, su discurso, se abre un periodo de enorme tranquilidad parlamentaria para un Sánchez en un estado de gracia. En periodo de casi dos años, el presidente ha pasado de estar amortizado en su propio partido a cosechar una clara y contundente victoria que supone un enorme respaldo a sus políticas.

El otro gran vencedor moral de la noche electoral ha sido la coalición Unidas Podemos, que una vez más ha dado la vuelta a unas encuestas que le pronosticaban unos muy malos resultados. La vuelta de Pablo Iglesias a la primera línea de la acción política, tras disfrutar de un permiso de paternidad, supuso un claro revulsivo para la formación morada que ha logrado remontar a las encuestas y colocarse en una posición envidiable para convertirse en socio de gobierno de Sánchez. El diseño de su campaña, basada en la exigencia de explorar todas las posibilidades sociales que permite un texto constitucional tan ambiguo y contradictorio como es la constitución de 1978 junto con la movilización del voto de izquierdas frente a la amenaza “ fascista” de VOX, han permitido al partido de Iglesias moderar notablemente una caída en escaños, inevitable tras algunas de sus disensiones internas y la extinción de las confluencias con partidos nacionalistas. Aunque a buen seguro las grandes empresas del IBEX presionarán en favor de un gobierno de coalición entre PSOE y C’s, pero la cercanía de las elecciones europeas, autonómicas y locales, junto con la indisimulada preferencia del partido naranja por sustituir al PP como aglutinador del voto de centro derecha, dificultarán mucho la posibilidad de que se configure un gobierno de centro izquierda.

Mención especial requiere el análisis de lo sucedido con VOX. Una vez más ha quedado patente que en este país las encuestas demoscópicas obedecen a intereses espurios, que no buscan tanto reflejar un estado de opinión, cuanto de condicionar el sentido del voto. La sobredimensión del fenómeno VOX obedecía al indisimulado objetivo de movilizar el voto útil entorno al PSOE, como garante último de la moderación y el consenso constitucional. Objetivo que se sólo se vio parcialmente en peligro tras la realización de los dos debates electorales que supusieron un renacer de Unidas Podemos y que mostraron algunas de las carencias del Presidente Sánchez. VOX pudo haber representado algún peligro real si hubiera optado por una estrategia más deicidamente nacional-populista, más transversal en su alcance y no tan netamente conservadora. Si VOX se hubiera erigido en un partido claramente anti-élites y hubiera moderado su programa económico, netamente neoliberal, en la línea del movimiento cinco estrellas italiano, hubiera podido movilizar buena parte del voto apolítico que existe en el país. Sin embargo optó por recuperar las esencias de la derecha más ultraconservadora, incluso buena parte de los discursos se asemejaron, más en la estética, que en el contenido a los discursos del ultraderechista, este sin ambages, Fuerza Nueva. Quien por cierto compartía con la formación de Santiago Abascal la tendencia a reventar aforos que luego no se traducían en escaños .En cualquier caso es muy probable que la formación verde aprenda de sus errores y sume voto de los caladeros populares en próximos comicios.

Una vez celebradas las elecciones generales se abren paso las nuevas citas electorales del final de Mayo que prometen ser incluso más interesantes. Está por ver qué sucede con las derechas, especialmente con el PP que podría perder prácticamente todos sus baluartes territoriales, empezando por Castilla-León, comunidad que gobierna desde 1987.

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