Cuando viví en Euskadi a veces iba a Bilbao a dar clases de gestión cultural en un curso organizado por una fundación que supongo era cercana al PNV. Tenía que hacer noche allí- siempre me gustó mucho Bilbao- y se encargaban de mi alojamiento. Nunca conseguí que en el hotel escribieran “fundación” en vez de “fundición”, algo más natural y cercano para ellos entonces.

Algo así pudo pasar cuando los consejeros de cultura de la Junta CyL y sus asesores descubrieron “las fundaciones” de derecho privado. Se les fundieron los plomos de placer, por eso las denomino “fundiciones”.

Vayamos por partes. Una fundación puede gestionar con más fluidez determinados gastos y programas culturales, donde se realiza un gasto dividido en muy diversos y numerosos conceptos frente a un organismo central como es una consejería, que impone un proceso de control muy exhaustivo para garantizar que los grandes gastos son absolutamente legales. Luego, en la realidad, ni una ni otra cosa se excluyen. Las fundaciones y organismos autónomos crecen tanto que a los proveedores nos sale más a cuenta trabajar con las "pequeñas y lentas consejerías". En Andalucía sucedió así con la “ágil gacela” empresa pública de programas culturales, tan grande que era mejor trabajar con las pequeñas unidades centrales.

En CyL le cogieron gusto al tema y para cultura pusieron en marcha tres fundiciones: la F Siglo (para las Artes de CyL) la F Villalar y la F del Patrimonio artístico. Desapareció esta última con la crisis de las cajas de ahorros y solo quedaron las dos primeras. La Villalar apenas tuvo actividad inicial debido a que su principal objeto era “construir una identidad regional” y más allá de la fiesta de Villalar poco se hacía en este sentido, luego aprovechó huecos que dejaba la Consejería de Cultura sin ocupar - becas a artistas, ayudas a creadores, alguna publicación, algún material audiovisual - pero eso en manos de quienes siempre han luchado en contra de las identidades regionales es un oxímoron.

Más difícil aun lo tuvo la F Siglo, abarcaba desde la gestión de la orquesta y el CCMDelibes hasta el MUSAC o el funcionamiento de grandes equipamientos museísticos en Burgos, León, Zamora, Segovia. Todo para intentar dar a un gran mamífero la velocidad de una gacela como es la cultura en esta época digital. Imposible, algo que se acentuó al recibir la herencia del fallido SOTUR...más personal, más nominas, más complejidad en la organización. Y menos dinero a gestionar.

La fórmula en si no es mala, pero estaba envenenada de partida. Al contar con un único patrono, el gobierno regional, solo el PP controlaba lo que allí sucedía. El resto de partidos se enteraban anualmente por el propio consejero o consejera en las Cortes, a toro pasado o en la presentación de los presupuestos. Insuficiente a todas luces, lo suyo es que hubiese sido una fundación “pública” y que los patronos hubieran sido los representantes de todos los partidos regionales en las Cortes.

Ya en su día los juristas avisaron que para orquesta y auditorio era suficiente con una empresa publica... y un ente parecido para todos los museos regionales y patrimonio, pero para entonces la decisión de tener una administración B ya estaba tomada. Se precipitaron entonces los Villanueva-Hernández-Salgado (los tres inmersos en los procesos judiciales más importantes de la región).

Ahora pasa algo parecido. Sin analizar por parte de las Cortes regionales lo sucedido con las fundaciones en estos años – no hay ni una publicación que recoja la intervención cultural pública desde el 83 en CyL- los socios del gobierno regional decidirán con prisas.

La F Siglo lo tiene más fácil, puede gestionar orquesta y auditorio aumentando su actividad como está haciendo y así justificar su necesidad y pasando los museos a la Consejería de Cultura, pero la F Villalar, con la oposición a su actividad desde León, Salamanca y Zamora, nunca bien encajadas en este puzle de nueve provincias y con la lejanía de Soria respecto a las ideas comuneras, lo tiene muy crudo...y lo primero que caerá es la fiesta de Villalar, que es justo lo que la derecha regional siempre ha querido. Ahora lo tiene al alcance de la mano… si les dejamos los demás, claro, que tampoco lo hacemos especialmente bien.
¿Nos apostamos un porrón vino y un pincho de tortilla el 23 de abril en la campa de Villalar?

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