Hace 7 años, tres valientes periodistas, Ángel Luis González Clouté, Fernando Valiño y Germán Vivas se lanzaron sin red en busca de un espacio de verdad y de libertad. Nacía últimoCero. El principio del fin de una época triste, decadente y silenciada. Eran años de plomo para la ciudad, los compuestos del plomo como el PP en las últimas décadas eran tóxicos para todos, por su uso y consumo inadecuado y por una exposición excesiva a los mismos. El plomo, como se sabe, es uno de los cuatro metales que tienen un mayor efecto dañino sobre la salud humana. Entonces, como aún hoy, los medios de comunicación actuaban de portavoces de los circuitos del poder que los financian, olvidándose conscientemente de su papel como representantes de la gente ante el poder. Nacía con últimoCero un periodismo con responsabilidad social y el objetivo de informar para conocer y para entender. También nacía un refugio para la libertad de expresión de todos los que no encajamos en las estructuras conservadoras, un espacio de reflexión con firmas extraordinarias como la del filósofo Tomás Guillén, un espacio común y de reunión para vencer el miedo e impulsar de manera determinante el cambio de rumbo político que efectivamente se produjo en 2015. Indro Montanelli sostenía que si el periodismo no tiene algo de misión, entonces no tiene mucho sentido.

Los hechos que UC ha convertido en noticia están pegados a la calle y a la realidad de la ciudad y sus vecinos, y lejos de la publicidad y propaganda de los gabinetes de prensa que seleccionan las noticias para los medios ideologizados tradicionales. Para saber qué es importante conocer hay que entrar en UC, un balón de oxígeno que necesitamos para respirar y que de modo artesanal y con inmensa generosidad, tras la muerte de Ángel y la jubilación de Fernando, han mantenido Germán Vivas, Gaspar Francés y Jorge Ovelleiro.

Los vallisoletanos hemos ayudado poco a mantener un proyecto desbordado por la lógica económica, no ya la de la rentabilidad del medio o del EBITDA, sino de la pura manutención y subsistencia de sus artesanos. Hemos sido, en general, poco agradecidos con muchos de los que han hecho grandes cosas por nosotros, durante mucho tiempo, al otro lado de las brumas del poder. Que periodistas con reconocido mérito y capacidad pongan su valía, su competencia y su tiempo en beneficio de todos, con un contrato con la gente desde la lealtad y sin contraprestación, es una herramienta insólita y fantástica para cualquier sociedad inmersa en la crisis de toda una concepción del mundo y de la vida. Como ellos, quedan aún otros espíritus generosos, fuera de las estructuras institucionales, que nos han permitido y nos permiten vislumbrar nuevas esperanzas, otras maneras de mirar el entorno, que nos hacen tomar conciencia de que se puede resistir al poder y crear nuevos valores recuperando la fe en nuestro destino. Ahí están gente como Carlos Castro, la Federación de Vecinos Antonio Machado, con presidentes valientes, o Javier Gutiérrez, Ángel, Ramiro, Ildefonso…de Ecologistas en Acción, y otros no pocos que merecen un homenaje público y un reconocimiento que nunca han reclamado y que nunca estará más justificado. Somos ingratos con la honestidad, la ética, la generosidad, el conocimiento o el valor de la justicia. Es mucho más cómodo creer lo simple que buscar información de lo complejo.

Hay alguien que en este tiempo se ha convertido en un hermano de razón y de corazón, y al que me gustaría dedicar estas últimas líneas pensando en Eva: Germán Vivas. Un hombre que nunca en la vida ha pretendido ser un profeta de nada, pero que ha dedicado todos sus esfuerzos a ser un verificador de lo que nos ocurre, a separar la joya de la ganga y a establecer los límites cada vez menos claros entre la libertad de pensamiento y la coacción del dinero o de las leyes. Un tipo con un compromiso social admirable y un compromiso profesional acojonante. Germán es un catalejo cuya óptica se afila por su audacia, sabedor de que tanto más conocemos, más conscientes somos de lo mucho que ignoramos. Un gran tímido, con ese gran capital bajo la gorra que es ser creído, porque su trabajo consiste en informar para conocer y para entender. Sin ruido ni aspavientos, como un Humboldt en su intento de encontrar un paso entre las cuencas del Amazonas y del Orinoco, Germán ha querido encontrar una senda transitable entre la selva de las palabras, y defendernos del artificio y la manipulación con la que los poderosos intentan disfrazar el mundo según las reglas de su propio mundo. Gracias Germán. GRACIAS ULTIMOCERO. Me invade la tristeza.

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