Velas arcoíris en una concentración de repulsa por la matanza. Foto:  Francisco Valle Brozas
Velas arcoíris en una concentración de repulsa por la matanza. Foto: Francisco Valle Brozas

Como todos sabemos ya, el domingo un energúmeno homófobo entró en una discoteca de ambiente en el centro de Orlando y disparó indiscriminadamente a todas las personas que se encontraban allí, dejando por ahora 50 muertos y 53 heridos. Hay que decirlo bien alto y claro: es un atentado homófobo. Durante estos dos días varios políticos y medios de comunicación se han dedicado a presentar la matanza como un atentado yihadista, incluso llegando a omitir el hecho fundamental de que ocurrió en una discoteca gay y que las personas asesinadas son todas gays. Esto no es casualidad. No se trataba de un yihadista que quisiera atentar contra Occidente y se metió en el primer bar que vio y (¡oh, casualidad!) resultó que era un bar de ambiente. Entre otras cosas porque el asesino había visitado ese mismo bar en varias ocasiones y también tenía perfiles aplicaciones de ligoteo gay.

Se trata de una muestra del terrorismo homófobo que sufrimos las personas de Géneros y Sexualidades Diversas por todo el mundo. Concretamente el domingo en Orlando fueron 50 personas, al igual que ese mismo fin de semana también fue asesinada una mujer trans en la capital de Chile, igual que hace menos de un año en Alicante, igual que la semana pasada fue asesinado un activista GSD en Honduras. No siempre los asesinos son musulmanes, pero siempre son homófobos o tránsfobos. Y así, citando los casos de terrorismo contra la diversidad sexual que conocemos (porque tampoco todos son recogidos por la prensa), podríamos estar horas. En ocasiones ese terrorismo está amparado por el Estado, como en los 75 países del mundo donde aún hoy la homosexualidad es un delito, y en otras ocasiones es ejercido por el propio Estado, como en los 5 países donde se castiga con la pena de muerte (según los datos de ILGA)

Obviar la causa fundamental de este baño de sangre y presentar interesadamente el atentado de Orlando como yihadista muestra que tenemos (salvo honrosas excepciones) un periodismo torticero y manipulador al servicio de intereses políticos que quieren invisibilizarnos a las personas de Géneros y Sexualidades Diversas como víctimas y ya de paso centrar el foco del problema no en la homofobia (verdadera causante de este atentado), sino en una religión concreta. Y es que a muchos les interesa fomentar el odio y el miedo hacia el islam, presentando a todas las personas musulmanas como terroristas que podrían matar a cualquier persona en cualquier momento y lugar. Como si la homofobia no fuera el denominador común de los discursos de todas las religiones mayoritarias, como si los neonazis no fueran (todavía hoy) los principales agresores y asesinos de las personas de Géneros y Sexualidades Diversas.

Sí, el presunto asesino era musulmán y el Daesh se ha reivindicado el atentado, pero eso no significa que perteneciera a ninguna organización yihadista, como explica Victoria Luna en este artículo. Además, hasta el padre del asesino ha reconocido que su hijo era un homófobo que insultaba a las parejas gays con las que se cruzaba. Pero claro, si ciertos sectores reconocen que es un ataque homófobo no pueden utilizarlo para promover su agenda política de recortes de más derechos y más libertades utilizando como excusa el terrorismo yihadista.

En esta línea, el atentado de Orlando evidentemente tiene más repercusión mediática porque es más mortífero sangriento, pero también porque se ha producido en Occidente y porque lo ha llevado a cabo un musulmán (así pueden manipularlo bien). Cuando un atentado, una masacre o una catástrofe de cualquier tipo se produce en Occidente (Europa Occidental y Norteamérica), sale en todas las portadas, en todos los telediarios y en todas las redes sociales. En cambio, si algo de la misma magnitud o superior ocurre en África, Oriente Medio o Asia, casi ningún medio de comunicación (desde luego ninguno de los grandes) se molesta en mencionarlo. Es como si no nos importara el 90% del planeta. Nosotras a lo nuestro. Pero aunque pasemos de ello, el terrorismo contra la diversidad sexual se sigue produciendo por todo el mundo, es un serio problema que afecta a todas las sociedades y debemos combatirlo. Ignorarlo o manipularlo disfrazándolo de yihadismo desde luego no contribuirá en nada a su erradicación.

Por último, me gustaría dirigirme a todas las personas que habitualmente cada vez que se produce un atentado se ponen la bandera de país afectado (Recientemente, Francia o Bélgica. No sé si ahora tocará la de EEUU, aunque sería más adecuada la arcoíris) en sus perfiles de redes sociales o más concretamente en esta ocasión han usado el hashtag #PrayForOrlando. Es genial que mostremos nuestras condolencias y nuestro apoyo a las víctimas mediante gestos simbólicos, pero ni los hashtags ni los rezos ni las banderas les van a servir de nada a las personas que ya están muertas por culpa del último atentado homófobo. Lo útil sería que esto no se volviera a repetir. Por eso necesitamos que las instituciones se impliquen en la lucha contra los delitos de odio, porque la igualdad de derechos no basta, hay que luchar contra el odio. Todas las personas a las que nos asquea este atentado debemos levantarnos y luchar contra la homofobia estructural de nuestra sociedad. En nuestro entorno, en nuestro día a día, en los espacios en los que nos movamos debemos educar en la igualdad y el respeto. Es una labor que nos concierne a todas las personas (sí, digo todas, personas heteros y cis incluidas), porque si no eres parte de la solución eres parte del problema.

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