El 1 de octubre del 2019 en la entrega del premio Ángel Santaolaya de los derechos sexuales y reproductivos al Dr Santaolaya, (qué mejor manera de empezar, escuchando las emotivas intervenciones y escuchando la guitarra tocada por el Profesor Giraldez) yo me iba al año 1984 cuando recién licenciado en medicina y preparando el MIR me entero que en el Ayuntamiento buscaban médicos dispuestos a trabajar en un proyecto extraño.

La llamada demostrando interés en participar fue seguida de una entrevista con el concejal. Sabía su historia en la Facultad en el departamento de ginecología con ciertos colegas que posteriormente también tuvieron relevancia política y que de alguna manera influyeron con muy malas formas en el trato que se le había otorgado.
Aquella entrevista me descubrió un camino que desconocía: “Quiero que hagáis un diagnóstico, pero no de un paciente, sino de una ciudad, de Valladolid, un diagnóstico de salud de la ciudad de Valladolid. Mañana empezamos”.

No recuerdo bien de qué parte del trabajo me encargué, pero sí recuerdo bien las reuniones de coordinación, Ángel, Juanjo Fernández, Miguel Sancho eran los encargados de ensamblar los escritos que íbamos haciendo. En aquel momento no era consciente del valor que podía tener lo que estábamos haciendo. Los tres citados anteriormente lo sabían. Era el primer paso para la planificación, hacer un buen diagnóstico, y eso es lo que hicimos, un buen diagnóstico de salud de la ciudad de Valladolid, publicado en 1985.

Lo que vino después no lo voy a referir en este escrito ahora: ejercicio de la medicina, responsabilidades en sociedades científicas, Colegio de Médicos, acompañar a Óscar Puente en la lista del Partido Socialista al Ayuntamiento de Valladolid y ... después del 15 de junio llegar a la Casa del Barco y acordarme de aquel despacho, de aquella entrevista, de aquella gente que ahora vuelven a ser mis compañeros, 35 años después.

En ese tiempo conocí los pormayores de las cosas que afectaban al Dr. Santaolaya, su trabajo tranquilo, sin alharacas en favor de las mujeres. Amigos ginecólogos me contaban su elegante manera de proceder. Muchas de mis pacientes acudían a su consulta, sus informes desprendían educación, compañerismo y respeto además de un correctisimo proceder clinico y además, por si fuera poco lo anterior, su compromiso político en la defensa tranquila y muy efectiva de los derechos de la mujer en cuanto a su salud sexual y reproductiva, todo ello, desde mi punto de vista, con la más absoluta normalidad a pesar de las críticas, y más que críticas, recibidas a lo largo de estos años.

Cuando desde el Colegio de Médicos le llamaba para atender a los medios de comunicación para algún asunto, a veces no sencillo, siempre demostró absoluta disponibilidad para atender al periodista fuera del medio que fuera.

Cuando, pasadas las elecciones, Óscar Puente me encarga la Concejalía de Salud Pública y Seguridad Ciudadana siento un gran peso y una gran responsabilidad, aún mayor pensando en la grandeza de las personas que me han precedido, el primero Ángel Santaolaya, después María Luisa Del Valle y Guillermo Diez.

Pero, vuelvo al 1 de octubre y pienso en lo que todos debemos al Dr Ángel Santaolaya. No es académico, no es profesor de la Facultad, pero es un referente en la atención ginecológica a las mujeres de Valladolid, ginecologo respetado por sus colegas y querido por sus pacientes.

¡Qué más se puede pedir!

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