Montevideo, ciudad de emigraciones, tiene una calle dedicada a Valladolid que merece la pena recorrer. Valladolid comienza en la Avda. Luis Alberto de Herrera, que lleva el nombre de un político uruguayo de los años cuarenta que se afilió a Falange Española nada más comenzar la guerra civil, fue a visitar a Franco e hizo arraigar el germen de la derecha fascista en el Río de la Plata. Y Valladolid termina en Jaime Roldós, una vía dedicada a un maestro español progresista que se vino al Río de la Plata a fines del siglo XIX y que fue instrumental en la creación del sistema público de educación uruguayo, laico e inclusivo y que aún perdura un siglo después como símbolo de la democracia más desarrollada del continente.

La calle Valladolid se mueve entre extremos y no puedo evitar pensar, pedaleando hacia mi trabajo, que es una metáfora bastante adecuada para la Valladolid real, la que está a 14.000 kilómetros de distancia, la ciudad de la que me fui hace seis años y por la que me presento como el último de la fila por Podemos. Tenemos la Valladolid que lleva el sambenito de “Fachadolid”, la ciudad conservadora que dio 20 años de mayorías absolutas a un señor como León de la Riva, la urbe que se hizo grande gracias a la inmigración interna pero que le da un diputado a un partido abiertamente xenófobo como Vox. Y tenemos la Valladolid que en la transición fue escenario de enormes movilizaciones populares por la democracia, cuya universidad fue la única que cerró el franquismo o que vio en sus plazas un 15-M combativo y duradero. Como con el clima, la temperatura política de nuestra ciudad tiende siempre hacia los extremos, hacia Luis Alberto de Herrera o hacia Jaime Roldós.

Ahora toca dejar las metáforas y pasar al mundo real: si se repiten los resultados de las elecciones generales, el próximo ayuntamiento de nuestra ciudad será el más conservador desde 1977. PP y Ciudadanos, en plena competición virtuosa por ver quien consigue dejar como figura política moderada a Blas Piñar, buscarán, aceptarán y celebrarán el apoyo de Vox. En ese escenario, el invierno democrático que nos espera hará sufrir a mucha gente y se cebará con los colectivos más expuestos a la ola reaccionaria que cabalga el trifachito: mujeres, migrantes, jóvenes, personas con escasos recursos. Es algo que hay que evitar a toda costa.

La única opción realista es una reedición de la alianza de centroizquierda que ha gestionado el Ayuntamiento desde 2015. Y aquí se abre un paréntesis para que cada cual pueda poner, todos los peros que quiera. Los míos pasan por la escasa talla política de Óscar Puente o el absoluto desastre que ha supuesto la experiencia de Si Se Puede a varios niveles, destacando en las consecuencias organizativas para Podemos Valladolid y el sufrimiento que ha generado en un montón de gente imprescindible. Sin embargo, por muchos “peros” que podamos encontrar, no hay color entre lo que puede hacer un tripartito de centro izquierda (me niego a incluir al PSOE en esta última categoría) y el espectáculo inenarrable que nos daría la suma de Partido Popular, Ciudadanos y Vox.

Ahora toca empujar para lograr un buen resultado por partida doble: por un lado, como ya he apuntado, impedir que la ola reaccionara tome Valladolid. Por otro, disminuir en lo posible el peso del PSOE y condicionar su previsible mini-mayoría con alternativas fuertes a su izquierda que venzan las inercias acomodaticias tan propias de la pata izquierda del fallecido bipartidismo. Para ello hay dos opciones: Valladolid Toma La Palabra o Podemos Valladolid y puedo volver a abrir paréntesis para que quien quiera discutir si hubiera sido mejor ir en confluencia pueda hacerlo, pero el hecho es que estamos a día 21 de mayo y tenemos dos partidos que van por separado: baño de realidad, que se llama.

VTLP lo ha hecho bien; Manuel Saravia es un tipo sólido y María Sánchez es una excelente representante política, trabajadora y coherente. Nadie con dos dedos de frente puede, desde posiciones de izquierda (o de abajo) considerarlos oponentes. Yo, desde luego, no lo hago. Pero VTLP tiene un núcleo de votantes fiel y movilizado, que viene desde Izquierda Unida, potenciado por la visibilidad y continuidad que han tenido estos últimos cuatro años. A quien tenemos que poner en marcha (electoral) es a las personas que responden a la marca Podemos pero que se han quedado sin referentes locales claros. Y no hace falta que sea por amor al partido, a Pablo Iglesias o al color morado porque el hecho es que si Podemos Valladolid no suma nos esperan, repito, cuatro años como los que esta ciudad no ha visto desde antes de 1975. Y Podemos Valladolid -a pesar de todas las turbulencias propias de una organización que ha tenido que reconstruirse desde cero- presenta un buen cartel: Miguel Holguín, Verónica Mellado y el resto de compas son personas capaces y dignas que harán un buen papel en el Ayuntamiento y que tienen detrás un partido que, hoy por hoy, es la mejor opción para cambiar la realidad de nuestro país.

El Río de la Plata, está demostrado, profundiza ciertas tendencias expresivas (como, por ejemplo, la extensión de los artículos), así que voy terminando. El domingo elegimos si Valladolid termina en Luis Alberto de Herrera o, en cambio, profundiza en Jaime Roldós, si va a la extrema derecha o continúa explorando un camino hacia la izquierda. Es hora de medir muy bien con qué y con quién nos indignamos, de evaluar a qué le dedicamos nuestras fuerzas, de decidir por qué nos ofendemos o dónde ponemos líneas rojas. Es hora, al menos en mi opinión, de mirar hacia adelante y mojarse, así que heme aquí, en un 27° puesto, animándoles a votar a un partido que a veces no se lo ha puesto fácil a sí mismo o a sus votantes pero que ahora mismo -tanto desde una perspectiva estratégica a nivel nacional como desde una lectura local- es imprescindible para garantizarnos un futuro mejor: nos vemos en las urnas.

1 comentario

  1. Que sí, que muy bien, pero no dices toda la verdad, bien porque no la conoces bien porque la callas.
    Podemos Valladolid se ha reconstruido, sí, pero muy mal, copiando los peores vicios que ya muestra desde hace tiempo la organización a nivel regional: secretismo, sectarismo, falta de democracia y pluralidad, cohorte de palmeros y palmeras para quienes todo lo que hace el líder siempre es correcto, para así conseguir un sueldito o para mantener el que ya se tiene.
    Es más que evidente que tanto el señor Israel, como Verónica, copiando las artimañas de Autonómico, se inscribieron en todas las primarias con el único objetivo de copar todos los cargos para que no se colara nadie que no debía, y ya luego si eso se borraban de los que no interesase o bien en los que el tercero o tercera en cuestión sí fuera de su agrado (este mamoneo debería prohibirse en estatutos). Pero esta jugada les salió rana en la lista para las municipales en Valladolid, cuando el que querían que fuera como cabeza de lista los inscritos le colocan en el puesto 5. Las cuentas ahí no salen y ¿cómo lo solventan? Saltándose las primarias argumentando un ficticio error informático para pasar por encima de otra candidata que, con razón, se niega a este atropello. Qué hace Podemos Valladolid? Llama a Autonómico para que amenace a esta mujer, Laura Domínguez se presta a tal labor, y refrende la trampa.
    De verdad que son de fiar tanto la dirección local que hace un pucherazo lamentable como la autonómica que lo refrenda? Un CCM y un CCA en minoría que no valen para nada pues las decisiones las toman 4 y a puerta cerrada? Es esta la nueva política que algunas queríamos? Qué cambio garantiza esta manera de actuar si no es hacia el caciquismo de los partidos viejos?
    VTLP ha ejercido una labor de gobierno municipal encomiable. Las iniciativas más decentes y dignas de estos cuatro años llevan su firma: remunicipalizacion del agua, presupuestos participativos... Es decir, lo mismo que pide Podemos (servicios municipales y dar opinión a la ciudadanía). Entonces por qué no se ha ido juntos? Por los sillones, es así de claro y sencillo. Podemos no podía soportar que en Valladolid fuera VTLP quien liderara la coalición u ocupara los primeros puestos. Pero es que está Cup ha gestionado cuatro años muy bien, y quizás se lo ha ganado. Podemos debería tener menos soberbia y más aún en un municipio en el que ha sido un desastre desde el principio, a todos los niveles.
    Si esta es la manera de empezar de cero quizás en un tiempo se esté en números rojos, solo hay que ver el número de voluntarias actuales con las que había en 2015. El que avisa no es traidor. Un saludo.

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