Butine Badiaké, el buen camino.
Butine Badiaké, el buen camino.

Hace algunos años, y en el marco de la Seminci, tuve la posibilidad de asistir a la proyección de una película muy especial, en ella se hablaba de un concepto que en aquel momento nos era todavía desconocido, “el cambio climático”.

La película se titulaba “Una verdad incómoda”, en la que se describía los efectos del calentamiento global sobre el planeta Tierra causado por la actividad humana, y más concretamente por el aumento de los llamados gases de efecto invernadero.

Los gases de efecto invernadero son a su vez, la consecuencia de la emisión a la atmósfera de dióxido de carbono derivado de la quema incontrolada de combustibles fósiles.

En principio, y siempre según las más autorizadas voces científicas, el cambio climático es ya un hecho, una desgraciada realidad. El aumento global promedio de temperatura ya se encuentra en los 0,8 ºC (en relación a los registros del último siglo).

A consecuencia de esto, en el mundo ya enfrentamos la pérdida de biodiversidad, el derretimiento de glaciares o la acidificación de los océanos, con el consiguiente aumento del nivel de las aguas en las líneas de costa más vulnerables, o el desplazamiento de las faunas autóctonas.

Recuerdo que a la conclusión de la película “Una verdad incómoda”, sentí un gran aturdimiento, recuerdo también haber observado ese misma perplejidad, incredulidad y pasmo en el resto del público, nadie podía explicarse como era posible que se nos avecinara tal catástrofe en tan poco espacio de tiempo.

Ocho o diez años más tarde, y como dije anteriormente, esa amenaza es ya una realidad.

Ayer y en la sala 5 de los cines Broadway, pudimos asistir al pase de un pequeño pero ambicioso cortometraje, ”Butine Badiaké, el buen camino”. Pequeño en relación a su presupuesto, duración y elenco, pero ambicioso por humanista y por su altura moral. Es un proyecto que llevaron a cabo los profesores y alumnos del Departamento de Animación Sociocultural y Turística del IES Emilio Ferrari de Valladolid, con la productora Tus Ojos, que viajaron hasta Senegal para filmar in situ, los efectos ya devastadores del cambio climático en ese país del África Occidental y sus consecuencias sociales.

Es posible que tuvieran escasos recursos técnicos para la filmación de este corto, pero unas inmensas ganas de salir enriquecidos y transformados gracias a la conocida sabiduría africana y al calor humano que desprenden.

Desde tiempos inmemorables, la sabiduría de los pueblos africanos se ha trasmitido de generación en generación a través de cuentos, epopeyas y proverbios que los ancianos se encargan de relatar a los niños en las veladas familiares.

La decadencia ética y social del eurocentrismo contrasta vivamente con la pasión vital y la calidez humana de los africanos. De esta manera podríamos resumir la común sensación que se palpó ayer tras la película.

Los colonizadores aleccionados por los colonizados, ¿se podría esperar mayor paradoja? 

Solo tu puedes impedir que esto se acabe

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