De tanto mirar para atrás, avanzando hacia el futuro reculando, no nos enteramos de lo que tenemos delante. Y delante tenemos una oportunidad para esta tierra desolada y para todos nosotros. La merecemos después de 30 años de gobierno de los populares. Por salubridad pública esta vez no deben gobernar. Democracia es alternancia. Por salud democrática esta vez no nos podemos dejar engañar. Tenemos una Administración Autonómica viciosa y viciada, clientelar y por supuesto corrupta. Muchos años manejando el cotarro, mucha ineficacia y mucha despoblación rural pero también, y grave, de nuestras ciudades. Mucho lodo y poco decoro. No tenemos niños y una parte importante de los que tenemos sufre pobreza infantil, la ordenación del territorio sigue pendiente, la desigualdad crece a pasos escalofriantes y Democracia es Igualdad. O cambiamos las maneras de hacer las cosas o realmente no tenemos futuro. ¿Somos un club de viejos incompetentes y necios? Vivamos conscientes de nuestro momento. Ni el aire será más limpio, ni funcionará mejor la sanidad pública y la educación pública, ni nuestros jóvenes tendrán oportunidades si cada uno no estamos dispuestos a aportar lo que nos corresponde. Y lo que nos corresponde ahora más que nunca es llenar las urnas de Castilla y León y decirle ¡basta ya! al PP. Y basta ya al delirio, las absurdas mentiras y el “atapuerquismo” de quienes nos amenazan con que vienen “los comunistas” del XIX, y nos quedamos sin PAC. La cantidad de sandeces que son capaces de contarnos es inconmensurable.

Ejerzamos de ciudadanos, de los de verdad. Aunque agradezco que ya no exista en esta época, la Ley de Solón (legislador creador de la ciudadanía ateniense) es muy oportuna. Solón pretendía que nadie fuera indiferente o insensible ante las cosas públicas y que en una situación de discordia el ciudadano estuviera forzado a decidir la mejor o más justa causa, o la menos injusta; cada ciudadano asume así una responsabilidad fundamental con la ciudad en vez de esperar tranquilamente que otros decidan. La Ley de Solón ordenaba que quien estando la ciudad en una situación de decisión no participara en defensa de alguna opción sería considerado sin honor, dejando por ello de formar parte de la ciudad. Lo que la ley pretendía era evitar la apatía cívica prescribiendo que si alguien no toma parte, no debe tener a su vez ninguna parte. La pena era grave y correspondía a un estado de proscripción en el que el condenado podía ser torturado o privado de sus bienes. Excesivo el castigo, pero como también es cierto que Solón tenía mucha razón al advertir del peligro de no comprometerse, de apartarse, hay que concluir que en estos casos, en estas elecciones del 26 M, lo que cívicamente procede es tomar partido.

Si lo que realmente queremos es cambiar las cosas no vale todo; no queremos, por buenas personas que sean, candidatos nombrados a dedo, sin primarias y sin programa como Miguel Holguín que vienen “a echar una mano al partido”, sino candidatos que vienen a echar una mano a esta tierra con soluciones para los problemas reales; si “los ciudadanos han votado progreso e izquierda” el 28A, como manifestaba el Secretario Autonómico de Podemos, es porque al menos en Valladolid hemos votado a Javier Izquierdo a una distancia sideral de Juanma del Olmo, otro dedazo podemita al que Valladolid se la traía al pairo. Pablo Fernández debería preguntarse, si su arrogancia se lo permite, por qué en Castilla y León Podemos no ha sacado un solo diputado; y de paso, “si es el momento de sumar” como también dice, por qué más de la mitad de su grupo de procuradores ya le dijo a media   legislatura “que con tu pan te lo comas” ; o por qué con manifiesta deslealtad a los suyos y a otras fuerzas y movimientos ciudadanos y de izquierda, impide una candidatura única a la izquierda del PSOE, fraccionando un voto decisivo para echar de una vez al PP de las instituciones de Castilla y León. Parece que no solo Casado y Mañueco son capaces de decir a la vez una cosa y la contraria. En Castilla y León no podemos confiar en que Podemos catalice “el anhelo de transformación social” porque aquí la formación morada ha sido desde sus orígenes una gran estafa. Aquí no podemos votar Podemos porque nos lo impiden sus candidatos, y un “aparato” que en realidad es un “artefacto” que ha dejado en papel mojado todas las expectativas que se generaron tras el 15 M. La marca Podemos no puede servir para caer en el engaño de los que se esconden tras ella sin aportar nada de nada, y en realidad son unos irresponsables que hacen campaña falaz junto a Pilar del Olmo, no sólo para soterrar las vías (que ninguno de los dos sabe cómo) sino para soterrar toda esperanza de cambio. Su oferta está tan vacía como sus Círculos. Dicen, por ejemplo, que no quieren que la derecha vuelva a gobernar en este Ayuntamiento, y, sin embargo, su único eslogan declarado es muy de derechas: busca recoger el voto de los ciudadanos «encabronados» con el Gobierno municipal de PSOE y VTLP. El mejor gobierno de esta ciudad en los últimos 25 años. Se atreven a decir, en mi opinión con total indecencia, que hace 4 años no sabíamos lo que votábamos, y que ellos, que han rechazado hablar con 7 colectivos o movimientos sociales de la ciudad sobre la integración ferroviaria, exactamente igual que Carnero sobre la gestión de residuos de la provincia, son los que van a devolver las decisiones de la ciudad a los ciudadanos. Ellos, que no han permitido que las decisiones de Podemos aquí las tomen sus afiliados, sustituyéndolos “por una decisión política”. Hay gente estupenda en Podemos, lo triste, muy triste, es que aquí Pablo Fernández y su Secretario de Organización, con adláteres sobrevenidos como Israel Álvarez Calzada, quien durante meses nos ha tomado el pelo, se han montado un chiringuito que inspira de todo menos confianza, y ninguna credibilidad. Si hubiera responsabilidad política de izquierdas y una voluntad de servicio más explícita, y de verdad las personas fueramos lo primero, la candidatura de Podemos Valladolid no debería existir. Su irrupción es el mayor riesgo de involución.

Ahora, por fin, que ya era hora, tenemos auténticas alternativas: al Gobierno Regional Sarrión y Tudanca y al Gobierno Municipal Óscar Puente y Manolo Saravia. Por una vez ejerzamos de ciudadanos responsables, no dejemos que nuestro voto se vaya por las alcantarillas poniendo en riesgo, en grave riesgo, la extraordinaria oportunidad de consolidar un gobierno municipal de progreso y de izquierdas, que por fin nos ha metido en el siglo XXI, y conseguir un Gobierno Regional que no aspire a ocupar un sitio al lado de Lucy en el Museo de la Evolución de Burgos, y a convertir a los castellanos y leoneses en una especie en riesgo de extinción. El 26 de mayo tenemos que llenar las urnas a la salud de todos nosotros.

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