Aunque aún quedan más de ocho meses para las elecciones municipales, parece que el runrún de la maquinaria electoral comienza a escucharse en algunas formaciones políticas con peleas cainitas, declaraciones estentóreas o puestas de largo de confeti y photocall; todo sea por asegurarse un titular y pillar espacio en sus respectivas carreras electorales. Sí: empieza una carrera o, mejor dicho, continúa una carrera electoral que comenzó hace más de tres años, cuando las últimas elecciones dejaron un panorama político inédito en nuestra ciudad: un gobierno local, en el que las formaciones a la izquierda del psoe tenían además de la llave del gobierno de esta ciudad, la responsabilidad de gestión de tres de las principales áreas de administración del ayuntamiento.

Las formaciones que nacieron al calor del “nuevo municipalismo” como Valladolid Toma La Palabra en nuestra ciudad y tantas otras en capitales y pueblos de todo el Estado, afrontaron -lo recordarán los lectores- el anterior ciclo electoral de otra manera, y se preparan para el nuevo reto electoral con otros mimbres; mimbres que nacen de sus orígenes como plataformas ciudadanas destinadas a poner las instituciones al servicio de la ciudadanía después de una crisis que dejaba una terrible huella y de muchos años de enfrentamiento durísimo con las autoridades municipales. VTLP surge, de hecho, como un instrumento que nace de una serie de asambleas en las que cientos de personas, muchas de ellas activistas sociales de nuestra ciudad, para lo que de forma un tanto romántica llamábamos “asaltar las instituciones”. No fue -no lo es- un partido político -y es una diferencia radical con el resto de formaciones que ocupan el pleno del edificio de Plaza Mayor- sino una plataforma ciudadana que toma la forma de coalición electoral instrumental para poder acceder a la aplicación del ambicioso programa de cambio que habían pergeñado meses atrás decenas de personas al redactar su programa electoral. VTLP se nutrió, claro, de las fecundas aguas de los movimientos sociales y vecinales de nuestra ciudad para formar un proyecto político de cambio ¡porque fue de ahí de donde surgió! Se podría decir, incluso, que la conformación de VTLP es un claro ejemplo del cambio de paradigma político que vive nuestro país en las últimas décadas: Dicen que hace unos años había partidos políticos preoocupados en incorporar miembros de sus bases en todos los movimientos sociales para poder controlarlos; hoy es justamente al revés: son los movimientos sociales los que incorporan a sus miembros a las plataformas políticas para acceder a lo institucional. Cambios de paradigma que cuesta entender para personas ancladas en formas de hacer de otro siglo, claro, pero que explican muchos de las transformaciones que está viviendo nuestra forma de entender lo público como sociedad, de gestionar lo común.

La relación entre institución y movimiento social no ha sido sencilla en estos tres años largos de experiencia electoral. Ha habido notables avances en muchas áreas de gobierno municipal, pero también evidentes desencuentros y desencantos al contemplar que, efectivamente, el asalto a la institución no ha significado siempre conseguir alcanzar los sueños. Pero ciertamente, no es una relación sencilla.

Hace unos años, el pasado sábado se cumpliero justamente tres años, en el Día Vecinal de 2015 las asociaciones vecinales organizaron un debate en el que tuve la suerte de participar para reflexionar sobre la situación en la que los movimientos sociales y la participación ciudadana quedaban con el nuevo tiempo que se alumbraba en el ayuntamiento. Planteamos en el momento de la tertulia, tras el café y a la sombra de los castaños de la Plaza de San Juan, una dinámica para representar gráficamente el punto en el que cada cual veía a los movimientos sociales ante el anterior gobierno municipal del partido popular y la situación deseada ante el nuevo ayuntamiento; usamos para ello la terna disidencia - resistencia - incidencia que planteaba J. Subirats (2015) en un triángulo en el que cada participante señalaba con un puntito dónde se ubicaba en cada momento. Las diferencias que observamos colectivamente nos sorprendieron profundamente: mientras que las organizaciones vecinales se veían -no es extraño- habiendo pasado un calvario de demasiados años como “resistentes” ante el ayuntamiento, sus deseos, en cambio, para el nuevo tiempo que se avecinaba se aferraba a la “incidencia”, a la capacidad de influir en las decisiones públicas, las decisiones que afectan a toda la ciudad. Nadie, ninguno de los presentes, varias decenas de los más veteranos del movimiento vecinal de nuestra ciudad, quería volver a la resistencia, al bronco enfrentamiento con la administración local al que tanto tiempo nos habíamos visto abocados por un gobierno municipal sordo y antipático ante los movimientos sociales: mucha gente agotada por la resistencia numantina parecía decir ¡basta ya! para alumbrar un tiempo más amable en el que poder construir junto con las instituciones -aunque desde la distancia y la defensa de los intereses comunes-, una ciudad más amable.

El reto que tenemos por delante en la articulación entre reivindicación social e institución sigue siendo, tres años después, ingente. Probablemente pase por aceptar el conflicto -seguramente irresoluble- entre la política institucional y la movilización social, aprender a convivir con ese difícil equilibrio entre buscar lo deseable y aceptar lo posible; retejer confianzas y complicidades para armar estrategias de cambio a largo plazo; también supone aceptar que poner en marcha las transformaciones que requiere nuestra ciudad precisan capacidad de transigencia y no confundir fines con medios. Para algunas personas esto supone un duro trago que resuelven sufriendo por aceptar no conseguir todo lo deseable. Pero otras personas viven más cómodas en sus trinchera haciendo del enfrentamiento virulento y la negativa a negociar su forma de vida, incapaces de construir lo posible para no manchar su prestigio con el barro de poner los pies en el suelo, bregar con el distinto y asumir que los pasos dados -por pequeños que sean- son mejor que no dar ninguno.

Pero aceptar ese diálogo entre reivindicación y transformación social pasa sin duda también por imaginar lo que supondría para esta ciudad que volvieran los tiempos en los que los movimientos sociales volviéramos, todos, a la trinchera de la resistencia. Eso también se juega en estos ocho meses que nos quedan por delante. Vamos a ello.

Solo tu puedes impedir que esto se acabe

Compártelo, apoya el proyecto

ÚltimoCero | Hazte cómplice HAZTE CÓMPLICE

No hay comentarios