Para decirlo con pocas palabras: Yo no les respeto en absoluto. Ni a ellos ni a sus votantes. Y que no me hablen de democracia o ni mucho menos de ética. Visto lo visto, es evidente que las mujeres necesitamos de una nueva ética, una nueva democracia, una nueva normalidad como mujeres. Y dentro de esa necesidad, el problema del discurso y de la palabra es absolutamente primordial. Un poco al estilo de “Tremending Topic” con su: “Hoy Ortega Smith irá a un entierro a mearle al muerto. Esperemos que la familia sea tolerante y se respeten todas las opiniones”.

Es decir, va siendo bien urgente que con nuestros discursos rompamos los silencios largamente establecidos, que nos liberemos de nuestras trabas (las hay de muchas clases) y podamos expresarnos, decir claramente lo que pensamos. Esto solo, sería por sí mismo una acción importante en contra del poder de la “sordera”, en contra del poder de nuestra frustración frente a aquellos que no quieren escuchar lo que tenemos que decir como ese tal Ortega cuando miraba hacia el otro lado para evitar que Nadia Otmani, con su palabra pudiera mancillar su honor.

¡Ah el honor! El honor de los machos siempre tiene algo que ver con el matar. El honor de los machos es algo que necesita ser vengado y como Nadia, cuando hablaba, se lo estaba triturando, prefirió hacerse el sordo no fuera que - al final - (él también) tuviera que vengarse cortándola la yugular. Algo que, por supuesto, intentó hacer simbólicamente un poco después y mintiendo como un bellaco.

Del honor de los hombres, se ha esperado siempre que dijeran la verdad sobre los hechos, pero no por supuesto, sobre los sentimientos de los que nunca se ha esperado que hablen, en absoluto. Hay que decir sin embargo que también sobre los hechos, ellos mienten continuamente.

Nosotras asumimos que algunos políticos, no tienen honor y leemos sus imposibles, irrespetuosas declaraciones tratando de romper el código. Ahora bien, lo escandaloso de su política no es que estos machirulos elegidos por otros machiurulos y machirulas, nos mientan, sino el cinismo y la indiferencia con que lo hacen esperando, además, que les creamos. Nos han acostumbrado a la falta de respeto, al desprecio inherente a la mentira política. O también a esa clase de mentira patriarcal que nos ha manipulado siempre tanto a través de sus falsedades como de sus silencios.

Sobre todo, cierta clase de silencios que son a veces infinitamente más irrespetuosos que los insultos que por lo general suelen descalificarse por sí mismos. Sí, a veces las mujeres hemos enloquecido tratando de penetrar en la verdad tantas veces silenciada de nuestra experiencia. Por eso, Nadia Otmani hizo lo que tenía que hacer y eso NO FUE una falta de respeto hacia ese energúmeno sino, muy al contrario, una enorme muestra de respeto hacia todas nosotras, las mujeres. Y es que ya lo sabemos, muestro futuro depende más que de ninguna otra cosa de que seamos capaces de conquistar el lenguaje, la palabra. Tenemos que jugarnos el todo por el todo, más allá de lo personal, para describir nuestra realidad y para decirla tal cual la pensamos. Tan cándida y exactamente como nos sea posible. Tenemos que esforzarnos.

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