Escuchar estos días las palabras del golpista Luis Fernando Camacho y de la autoproclamada presidenta de Bolivia me ha puesto los pelos de punta: la biblia en la mano, el ejército “bendecido por Jesús”, la defensa de la hispanidad católica contra los cultos paganos indígenas y su Pachamama... Y todavía me pone más los pelos de punta ver que son las mismas ideas defendidas a este lado del Atlántico por los ultraderechistas españoles: el imperio, la iglesia, la guerra contra todo lo que huele a ecología...

En el fondo sabemos que es lo de siempre, por más que lo escondan detrás de la Biblia. No es la espiritualidad cristiana sino la tentación del poder terrenal, a la que tantas veces ha sucumbido la Iglesia Católica. Y no es la cultura hispana, son las nuevas oleadas de imperialismo globalizado extractivista: el oro, la plata, la soja, el litio de América.

Pero todavía habrá quien se deje engañar por el mito hipócrita del viejo imperio y la vieja cruzada religiosa para poder aplastar a los pueblos vecinos con un poco más de tranquilidad. Porque son pueblos “supersticiosos” que rinden culto a la naturaleza...precisamente en los últimos lugares del Planeta ricos en recursos naturales.
Como habitante de esta sufrida meseta castellana, hija, nieta y tataranieta de españoles hasta donde recuerda la memoria, hay algo que me indigna de todo esto: el que siempre estén usando los arquetipos de la hispanidad para justificar sus intereses, su codicia y sus negocios fraudulentos. Y digo sus, y no mis, porque casi siempre que se invoca el imperio español se hace para defender los intereses de unos pocos, muy pocos.

El español fue un imperio curioso, capaz de explotar casi tanto a sus propios campesinos como a los indios americanos, por eso no es extraño que tenga férreos detractores entre los españoles, aunque eso escandalice tanto a la ultraderecha. Y no es extraño que la sociedad castellana, cuando ha querido, tímidamente, despertar del profundo estancamiento en el que lleva siglos sumida, haya acudido al mito comunero, a la defensa de las antiguas costumbres comunitarias campesinas frente al imperio que tan magros beneficios dejó al pueblo del que salieron los conquistadores.

Por eso me gustaría transmitir a las compañeras y compañeros bolivianos y de los pueblos originarios americanos mi más firme repudio hacia la peor herencia que la conquista española dejó en sus naciones: el racismo. Racismo que les ha dejado sociedades enormemente divididas, que llegan a tener oligarquías terratenientes defendidas por paramilitares, cosa inconcebible en un estado moderno, lo cual muestra hasta qué punto el feudalismo del imperio sigue vivo.

Pero me gustaría hacerlo sin recriminaciones ni arrepentimientos, porque creo que hemos abusado mucho del sentimiento de culpa a la hora de juzgar el imperio español y eso sólo ha servido para atarnos en la rueda eterna de la soberbia herida. No quiero renunciar a la cultura en la que nací ni creo que deba descartar la herencia católica. Es preciso reconocer que tanto la historia de España como el cristianismo nos ha dejado la labor de muchos hombres y mujeres valiosos, llenos de auténtica fe, valor y amor a la cultura. El imperio nos dejó un legado cultural tan válido como cualquiera de los que el ser humano ha creado. Pero ello no impide que rechacemos rotundamente el racismo que ha arrinconado durante siglos la cultura, la espiritualidad y la lengua de los pueblos originarios de América, pueblos que con tanta dignidad se están defendiendo de la herencia de violencia y clasismo que ha forjado su historia.

En esta guerra que quieren montar entre el imperio y la Pachamama, me gustaría pedirles a los pueblos amerindios que me dejen situarme entre sus filas. No soy tan ingenua como para ignorar que pertenezco a ese “primer mundo” que sigue estando hambriento de la soja, el litio y el petróleo americano, pero espero que acepten mi sincero intento de necesitar cada día menos petróleo del Yasuní, menos carne producida a base de quemar el Amazonas, menos soja y menos litio...ay, ¡el litio tan necesario para un mundo sin petróleo! ...esperemos que sólo el necesario, y cuidado, reciclado y repartido con justicia.

Y esto no lo hago por altruismo, sino porque creo que cada vez es más necesario que todas las personas con conciencia y amor a la vida nos pongamos del lado de la Pachamama, la ibera Ataecina olvidada, virgen de agosto, vergel, vega fértil...la Tierra, como quieran llamarla. Necesitamos muchas más Pachamamas que imperios en estos días, tanto a un lado del Atlántico como al otro.

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