Escúchame bien, imbécil. Si el tesoro tiene importancia, entonces la vida humana no la tiene. Eso está claro. Todos los que piensan como tú deben admitir este razonamiento y considerar que su vida no vale nada, ya que para ellos el dinero lo es todo. Entretanto, yo he decidido ser lógico, y, como tengo el poder, veréis lo que va a costaros la lógica. Exterminaré a los contradictores y a las contradicciones. Si es necesario, empezaré por ti.

Calígula. Albert Camus

 

La democracia liberal y representativa en ningún caso debe ser llamada democracia, puesto que es un sistema de oligarquía de partidos que se deben a su amo, el poder económico.

17 de junio de 1972, 02:30 horas, cinco hombres son sorprendidos tratando de robar en el edificio Watergate, donde tenía su sede el Comité Nacional del Partido Demócrata. Uno de los hombres aseguró que trabajaba para la CIA.

19 de junio de 1972, según reportes del diario “The Washington Post”, un agente de seguridad del GOP, grupo de seguridad del Comité Republicano de Nixon, figura entre los arrestados en el edificio Watergate.

1 de agosto de 1972, otro reporte del “The Washington Post” revela que en la cuenta personal de uno de los detenidos apareció un cheque de 25 mil dólares, y que se sospechaba iba destinado a financiar la campaña de Nixon.

29 de septiembre de 1972, el Post sorprende a todo el país al denunciar que Jhon Mitchell, cuya profesión era la de abogado, mantenía el control de un fondo secreto del partido republicano para financiar operaciones de inteligencia contra los demócratas.

10 de octubre de 1972, agentes del FBI concluyen que el asalto del Watergate es parte de una campaña masiva de espionaje político y sabotaje con un claro objetivo, la reelección de Richard Nixon.

24 de julio de 1974, la Corte Suprema, por unanimidad, ordena que Nixon deberá entregar las grabaciones de 64 conversaciones registradas en la Casa Blanca.

8 de agosto de 1974, Richard Nixon, ante millones de telespectadores, presenta su renuncia como Presidente de los Estados Unidos.

En resumidas cuentas, éste es solo un ejemplo más del trágico fiasco, la mascarada intencionada y perversa, que resultó ser la democracia y el “sueño americano”. Así lo describió Jhon Steinbeck en su crónica social, su descripción descarnada de la pesadilla americana “Las uvas de la ira”, millones de personas vagando por el medio oeste en busca de un mendrugo de pan, exhaustas, agónicas, y con el fracaso de todo un sistema volcado sobre sus ya de por sí dolientes espaldas.

En cuanto a nuestro país, existe la sospecha, cuando no la seguridad, por estar sobradamente acreditado, que se han comercializado y vendido armas a países donde los derechos humanos son una quimera, como lo son Israel y Arabia Saudita, muy dados a considerar a otras razas, inferiores o con menos derecho a la vida. Países que hostigan permanentemente a minorías, donde las torturas y los abusos de poder están a la orden del día.

Ante esto, cabría preguntarse como un país que se califica a sí mismo de democracia parlamentaria y que se supone ha suscrito la declaración universal de los Derechos Humanos, se atreva en cambio a pasar por encima de cualquiera de estos preceptos jurídicos y morales teniendo en cuenta únicamente criterios comerciales.

¿Quién ordena tales vectores políticos?, ¿qué empresas se lucran de ello?, ¿por qué permanecen en la opacidad informativa?,¿por qué razón organismos a los que se les presupone una estructura democrática y unos valores humanistas como la Unión Europea, no sanciona a estados genocidas como el de Israel?.

Los judíos son un pueblo culto, honesto, de una inteligencia prodigiosa, sufrido y sufriente, a mi entender, injustamente perseguido, porque no olvidemos nunca que una cosa es el judaísmo y otra muy distinta, el sionismo. No me gustan los antisemitas ni el antisemitismo, creo que padecen una enfermedad larvada durante demasiado tiempo, y no es otra, que la envidia asociada a la ignorancia.

Pero abundando más aún en lo corcerniente a España, ¿cómo puede ser posible que en un país como el nuestro, que se dice estado de derecho democrático y social, suframos a día de hoy unas condiciones laborales tercermundistas impropias de un nación avanzada, europea y constitucionalista?, ¿quién puede entender que en una empresa del sector del metal, cuyo nombre voy a omitir, una de sus trabajadoras, ante el hostigamiento y las insidias de sus compañeros, reclame desesperadamente ayuda, y la dirección de la empresa no abra inmediatamente un protocolo de acoso, aduciendo que se trata de un problema personal?. El caso es que el resultado final, como no podía ser de otra manera, fue el suicidio de esa trabajadora.

¿A quién se le aplica el estado de derecho, a quienes protege, solo a la clase financiera y empresarial ,o en algún despiste se dignarían siquiera a hacerlo extensivo al resto de la población?, ¿ por qué razón un estado democrático les permite cometer tales aberraciones con aparentemente tanta facilidad?.

Si yo les contara lo que ocurre en las tripas de un sector como el telemárketing, y ahora hablaré en tono coloquial, fliparían, alucinarían y no se lo creerían, pensarían ustedes que les estoy hablando no de España, sino de Guinea Conakry, con todo el respeto a esa pobre gente, que ni mucho menos son culpables del saqueo inmesiricorde al que el colonialismo europeo les sometiera en su momento, y al que siguen siendo sometidos.

Capítulo aparte merecería la que antes mencionara Unión Europea. Sabían ustedes que en Bruselas, junto a los eurodiputados, despacho con despacho, conviven del orden de 20000 a 30000 lobistas, y que se dedican a reunirse con los primeros, para presionarles y conseguir que sus decisiones les favorezcan. Todas las grandes corporaciones pagan pingües cantidades de dinero a sus lobistas para que defiendas sus intereses, corporaciones como Monsanto, fabricante de un herbicida cuyo ingrediente principal es el glifosato,que fue considerado por la OMS como altamente cancerígeno.

He considerado oportuno escoger estos dos ejemplos, el de Estados Unidos, aclamada como una de las democracias más antiguas y estables, y el de España, de reciente instauración, apenas 44 años vista. Dos casos paradigmáticos de lo que hoy en día se entiende como democracia a un lado y otro del Atlántico. Sin embargo,- sus corruptelas, gerontocracias, oligarquías, aristocracias funcionariales, las financiaciones de campañas electorales por parte de grandes corporaciones económicas, sus actividades conspiranoicas, las sempiternas sombras de monopolios, oligopolios, multinacionales, transnacionales, poderes mediáticos, inmobiliarios, monetaristas, financieros....el laissez faire de toda esta turba de inmorales mercaderes-; lastran cualquier legitimidad y presunción democrática de tales sistemas, de semejantes estados y formas de gobierno representativo.

Sí los políticos y los actuales cargos electos que han usurpado y prostituido la democracia quisieran, el poder del pueblo y la democracia podrían ser fácilmente restablecidos, a través de las nuevas tecnologías se conseguiría algo muy semejante a lo existente en la Atenas clásica, el poder efectivo del pueblo, sin partidos, sin intermediarios, sin clientelismos ni vasallajes a los poderes ocultistas de la economía o las finanzas.

Demokratía, gobierno popular, demos “pueblo, y krateîn “gobernar; ésta es la etimología del término democracia, éste significado, sentido, espíritu, contenido, ideal y praxis, es lo que desde hace demasiado tiempo ya, nos han arrebatado.

Según los grandes pensadores de la Grecia clásica, como lo fueran Sócrates, Platón y Solón, la democracia debe ser el receptáculo de los grandes ideales del hombre, el catalizador de sus aspiraciones y esperanzas. El gobierno debe ser dirigido y tutelado por los más sabios y virtuosos, entre los que se encontrarían los filósofos y los poetas, pudiendo ser revocados en cualquier momento, participando de él todos y cada uno de los ciudadanos

«A no ser que los filósofos sean los reyes en los Estados o los que actualmente llamados reyes y soberanos sean filósofos en verdad y con suficiencia, y no se vea unida una cosa a otra, el poder político y la filosofía, y a no ser que una ley rigurosa aleje de los asuntos públicos a esa multitud de individuos a los que sus talentos les llevan exclusivamente a una u otra, no habrá remedio, querido Glaucón, ni para los males que devastan los Estados ni incluso, creo yo, para los del género humano». (LA REPÚBLICA. Platón: Necesidad de un Rey Filósofo).

 

Los representantes políticos de la democracia liberal y representativa son la viva personificación del anti-idealismo, los partidos políticos son estructuras víricas y nocivas para el idealismo o cualquier intento de utopismo, estructuras que con frecuencia se convierten en alienantes y autoritarias. Las burocracias sindicales y las oligarquías partidistas son inamovibles y gerontocráticos bloques de hormigón dedicadas a sofocar cualquier vestigio de idealismo que se pueda dar entre sus filas, controlan y tutelan las reivindicaciones sociales reduciéndolas a mesas de negociación donde la traición posee carta de naturaleza.

Alguien dijo una vez que en la vida tan solo existían dos tipos de personas, las que están ungidas por el espíritu poético, es decir, por el afán de justicia universal, igualdad, fraternidad, onírica voluntad de felicidad y del establecimiento de una verdadera democracia; y por otro lado, las filisteas, vulgares, anodinos funcionarios, personas grises, hombres de negro que viven a ras de tierra como las ratas o los reptiles, infames adoradores de dioses materialistas, conspiradores distópicos con falsos discursos, expertos desalentadores e inicuos manipuladores con un único objetivo, instaurar en todos los hombres la creencia de que no hay alternativa, que nada se puede hacer para recuperar la dignidad perdida y el esplendor de la naturaleza. Yo les garantizó que estos últimos mienten, y que un ecosocialismo humanista terminará por imponerse, pese a las trabas, los obstáculos y el odio al que pretenden conducirnos.

Es evidente que el capitalismo es un sistema económico y político que es incompatible con la democracia, que excluye a cada vez a más personas del ámbito de la vida porque los seres humanos le sobran, y sobre todo, que se fundamenta sobre el ejercicio de una gran violencia, una extrema violencia, diría yo.

Es urgente pues, el establecimiento de un nuevo paradigma político, la instauración de un pensamiento contrahegemónico capaz de suscitar en todas las naciones un grito de libertad, de la verdadera libertad, y que el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo no desaparezca jamás de la Tierra.

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