Empieza un nuevo curso; por la tarde, las plazas se vuelven a llenar de niños y niñas, después de que hayan hecho sus deberes, más o menos. Niños de verdad. Los que no son de verdad también van a empezar un nuevo curso, esos niños son llamados líderes de partidos políticos y el nuevo curso para ellos se llama elecciones. Su oportunidad de ser mayores.

PePe Casado no puede ocultar su niñez, lo intenta poniéndose una barba con el resultado de que nadie le reconoce. Riverita cree que si piensa con fuerza que no es un niño se convertirá automáticamente en mayor, pero cuando se pone a hablar todos ven a un niño, un niño mimado.

El infante Sánchez ve ventajas en que se le vea como un niño, así se gana la compasión de sus profesores y profesoras; con sus compañeros/as juega esa baza, pero también la de mostrarse como un niño ‘ejemplar’, a algunos convence –parece taaaan responsable, mayor… y es majo ¿no?-, a otros no –bobo-, pero sale elegido delegado de la clase. Lo cual le hace sentirse por encima.

Estos tres niños lideran otro nuevo curso. Hay otros, dos o tres, niños en la clase que se sienten mayores, son los repetidores y/o los matones. Tienen que hacerse notar para que les consideren niños los niños que están con ellos. xoV.

Estos niños no pueden evitar mirar a los mayores de verdad, hay más clases en la escuela. Hay uno al que no quieren mirar, pero es inevitable porque destaca entre los demás mayores: lleva el pelo largo, y en la escuela nadie lleva el pelo largo. No es su modelo y les provoca reacciones, ninguna favorable. Se llama Pablo Iglesias y es un adolescente (estos niños prefieren fijarse en adolescentes como Íñigo, que parece un niño, pero ellos serán mejores mayores que él).

Los niños creen que su mundo es el único que existe. Y se preparan para que sea el único que exista, ya como mayores, porque los que ahora son mayores dejarán de existir (se irán de la escuela; saben dónde irán –tra/ba/jo-, salvo el melenas ¿dónde?, algunos se tapan los ojos con las manos y dicen, “no te veo”).

Viendo los líderes políticos de los partidos españoles actuales es ver lo que ha bajado el nivel de la política (de partidos) desde que, como se dice, se instauró la democracia en este país. Sólo el de Podemos tiene un cierto nivel, se le nota cuando habla. Pero al jugar en el patio de los niños…

Sánchez acude a la Sexta TV, una vez anunciadas nuevas elecciones, para ser entrevistado por el periodista, el jefe, Ferreras. Toca mostrar su lado de político; después de la investidura fallida escogió tele5 para mostrar su faceta victimista, la que le ha llevado a donde está como presidente en funciones del gobierno español y secretario general de su partido. Toca la Sexta porque es la cadena de la política, sin dejar el papel de víctima (ser víctima en la sociedad actual es ser querido, creído, respetado, perdonado; víctimas no son los migrantes refugiados lgtbi o las Pilar Manjón, muerden la mano que les da de comer, no se resignan).

La cara de Ferreras en la entrevista. Era la del periodista objetivo, esa fantasía que tienen los periodistas por eso de los he-chos; pero era también la de estoy ante un tipo que es… un niño (y no de los que juegan en la plaza después de la escuela).

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