Concentración de ADAVASYMT celebrada esta tarde en la Plaza de Fuente Dorada. Foto: J.O.
Concentración de ADAVASYMT celebrada esta tarde en la Plaza de Fuente Dorada. Foto: J.O.

“Las estadísticas que barajan las autoridades y los juzgados desconocen y ocultan parte de una realidad social. La obligación de la sociedad y la del Estado es actuar sin dilación, actuar conforme al rigor y la verdad y no tolerar discursos que niegan la violencia hacia las mujeres por el solo hecho de ser mujeres”. Este ha sido el mensaje final del manifiesto que hoy se ha leído en la Plaza de Fuente Dorada en la concentración mensual que convoca la Asociación de Ayuda a Víctimas de Agresiones Sexuales y Malos Tratos (ADAVASYMT).

En esta ocasión, el colectivo, tras recordar a las víctimas registradas desde la última concentración, han hecho hincapié en las agresiones cotidianas que las mujeres sufren a diario.

“Si aquí hiciéramos una rueda de palabras, es bastante probable que cada mujer pudiéramos contar una, o unas decenas, de situaciones de violencia sexual vividas en nuestros propios cuerpos. Y si no lo hacemos es porque contarlo nos supone un calvario añadido porque se nos acaba juzgando a nosotras, se nos hace sentir vergüenza y culpa o incluso se nos niega que haya ocurrido”, se ha reflexionado tras comentar la iniciativa que se lanzó en abril de 2018 bajo el hashtag #cuéntalo y que puso de manifiesto “la enorme dimensión de la violencia contra las mujeres”.

Participantes en la concentración de ADAVASYMT. Foto: J.O.
Participantes en la concentración de ADAVASYMT. Foto: J.O.

Estos han sido algunos de los testimonios que se han leído:

“El año pasado, con 23 años, volviendo a mi casa un martes a las once de la noche, una furgoneta empezó a circular muy despacio a mi lado. Me alejé lo que pude de la carretera. Si yo aceleraba, la furgoneta aceleraba. Si paraba ella también. Salí corriendo en dirección contraria”.

“Profesor de matemáticas de EGB se paseaba entre los pupitres haciendo cosquillitas cerca de las tetas a las alumnas. A los chicos nada. Era algo conocido en el Centro y en el pueblo. Nunca se hizo nada. Se jubiló con honores”.

“16 años, con dos amigas en una cala solas, un señor malescondido masturbándose mirándonos, salimos corriendo mientras nos tapábamos”.

“No podría decir cuántas noches he pensado que me iba a pasar algo camino a casa. Y el alivio que sientes cuando cruzas la puerta”.

“14-15 años. Escuchar a amigos llamar "guarras, putas, zorras" a tus amigas sólo porque se liaban con otros chicos”

“Un día tuve que salir corriendo de su oficina porque era eso o ser violada. Lo cuento yo porque mi amiga aún tiene vergüenza”.

Yo perdí la cuenta de las veces en las que algún hombre me intimidó por la calle con sus "piropos". A menudo iba con chandall o con jersey de cuello alto. Hoy no me callo y hago unas peinetas monísimas.

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