THE MISEDUCATION OF CAMERON POST de Desirée Ankwan.
THE MISEDUCATION OF CAMERON POST de Desirée Ankwan.

SECCIÓN OFICIAL.

THE MISEDUCATION OF CAMERON POST de Desirée Ankwan, o de cómo “El club de los poetas muertos” sigue haciendo daño al cine. Ojo al dato después de haberse producido ayer el encuentro de mujeres productoras de cine en España, la Seminci, la misma que el año pasado se llenó la boca de feminismo, ha proyectado la única película dirigida por una mujer en la sección oficial. Nadie parece reprocharlo, nadie parece recordarlo, de hecho ningún partido político tan «sensible» a los errores de los demás en materia de igualdad valora que este dato sea relevante. Pues el dato existe, y es tozudo, discriminador y demuestra que lo del año pasado fue una pose absoluta de la dirección. Los jurados no dejan de ser personas que escogen según sus gustos, y gustos suele haber tantos como personas, hasta el punto es así que esta película ha sido capaz de ganar este año el gran premio del jurado de Sundance, pero de jurados ya sabemos bastante también en Valladolid, y de películas premiadas cuyo título ya nadie recuerda, sin ir más lejos la del año pasado (ojalá la influencia de Miguel Gomes en el jurado, y su cine, tenga la necesaria para decantar un palmarés por el riesgo, ante lo poco que hay en esta edición). Tiene la Seminci unas dinámicas consolidadas que hacen que las filmografías de cada país se repitan una y otra vez, en forma y estilo, año tras año. Si hay cine francés ronda la comedia amable o el drama de amplio espectro, si hay cine japonés es tan amable como las últimas presencias de Kawase y Yamada, sobrepasados por las nuevas generaciones de cineastas japoneses, si hay cine chino se parece más al Yimou domesticado que al cine de la sexta generación, y si hay cine norteamericano es como “The miseducation….”, correcta dentro de temas «incorrectos», para todos los públicos tratando temas que siguen siendo tabú, conservadora no sólo en las formas (no hay puesta en escena destacable en una película de primeros planos y escasos, pero triviales, paisajes) sino en el fondo, una película en la que se habla de una realidad tremenda, la de considerar la homosexualidad como una desviación corregible fruto del pecado, hablando de ello como algo del pasado, como si lo que se sitúa en 1993 no ocurriera actualmente. Película de subrayados en los que una adolescente es internada en un colegio religioso para “reeducarla” en su desviación, sin castigos físicos ni corporales, pero inculcando la idea del pecado, del error y de la culpa, sembrando la vergüenza por ser como se es y no como se quiere que se sea; pero es una película sin riesgo, una película donde todo fluye sin drama durante 4/5 partes de su recorrido, como una comedia estudiantil de profesores pasados de religiosidad buenrrollista y donde apenas hay tensión dramática ni rebelión, y cuando ésta llega todo suena a falso, como aquel suicidio del “poeta maldito” en la pornográfica película de Peter Weir. Subrayados musicales para advertir al espectador, adolescentes muy maduros o muy infantiles sin término medio, adultos dibujados esquemáticamente y, un plano final, con una pegatina pidiendo el voto para Clinton que hace sonrojar a cualquiera con mínimo sentido crítico.

DOGMAN, de Matteo Garrone.
DOGMAN, de Matteo Garrone.

DOGMAN, de Matteo Garrone. Puede resultar muy aventurado, pero en estos tiempos donde todo se hace inmediato, hay poco margen para sorpresas de tal entidad que sobrepasen aquello que ya viene contrastado por otros festivales, sobre todo cuando la práctica totalidad del cine que llega a Seminci ha pasado ya por múltiples certámenes mundiales, y a mí no me extrañaría que de hoy lunes, hasta el viernes, no se vea en las pantallas de la sección oficial una película de la calidad y peso específico de “Dogman”. Y es que hay en Dogman un relato poderoso, pero también hay una puesta en escena al servicio de la narración, interpretaciones solventes y sobresalientes, porque los dos protagonistas masculinos resultan muy creíbles y muy humanos en sus defectos, sus miedos y sus violencias, y hay un ejercicio de localizaciones tan sorprendente que cuesta creerse que nos encontramos en la Italia del siglo XXI, una Italia del sur, en Caserta, cerca de Nápoles. Garrone nos introduce en una Italia devastada; por el abandono de los poderes públicos, por la crisis, por el paro, por la Mafia; una Italia en la que se sobrevive mezclando honradez y delincuencia y en la que el personaje de Marcello transmite, desde su fragilidad física, la impotencia del ciudadano de a pie para poder sobreponerse a la ausencia institucional. Las primeras secuencias de la película parecen el prólogo a un western, y mucho de western de héroe anónimo y solitario tiene el relato que el director romano ambienta de manera perfecta en ese sur tan distinto de la industrial mitad norte del país. No concibo un palmarés de Seminci que no premie el esfuerzo, el trabajo, el riesgo y la planificación de una película cruda y verosímil, tanto como para haberse inspirado en un hecho real para sustentar la ficción de este insignificante peluquero de perros que es capaz de hacer lo que hace para enseñar los dientes y para querer ser admitido de nuevo en la manada de perros callejeros que son sus vecinos.

“The breadwinner” de Nora Twomey.
“The breadwinner” de Nora Twomey.

SEMINCI JOVEN. Las razones por las que la Seminci programa películas para “jóvenes” o “niños” sin considerar que ese cine puede interesar a los adultos son tan preconcebidas (llenas de prejuicio diría yo) como para no plantearse incluir en la sección oficial una película de animación o un documental, como si se participara de esa opinión que califica el cine como “películas, animación y documentales”, queriendo decir que las dos últimas categorías no son películas. La irlandesa “The breadwinner” de Nora Twomey (reconocidísima autora de animación) se hurta al espectador generalista y se incluye en una sección llamada Seminci joven destinada a chicas y chicos de bachillerato, cuando su calidad es muy superior a la media de la propia sección oficial, como cuando se deja para Miniminci algún “anime” que, por su año de producción, podría ir a concurso. El estilo, ahora en solitario, de Twomey, recuerda el del códice miniado, el de las siluetas de personas sin profundidad, personajes en dos dimensiones cuya relación con el espacio parece prensada en una hoja de papel llena de color. La acción se desarrolla en Kabul y sus alrededores y ninguno de los discursos, proclamas, películas, manifestaciones o movimientos necesarios que reivindican la igualdad de la mujer respecto al hombre, y concretamente en el mundo del cine, consigue ser tan claro, tan contundente, tan visceralmente combativo como en esta «The breadwinner», en la que una adolescente tiene que renunciar a su identidad sexual visible para poder salir a la calle y alimentar al resto de la familia. Si en «Osama» de Siddik Barmak, una niña se disfrazaba de niño para poder seguir estudiando, en «Breadwinner» una niña tiene que vestirse como un niño para poder subsistir y comprar en las tiendas de alimentación, ocultando su condición femenina. Se podrá decir que el dibujo occidentaliza la estética femenina afgana como los «orientalistas» del XIX retrataron una belleza exótica pero cercana a los cánones de la Europa del momento. Las mujeres de «The breadwinner» son de belleza extrema, de ojos almendrados y verdes, esbeltas y elegantes, es cierto, pero su historia no es sino el reflejo fiel de un mundo anclado en la destrucción de cualquier tipo de libertad.

A ULTIMA VEZ QUE VI MACAU de Joao Pedro Rodrigues y Joao Rui Guerra.
A ULTIMA VEZ QUE VI MACAU de Joao Pedro Rodrigues y Joao Rui Guerra.

Y DE POSTRE, CÓMO NO, PORTUGAL.

A ULTIMA VEZ QUE VI MACAU de Joao Pedro Rodrigues y Joao Rui Guerra da Mata. Macao, Hong Kong, Callao, Samarcanda, Tombuctú, ciudades míticas, ciudades del pasado en las que en alguna se mantiene el vivo recuerdo mediante su adaptación al presente. Reminiscencias coloniales, empresas aventureras, lo exótico y deslumbrante junto con lo peligroso y ruinoso, un mundo lleno de resonancias misteriosas y de secretos inconfesables en los que tan importante es la ciudad en si misma como sus personas y los recuerdos que emanan de las piedras. Rodrigues y Guerra da Mata utilizan el enclave para jugar con el pasado sin mostrárnoslo, pasado, presente y futuro confluyen en el relato como una especie de película que simultáneamente mezcla diversos planos narrativos que, al final, parecen uno solo. Macao fue la última colonia portuguesa, y como tal, volver a la colonia, como hace el personaje de Guerra, es volver a un origen, a la ciudad de su nacimiento pero también al recuerdo de unos tiempos en los que, presumiblemente, la memoria colectiva del país podía sostenerse en un pasado de héroes, victorias y ocupaciones. Unas colonias que no han sacado al país colonizador de su meridiana pobreza ni han hecho de los territorios descolonizados más prósperos ni más brillantes de lo que lo hubieran sido por sus propios medios. Macao es una de las perlas de Oriente que podía prosperar con o sin Portugal, esa realidad, vista desde la distancia, ha de crear una sensación depresiva en quien abandonó la colonia antes de dejar de serlo y regresa a la misma para advertir que, tras cinco siglos de ocupación, nadie habla portugués, nadie entiende el idioma, con nadie puede comunicarse si no es en chino o en inglés, los idiomas reales de un enclave donde la realidad es su idiosincrasia china y el dinero su sentido y su razón de ser como casino del país al que será anexionado con el paso de los años.

FARPOES BALDÍOS  de Marta Mateus.
FARPOES BALDÍOS de Marta Mateus.

Y una pequeña perla oculta entre tanto largometraje, FARPOES BALDÍOS de Marta Mateus. Entre alcornoques y olivos, con ese polvo en suspensión que se hace más presente cuando el calor más aplasta los cuerpos y obliga a resguardarse bajo la sombra naciente de cualquier elemento del paisaje; los hombres y mujeres que atraviesan la pantalla basculan entre la esperanza del futuro encarnado por las nuevas generaciones y la resignación de quienes tienen el rostro y las manos surcados de profundas arrugas, como si fueran terrenos resecos en los que la superficie se resquebraja por falta de humedad. Ancianos, adultos y niños hablan, pero parecen no escucharse, como si generaciones y generaciones hablaran de lo suyo sin que las experiencias se pudieran transmitir más que a los que las vivieron para terminar cayendo en la desesperanza de tantos sueños perdidos y hasta olvidados. 100 pasos adelante y 100 pasos atrás, la historia de los humildes se llena de enormes ansias de progreso y bienestar, tan grandes como las enormes frustraciones provocadas por las promesas incumplidas. La revolución de los claveles ofreció una posibilidad real de un reparto equitativo de la propiedad agraria en el Alentejo (no sólo, pero éste es el espacio físico de la obra) y, sin embargo, el relato que permanece es el del intento baldío, como el campo del título, por el que tras la ocupación de las fincas, nada cambió en realidad, salvo, por lo menos, mantener en la memoria un momento de efímera satisfacción. Mateus usa la metáfora como argumento dialéctico, en este caso revestida de forma visual y en la que la palabra apenas resulta relevante más que para situar el contexto y el espacio de la derrota.

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