Este es un viaje de iniciación de la mano de la poesía y con rumbo a la muerte, la revelación de un hombre comprometido con su tiempo, de un poeta premonitorio.

Por mediación de su sobrina-nieta, Ariarca Otero, esta película, ”El viaje de Javier Heraud”, nos invita a emprender un periplo a través de una parte de la historia moderna de Latinoamérica, una expedición que ofrecerá al espectador los códigos profundos de la vida de un poeta, que seguramente, y después de César Vallejo, constituye y es representante de la segunda alma poética del Perú.

Javier Heraud nació en Miraflores, un distrito de la región metropolitana de Lima, el 19 de enero de 1942. Cursó los estudios de literatura en la Universidad Católica de Perú y en 1960 publicó sus dos primeros poemarios “El río” y “El viaje”.

Al año siguiente, ingresó en las filas del “Movimiento Social Progresista” y participó activamente en las manifestaciones de repudio a la visita de R. Nixon al país.

Posteriormente resulta beneficiario de una beca para emprender estudios de cinematografía en Cuba, y una vez instalado en aquel país, se siente profundamente impregnado por el espíritu de fraternidad y el calor revolucionario y popular existentes.

En el curso de la película, Ariarca Otero se entrevista con algunos de los familiares del poeta, con amigos y camaradas que compartieron con él los mismos anhelos de un mundo nuevo, semejantes inquietudes literarias, poéticas y social-revolucionarias.

Adelita, su musa y enamorada, a quien regalaba poemas escritos en delgadas hojas de papel, desmenuza y testimonia su relación y sus íntimos conocimientos de la personalidad de Javier Heraud. Adelita conserva sus cartas, pero manifiesta su no deseo de leerlas o darlas a conocer en público; las guarda, las mima, las mantiene, pero apenas se atreve a releerlas, tan solo la acompañan en silencio, es como si para ella supusieran barahúndas de dolor indescriptible.

El recuerdo de Javier Heraud se le desvanece fulgurante entre las manos:

“Yo soy un río, voy bajando por las piedras anchas, voy bajando por las rocas duras, por el sendero dibujado por el viento”

Otro de los familiares más cercanos de Heraud, manifiesta y describe el gran sentido del humor que animaba al poeta. Su espíritu burlón- afirma-, se debatía en competencia con su gran necesidad por escribir.

La poesía le poseía con la fuerza del ciclón, la poesía le habitaba en forma de borrasca intemporal, centrífuga, extraña e inaprensible:

“Mi cuarto es el de todos, es decir, con su lamparín que me permite reír al lado de Vallejo, que me permite ver la luz eterna de Neruda”

Al regresar al Perú, tras su estancia en Cuba, se une a la guerrilla de corte guevarista “Ejército de Liberación Nacional” con el pseudónimo “Rodrigo Machado”.

En mayo de 1963 se adentra en la selva peruana de Puerto Maldonado, y junto con otro compañero guerrillero es acribillado a balazos en mitad del río Madre de Dios.

Javier Heraud se convirtió en el poeta mártir, en un poeta cristificado, en su cuerpo sutil impactaron 19 proyectiles, los del odio, los del asolamiento, los de la injusticia.

Él había sido igualmente, un poeta premonitorio, como Lorca, como tantos otros, tuvo el pálpito, se le apareció arrebatada la premonición de su propia muerte:

“Pero uno siempre está compuesto de un trozo de muerte y de camino, y uno siempre es río, o canto, o lágrima cubierta”.

Esta película rezuma patetismo poético, heroísmo revolucionario, su latitud y su longitud son poetizaciones del pecho esclarecido de Javier Heraud.

Yo también me siento poeta, me reconozco poeta, y me interrogo sobre la razón del porqué de nuestros pasos, nuestro caminar, nuestros pensamientos, son tan diferentes, del porque nos sentimos tan extraños a los nuestros.

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