Toda lengua supone la existencia de un acuerdo tácito entre sus hablantes sobre el contenido semántico de las palabras que forman su léxico, o al menos de las que emplean una mayoría de ellos. Acuerdo sencillo cuando se trata de objetos o actividades de la vida cotidiana, más complejo para las palabras prestadas de las diversas jergas especializadas. En el caso de las que provienen de las ciencias naturales parece claro que su uso fuera de ellas debe entenderse como a lo sumo metafórico. “Catalizador” o “agujero negro” se emplean en contextos que alguien que haya estudiado química o teoría de la relatividad considerara probablemente incorrectos. Somos conscientes de ello y la ambigüedad no parece representar un mayor riesgo de confusión social.

Más peligro representan las palabras que derivan de las ciencias sociales y del comportamiento, porque en ese caso los términos prestados no son percibidos en su uso común como metáforas. La polémica desatada cuando Pablo Iglesias Turrión se definió como socialdemócrata me parece un ejemplo claro de la confusión anterior. Debo empezar por aclarar que no conozco personalmente al declarante e ignoro por tanto el grado de fiabilidad de su aserto y que no pretendo entrar en la pertinencia de tal declaración en aquel momento concreto. Lo que me sorprendió fue las respuestas públicas que produjo. Susana Díaz comentó, por ejemplo, que lo lógico es que pidiera el ingreso en el PSOE.

Ahí si que el asunto empezó a preocuparme. No por el Sr. Iglesias claro está, sino por mí mismo. Como saben cuantos me conocen me he declarado socialdemócrata infinidad de veces. Ingenuo de mí, para autodefinirme había recurrido al diccionario. Éste, para la voz “socialdemócrata” remite a “socialdemocracia” que a su vez define como “movimiento político que propugna un socialismo democrático y reformista”. Nuevas búsquedas nos dicen que “socialismo” es un “sistema de organización social basado en la propiedad y administración colectiva o estatal de los medios de producción y distribución de bienes”, que “democracia” es una “forma de gobierno en que el poder político es ejercido por los ciudadanos”, y “reformista” es quien “propugna el cambio gradual y pacífico de una situación política, social, religiosa, etc…”. En ningún caso la pertenencia al PSOE parecía contemplada.

¿Aunque no apareciera en el diccionario, sería dicha afiliación condición necesaria como afirmaba la Sra. Díaz? ¿Sería cuando menos suficiente?¿El PSOE defiende la colectivización de la producción y distribución de los bienes? ¿Cómo saberlo si nunca he pertenecido a dicha organización? Sólo podía dar una respuesta indirecta: deducir que es lo que defiende a partir de lo que hace. ¿Durante los periodos de gobierno de dicho partido aumentó la propiedad colectiva o estatal de los medios de producción? Un somero repaso a nuestra historia reciente me convenció de lo contrario: SEAT, ENASA, ENSIDESA…y partes significativas de Argentaria, Telefónica, Endesa, Enagas habían sido privatizadas siendo presidente el Sr. González Márquez. Incluso cuando el riesgo de quiebra del grupo RUMASA había llevado a incorporar al patrimonio público algunos bancos y muchas empresas no financieras, fueron rápidamente reprivatizadas, no sin que antes el erario público les inyectara 600mil millones de pesetas del año 1983.

En fin que todo apuntaba a que la pertenencia al PSOE, no sólo no es condición necesaria para ser socialdemócrata sino que implicaba la negación de dicha adscripción. Bueno, me dije, no llegues a conclusiones apresuradas. Quizá la clave está en el gradualismo al que se alude en la definición de reformista. Quizá están permitiendo que los ricos ganen más pero haciéndoselo pagar en impuestos. De nuevo un vistazo a nuestro pasado fiscal me sumó en la perplejidad. El gobierno del Sr. González heredó de la UCD un IRPF con un tipo máximo del 65,5%. Con el Sr. Solbes, siendo ya presidente el Sr. Rodríguez Zapatero, había bajado ya al 43%...y de él habían sido excluidos los dividendos de acciones, púdicamente calificados como “rentas del ahorro”, que tributaban a un tipo único del 18%. Digo tributaban, porque primero la Sra. Salgado y luego el Sr. Montoro se vieron obligados a subir los tipos y a escalonarlos (un poco), porque en otro caso, a pesar de los recortes, el déficit público hubiera alcanzado magnitudes ciclópeas.

Puedo considerar gradualista la política del PSOE en temas como la interrupción del embarazo o los derechos de los homosexuales: los gobiernos del Sr. González entreabrieron una puerta y los del Sr. Rodríguez Zapatero facilitaron un paso cómodo por ella. Digno de todo aplauso, sin duda. ¿Suficiente para considerar su acción política como socialdemócrata? Ciertamente arrostraron ambos las amenazas de condenación eterna de Monseñor Rouco, pero no tengo la sensación de que incomodaran demasiado al Sr. Botín. Dicho esto con prudencia, porque yo, al contrario que la Sra. Díaz, jamás tuve una relación fluida con el difunto banquero.

Al final la clave va a estar en lo que le dice Humpty-Dumpty a Alicia en su debate semántico…”Cuando yo uso una palabra –insistió con un tono más bien desdeñoso-quiere decir lo que yo quiero que diga…, eso es todo”. Ante las protestas de Alicia, decidida defensora del valor comunicativo del lenguaje, el ilustrado personaje apostilla: “La cuestión es saber quién es el que manda…, eso es todo”.

Quizá para conseguir el tono ingenioso del personaje tuviera que mejorar algo, pero en todo lo demás ¡Qué gran Humpty-Dumpty haría la Sra. Díaz!

1 comentario

  1. Me gustó el artículo. No tengo buena memoria y me ha sido útil el desglose de datos que nos refieres. Conclusión: "Poder o no poder: qué le vamos a hacer.
    Un abrazote, Andrés.

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