No es que quiera meterme con una ong pantagruélica, políglota y planisférica como es Cruz Roja, pero es que sus publicistas lo ponen realmente fácil. Se trata de los lemas de su sorteo de oro 2016. Por falta de uno, son 10 y vale la pena leerlos todos, para que la risa que provocan sea contagiosa y expansiva. Empecemos, y que las intersecciones tendinosas y los músculos intercostales del abdomen no se desbarajusten por ello:

Números que acaban con la soledad (¡Ja!)

Números que acaban con la indiferencia (¡Ja, ja!)

Números que acaban con el abandono (¡Ja, ja, ja!)

Números que acaban con el maltrato (¡Ja, ja, ja, ja!)

Números que acaban con la necesidad (¡Ja, ja, ja, ja, ja! ¡Ay!)

Números que acaban con la exclusión (¡Ja, ja, ja, ja, ja, ja! ¡Ay, ay!)

Números que acaban con el hambre (¡Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja! ¡Ay, ay, ay!)

Números que acaban con la pobreza (¡Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja! ¡Ay, ay, ay, ay!)

Números que acaban con la injusticia (¡Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja! ¡Ay, ay, ay, ay, ay!)

Números que acaban con la desigualdad (¡Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja! ¡Ay, ay, ay, ay, ay, ay!)

La verdad es que cuando me topé con este histrión de campaña me produjo más asco que risa, pero confío haya personas flemáticas que puedan tomárselo saludablemente a risa. En la web de la ong se explican: «Es un guiño a las famosas “terminaciones”, en su doble sentido: un número que termine en… ya que siempre tenemos un favorito, por algún motivo personal. Y que a la vez sea un número solidario capaz de acabar con… la pobreza, la desigualdad, la injusticia..» En fin, no repito los '¡jas!' para no aburrir en demasía.

Lo impactante, no obstante, es ante todo la oración que se repite: «números que acaban con». Imagino que está sobradamente analizada y estudiada por sus proponentes. Primero, se da una personalidad político-revolucionario a los números, estos son los auténticos sujetos de la anhelada transformación social en pro de una sociedad emancipada de las lacras sociales, consecuentes todas ellas de la gobernanza capitalista que padecemos. Segundo, los números y sólo los números, en un juego matemático que ninguna mente preclara había advertido, tienen la capacidad de acabar de una vez por todas con dichas rémoras, pues «acaban con» en un aquí y ahora.. muy próximo, en un presente que será.. si compras los boletos de la cruz roja. Y tercero, han seleccionado supuestos males tanto ético-individuales como socio-económicos y colectivos, para contentar a todas las sensibilidades, imagino.

Acabar con la soledad es un absurdo metafísico; hay quien prefiere estar sola, y a casi todas nos gusta gozar de un tanto de soledad, de vez en cuando.

Acabar con la indiferencia, sin especificar de qué ‘indiferencia’ se trata, es convertir a esos números mágicos en unos dictadores, pues ser indiferente o no es atributo de cada cual, intencional a veces y otras inconsciente.

Acabar con el abandono ¿de qué o de quién?; hay animales domésticos abandonados, el medio ambiente está abandonado a la voracidad contaminante, las desempleadas están abandonadas a su suerte, hay infantes y ancianas abandonadas...

Acabar con el maltrato ¿animal, infantil, sexista, laboral? es loable, sin duda, pero que hagan público por favor esos números místicos capaces de tal empresa.

Acabar con la necesidad es una perogrullada imposible, pues por la necesidad y la contingencia la especie humana es lo que es: un compendio de intelectos depredadores del planeta y la más estúpida de las especies animales en cuanto a generar violencia y dolor entre sus miembros.

Acabar con la exclusión... es profundo, muy profundo: ¿quién decide quién está o debe estar excluido de dónde?.

Acabar con el hambre, así como acabar con su madrastra la pobreza, supondría acabar con quien detenta la riqueza, pues ésta es la causa de aquella: ¿un mensaje subliminal anticapitalista y subversivo?.

Acabar con la injusticia, cuando legislaciones, estados y élites judiciales se amparan en ellas para subsistir y dominar a las mayorías des-poseídas, es como poco una pretensión de fe. Y si no que se lo digan a Pascu, el trabajador -ahora despedido y en paro- de Iveco que ha recibido de manos de la justicia una patada en el culo, y todo por que su genética le impone una enfermedad degenerativa (ver La Justicia da la razón a IVECO y deja en la calle a 'Pascu' ...escudándose en que no dispone de un puesto que se adapte a sus condiciones físicas).

Finalmente, acabar con la desigualdad, objetivo último de múltiples propuestas de emancipación humana a lo largo de la historia, gracias a adquirir, en el mercadeo de las vana suert, un boleto del sorteo de oro de la cruz roja, es directamente un escupitajo, un exabrupto, un insulto a la mínima inteligencia que se precie de tal.

Debo concluir, pues, a la luz de lo dicho, que la agencia publicitaria que ha diseñado la campaña del sorteo de oro de la cruz roja, considera a toda su potencial audiencia como la más estúpida, imbécil y adocenada de las posibles, con una fe ciega en el dogma sagrado de los números salvíficos. Si ya los medios doctrinales oficiales y las élites políticas nos tienen acostumbrados al nihilismo de cualquier idea-fuerza de emancipación, la cruz roja ha superado este vaciamiento de las palabras con posible carga divergente o reivindicativa y se ha elevado a la más alta cumbre de la banalidad ideológica. El mensaje es nítido: no es necesario luchar en la calle, en los tajos y oficinas contra la desigualdad social, contra las injusticias de los poseedores, .. con comprar los boletos de las cruz roja es suficiente, pues estos detentan los «números que acaban con» tales desajustes estructurales.

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Termino con una hipótesis de política proyectiva, y no confundir con una esperanza: Unidos Podemos, o el PIU como dicen los risueños, será en última instancia reabsorbida y finalmente regurgitada como una Izquierda Unida refundada, tras pasar por el atanor de la confluencia y los laureles electoralistas. Frente a la no-izquierda social-liberal, surgirá con nuevos bríos la neo-socialdemocracia a la hispana, y como aquélla, también ésta se deleitará con las mieles del poder y se topará con los paramales de su gestión. Sobre lo que ni me atrevo a hipotetizar es si las calles, sus luchas y sus gentes, se contentarán con los cantos de sirena o incrementarán sus clamores y sus gritos. Apuesto siempre por esto último, y esto sí que es una esperanza.

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