¡Oh bella y loca fortuna con que endulza mi calvario el ajenjo visionario de la Luna!

El caballero de la muerte. E. Carrere

Creo estar en condiciones de asegurar, que éste es uno de los libros más divertidos que habré leído en mi vida.

En un formato diccionario, va realizando un repaso, entrada por entrada, de todos los autores, diarios, obras, apologías y chascarrillos de la fauna literaria y bohemia del siglo XIX español.

Los escritores bohemios, la bohemia en general, son los grandes perdedores, lo hilarante, la viva parodia de una España repleta de desheredados, desdichada, que hiede por la gran cantidad de seres y personajes desahuciados, lamedores de colillas, pervertidos cuerpos funcionariales, niños hospicianos y esperpentos de toda clase y condición.

La España mojigata, la del carámbano que colgaba de las aletas nasales de grandes masas empobrecidas, atrasada por la ineptitud de lustros, de decenas, de cientos de años de gobiernos y administraciones catetas, monarquías absolutistas y de bragueta, conciliábulos curiles, pronunciamientos militares y fascismos castrantes de la peor especie.

Los bohemios se convirtieron en el reflejo paródico de la insulsez del sistema y las formas de vida que polarizaban a la sociedad, respondiendo a la barbarie del desgobierno con barbarismos literarios, con exabruptos vitales, descojonándose literalmente, en sus mismas fauces, de los valores predominantes del momento, del concepto de nación, de la patria, del orden, de la putrefacta estructura social en definitiva. Una sociedad, como no, abarrotada de gentes mierdosas y enmierdadas, mansurronas, paniaguadas y colaboracionistas, habiendo asumido éstas, como si fuera propio, el ideario de las clases altas. La España de ayer, la España de hoy.

Abel de la Cruz, Alejandro Sawa, Dorio de Gádex, y otros muchos, entre los bohemios, recorrían las calles de un Madrid caotizado y parroquiano, como si éste fuera un mar nocturno claveteado de sombras con ángulos, aún más oscuros si cabe. Cuando alguien se atrevía,- sobre todo desde los desvanes del periodismo apesebrado,- a exigirles que guardarán un respeto, una consideración, a la patria o a la nación española, ellos respondían raudos, manifestando que llevaban a la patria en sálvese que parte, es decir, una patria de glande y escroto.

Hasta ese punto, estaban convencidos de que el concepto “nación” es un esputo inventado por las burguesías para favorecer sus intereses particulares, y de esa manera, poder mantener privilegios injustificables, implausibles se miren como se miren.

España, para la mente gamberra pero extraordinariamente lúcida de los bohemios, se podría encuadrar entre los países donde ingentes cantidades de individuos, creen ser algo o alguien por el mero hecho de personificar la figura del mamporrero de otros trabajadores, de cobrar un ridículo salario de lamenalgas, cuando en realidad, no pasan de ser unos pobres diablos disfrazados de fantoches y erigidos en putos y putas del patrón de turno. Insignes patriotas éstos, que por el contrario, detestan la cultura, la sensibilidad y el talento por sistema, deseando que todos nos igualemos, nos nivelemos a la altura del excremento y la vaciedad, oh, benditillos patriotas de mierda!!!, un país de paletos intelectuales y ordinariones condenados a vagar por el limbo de los tiempos.

Los bohemios, perseverantes, se preguntaban si sus conciudadanos vivían de verdad, o si eran tan simples, que se limitaban a una mera existencia, estreñida, y de estrechura.

Cuando las personas se aburguesan, pierden el sentido de la realidad, se acogotan, su mirada se torna miope, su perspectiva falaz, se metamorfosean en pequeños monstruitos con garras de fósforo, en resumen, pierden el control de lo que nos define como especie, la humanidad.

Por eso, los escritores bohemios se negaron a ser burgueses, no desearon convertirse en cronistas del incipiente industrialismo sin alma, se rebelaron en suma, contra la destrucción física, psíquica y espiritual del ser humano.

Todos ellos, desde Alejandro Sawa, hasta el último de los miembros del hampa bohemia, supieron interpretar el signo de su tiempo, alcanzaron a comprender,- al igual que el bueno de Bukowski muchos años después,- que la vida gira sobre un “eje podrido”, y que por tanto, nuestra supervivencia pasa por destruir para siempre ese descompuesto eje, con la prioridad de llegar a ser verdaderamente humanos, escritores y artistas engarzados por una verdad primordial.

En memoria de Alejandro Sawa, un hombre, un escritor, un bohemio, un genio olvidado. Y en recuerdo también de aquella su media melena, sus negros ropajes, su bastón y su mirada de profundis

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