Como bien ha indicado José Miguel Gándara en su último post ha llegado el momento de poner fin a este diálogo entre ambos sobre dos figuras capitales de la revolución francesa como fueron Danton y Robespierre. La idea de desarrollar este diálogo-debate surgió de una iniciativa de José Miguel. Se pretendía contraponer dos maneras, para algunos antitéticas, de entender lo que fue la revolución francesa. José Miguel me propuso aceptar el reto de relizar una apología sobre la figura de Danton, él se reservó la prerrogativa de defender al incorruptible Robespierre. También se buscaba dotar al diálogo de la máxima actualidad posible, de ahí que tanto él como yo intentamos destacar la actualidad del pensamiento jacobino y de Robespierre para enlazarlo con algunas de las controversias que han sacudido esa tradición política conocida como izquierda.

Leo con sorpresa que José Miguel ha calificado nuestra conversación de Tabernaria. No puedo coincidir con esa apreciación. No creo haber faltado el respeto a nadie y me he cuidado muy mucho, cuando he hecho uso de la ironía, de no referirme a partidos políticos, siglas o políticos concretos, precisamente para evitar eso. Nuestro diálogo ha sido, por lo menos en mi caso, un ejercicio de esgrima dialéctico que ha buscasdo en cualquier caso “ enganchar” al posible lector o lectora con cierta polémica, siempre respetuosa. No me he sentido zaherido por José Miguel en ningún caso y he entendido sus alusiones a mi persona siempre como un intento de enlazar la polémica Robespierre- Danton con la actualidad.

En lo personal siempre he mantenido un gran respeto intelectual y literario por José Miguel Gándara, al que he leído en muchas de sus columnas y con el que he compartido muchas conversaciones sobre temáticas políticas. He revisado concienzudamente nuestra correspondencia epistolar y no encuentro nada que sea tabernario, zafio o especialmente hiriente. De hecho creo que ambos somos de los blogeros más comedidos y contrarios a polémicas estériles que se pueden leer en ultimocero. Todos los estilos son respetables pero no creo, mi querido José Miguel, que nuestro diálogo haya sido tabernario. Ha sido apasionado, intenso, como intenso fue el devenir de los acontecimientos revolucionarios que hemos glosado en nuestra “artificial polémica”

Lo que me gustaría sin duda es que este pequeño repaso de uno de los momentos más interesantes de la historia política sirviera para alentar la lectura de monografias, artículos mucho más profundos e interesantes sobre la reolución francesa o los debates relativos al post-marxismo. Que el lector o lectora se sintiera interesado en descubir por si mismo más cosas sobre Robespierre, Marat, Danton, y profundizar leyendo las magníficas monografias de Mathiez, Peter McPhee, Demetrio Castro, Javier García Sánchez, Slavoj Zizek y otros autores que han centrado su mirada en analizar las figuras históricas a las que nos hemos referido en nuestro diálogo.

Por último me gustaría hacer una reflexión de fondo. Una de las señas de identidad de la izquierda ha sido su defensa de la idea de la tolerancia. Una idea que lleva a multitud de grupos políticos, artístas y movimientos sociales a pedir, creo que con razón, que no se criminalice el humor, la sátira, la discrepancia e incluso hasta el mal gusto. Creo que se pierde la legitimidad para pedir estas cosas cuando no se está uno mismo dispuesto a ser “víctima” de aquellas manifestaciones de opinión cuya máxima libertad se dice defender. Por otro lado no todos tenemos que pensar lo mismo. Hay sensibilidades más libertarias, otras más socialistas, otras más nacionalistas e incluso más “críticas”. Yo sólo he defendido una mirada alternativa que lamentablemente está cada día más en desuso.

Respeto y comparto muchas de las apreciaciones de José Miguel sobre la Justicia social y sobre su homenaje a la comunera Doris Benegas, cuya labor como activista en favor de los derechos humanos y la justicia social respeto y admiro. No pienso en muchas cosas como ella (algo que a nadie que me conozca debería sorprender pues ya lo he expresado en alguna que en otra ocasión) pero precisamente en la divergencia de criterios radica la grandeza de la democracia. Adjetivar dicha forma de gobierno no deja de ser una forma de sustraer al demos de su poder soberano. En cualquier caso nadie es infalible, yo mucho menos, y está en posesión de la verdad absoluta, Reclamo una escala de grises frente al monolitismo del pensamiento único.

Quisiera terminar con una frase de Voltaire que dice lo siguiente:

Todos estamos llenos de debilidades y errores; perdonémonos recíprocamente nuestras tonterías: es ésta la primera ley de la Naturaleza”

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