«Gènese» de Philippe Lesage.
«Gènese» de Philippe Lesage.

Saca pecho Angulo hoy en la prensa local, y hace bien, nadie cuestiona su no modelo. Un festival dedicado a las relaciones públicas, y a no escandalizar ni preocuparse por diferentes maneras de hacer cine, vive muy cómodo programando a concurso lo mismo que el espectador medio está acostumbrado a ver en las salas. Gracias a eso la posibilidad de sorpresa desaparece, el algoritmo se entroniza, el político se siente satisfecho porque el público sale contento y, de paso, permitimos entrar a las salas palomitas, bolsas de celofán y patatas fritas, o, para crear verdadera semilla de futuro, proyectamos a los escolares cine doblado, como se ha hecho esta mañana con la última película de Mamoru Hosoda, «Mirai no mirai», una verdadera declaración de intenciones para un festival que prefiere la cantidad en el número de espectadores y que éstos se «entretengan», a que se fomente el espíritu crítico. Tan orgulloso está de sus jurados el director del festival que desde que es el responsable de la semana, han sido premiados con la espiga de oro directores de tanta fama actual y que se disputan todos los festivales del planeta como Gerardo Olivares, Marcos Jorge, Geoffrey Enthoven, Nabal Ayouch, Yoji Yamada (el de ahora no el de los años 60-70), Tal Granit, Grimur Harnoneson o Paolo Virzi, bueno si, también se premio a Kiarostami pero denigrándole haciendo compartir la espiga con Miguel Cohan. Si repasamos la historia del festival antes de Angulo ganaron Dassin, Bergman en varias ocasiones, Bresson, Truffaut, Watkins, Ashby, Olmi, Avati, Bertolucci, Visconti, Terence Davies, Kiarostami, los Dardenne, Egoyan, Loach, Kim-ki-Duk. Cualquier comparación es odiosa, en eso se ha convertido la seminci, en una fiesta que dura una semana y después, nadie recuerda.

SECCIÓN OFICIAL. «Gènese» de Philippe Lesage, contiene, para mí, los 25 mejores minutos de cine de todo el festival a concurso, si bien los 100 previos no están al mismo nivel, algo que puede hasta olvidarse con su sorprendente coda final, muy incomprendida para gran parte de público, a quien el festival ha acostumbrado a relatos lineales con principio y fin, y al que las rupturas narrativas no solo descolocan, sino que les hace menospreciar el gran golpe de talento que Lesage introduce en su relato justo después de haber exagerado el gesto en exceso con los últimos actos de sus protagonistas, una pareja de jóvenes hermanos, chica y chico, cuyas vidas transcurren por separado pero muy marcadas por las experiencias, y no experiencias, sexuales en las que se están iniciando. Ese camino decepcionante y doloroso hacia el propio conocimiento concluye con un salto temporal que puede interpretarse tanto hacia delante como hacia atrás, y en el que se encuentra buena parte de la «génesis» a la que alude el título. Soberbio concepto que traslada la acción a un campamento de verano donde las miradas de dos adolescentes sustituyen a la palabra y su progresivo enamoramiento estival, copiando, por decirlo de alguna manera, la misma idea llevada a cabo por Jonás Trueba en «La reconquista», pero de manera más resumida e igual de brillante.

«Aga» de Milko Lazarov.
«Aga» de Milko Lazarov.

Por su parte «Aga» de Milko Lazarov es un caramelito dulzón y empalagoso donde se intenta reinventar la maestría del Kurosawa de «Dersu Uzala» con una pareja de ancianos que sobrevive en soledad en medio de la nieve, el hielo y el frío de la tundra, refugiados en una yurta en medio del temporal, y nostálgicos de una hija que prefirió marcharse para hacer su vida aunque fuera en condiciones nada fáciles. La película no sólo es previsible, sino que vive por, y para, la estética del paisaje, el encuadre pictórico y a la espera de un desenlace remarcado, sentimentaloide y absolutamente prescindible a la par que cantada porque el director no se guarda ir sembrando de anuncios y pistas su excesiva duración de 96 minutos.

«The return» de Malene Choi.
«The return» de Malene Choi.

PUNTO DE ENCUENTRO.

«The return» de Malene Choi es una interesante película bien trabada, y con un tratamiento de la imagen muy sugerente desde sus elipsis y sus espacios vacíos en relación con la necesidad de conocer los orígenes personales. La protagonista, adoptada, regresa a Corea del Sur con intención de conocer a sus padres biológicos. Dado que es una situación nada infrecuente en el país, hasta existen casas preparadas para acoger a estas personas durante las semanas en que el Estado ayuda a recuperar su memoria. La protagonista tiene ocasión de ir conociendo a otras personas en su misma situación, y el extrañamiento de encontrarse en un país y lenguas desconocidos se diluye compartiendo la experiencias con otros seres con sus mismas dudas y sus mismos miedos. «Volcano» de Roman Bondarchuk, pese a sus altibajos narrativos, o su exceso en regresar una y otra vez al mismo punto de partida, es una notable pieza de ficción del documentalista ucranio, que aprovecha una historia cercana al realismo mágico y al surrealismo, desaparición de miembros de la OSCE incluída, para situar al intérprete de esa misión solo y abandonado en medio de la estepa, en un pueblo en territorio de nadie donde no se sabe si manda Ucrania, Rusia, los separatistas o, simplemente, el más fuerte en cada momento. Bondarchuk sabe aplicar el realismo mágico para que las escenas incomprensibles terminen siendo asumidas sin complejos por el espectador. Hay un onirismo calculado que no evita ciertos decaimientos o reiteraciones, altibajos en una película de calidad estimable que, en ocasiones se pierde por no contenerse en una duración menos estirada. Con un trío protagonista consigue que las líneas narrativas no se expandan innecesariamente, dejando sin contestación un mac guffin inicial porque, realmente, la película no precisa de él salvo para conseguir dejar a Lukas sólo en un mundo desconocido, alejado completamente del espacio conocido de la gran capital donde, se supone, la ley es algo más que un mero papel escrito. Hay calidad en esta primera ficción rodada por el director ucranio cuyo seguimiento futuro habrá de tenerse en cuenta.

TIEMPO DE HISTORIA. «Viaje a los pueblos fumigados» de Fernando Solanas. Reiterativo, ineficaz, propagandístico y escasamente útil, el último documental de «Pino» Solanas refleja el efecto económico y sanitario del uso de pesticidas, insecticidas, transgénicos, en nuestra alimentación y los efectos de futuro que puede provocar en Argentina. Para ello, además de colocarse el director siempre en el primer plano protagonista de la imagen, omite cualquier confrontación de opiniones adversas, como si nada fuera discutible, ni matizable, ni debatible. El documental empieza y se agota en si mismo al poco de empezar, queda atrancado en un viaje que debería concluir mucho antes, o haberse planificado de otra manera.

«Lerd».
«Lerd».

CICLO RASSOULOF. «Lerd», última película del director iraní represaliado y condenado no le va a servir para congraciarse con el régimen teocrático y dictatorial. El retrato del Irán que realiza, en este caso el Irán rural alejado de la metrópoli, está plagado de denuncia tanto al sistema político, funcionarial, policial, judicial, religioso como para poder ser asumido sin represalias. Desde la primera escena, en la que el protagonista está provocando la fermentación de sandías para producirse un alcohol casero que le permite ser libre en su intimidad, tras esconderlas, es objeto de un registro por parte de la mezquita local, lo que anticipa el enorme poder represivo de todos los poderes institucionalizados de la zona, y por extensión, de Irán. Poderes corruptos, corruptores y corruptibles, que no dudan en usar la violencia para quebrar la voluntad de Reza, un hombre justo y que pretende convencer mediante el uso de los mecanismos legales sin servirse de las armas corruptas de los demás. Su empecinamiento le avoca a la ruina, a la pérdida de la familia, y cuando decide saltarse las reglas y responder a los ataques con las mismas armas, se dará cuenta, demasiado tarde, de que ha caído en las mismas redes que intentaba combatir; su presunta integridad le va a catapultar socialmente, pero a cambio sabe que se ha convertido en un miembro más del estado corrupto de las cosas, en otra marioneta en manos del poder.

«É na terra, nao é na lua» de Gonçalo Tocha.
«É na terra, nao é na lua» de Gonçalo Tocha.

PORTUGAL.- «É na terra, nao é na lua» de Gonçalo Tocha es una monumental pieza de 185 minutos en la que el director y su ayudante de cámara hacen una declaración de intenciones según se acercan a la isla de Corvo, en las Azores, en un barco. Piensan filmar todas las personas, todas las casas, todos los barcos, todas las tiendas, todas las escuelas, policía, bomberos, puerto, montañas, prados, animales........en su intención de hacer un reflejo del absoluto consiguen su objetivo igual que una de las vecinas, durante las semanas de estancia en la isla, consigue tejer el típico gorro marinero de la zona, herencia de los antiguos pescadores balleneros que hacían escala en las islas Azores cuando la pesca de ballena era legal y, la presencia de estos animales en la zona, cuantiosa. La curiosidad del filmador se transmite al espectador, el espacio europeo más alejado del continente y más próximo a América, la sensación de lejanía, de aislamiento, de comunidad cerrada donde hace gracia asistir a una campaña electoral como si, realmente, de quien ganara dependiera la mejora de las condiciones de vida, o escuchar a la candidata del partido comunista portugués en el salón de su casa con las omnipresentes imágenes religiosas que abundan por todos lados. Quien conozca «El cielo gira» de Mercedes Álvarez puede hacerse una idea de por donde sopla el aire de este documento antropológico y sociológico de primer nivel.

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