La desmemoria selecciona lo que permanece en el recuerdo. Sólo me queda una impresión escénica, un proceso discursivo, una interacción social a dúo: él conmigo y yo con él.

Este era el proceso con el que Luis y yo establecíamos una conversación, era nuestro -y su- particular rito para el diálogo:

1.- Sin casi saludos previos y sólo la mirada como reconocimiento, Luis comenta algúna hecho, noticia o evento de la actualidad política, a partir de aquí y durante unos pocos minutos se genera entre ambos un puntilloso, virulento, vehemente e hiperenergético análisis crítico de tal hecho, noticia o evento político (que bien podía ser de política internacional, nacional o local, o bien de política de partidos, o bien de política económica, o bien de política cultural o incluso de política religiosa, el caso a desmenuzar sin miramientos era siempre algo emanado – o sea impuesto- en alguna de las múltiples instancias e instituciones de lo que en sentido amplio llamamos Estado y aledaños).

2.- Tras no más de cinco a diez minutos como mucho, de ejercitar nuestra violencia verbal y nuestro pensar hipercrítico contra las mentiras y artificios de la política, se producía un corto período de silencio, de relajación acompañado de unos tragos del alcohol que cada cual bebiera en ese momento. Este descanso no duraba más de uno o dos minutos, y nos preparaba para el siguiente y definitivo asalto.

3.- Yo, creo que generalmente era yo, aludía a alguna lectura poética última, y Luis repentinamente parecíase transfigurado: una leve sonrisa asomaba calma en su rostro y el tono de ambos se pausaba, las frases se dilataban en el tiempo, los silencios formaban parte de la conversación, unos comentarios invitaban a otros, independientemente de la autoría, de la obra y de la época con la que se inició el diálogo. En este apartado tengo la vaga sensación de que ambos escudriñábamos algún misterio por hoyar o inventar. Y los minutos se sucedían lentos uno tras otro hasta que alguien del entorno reclamaba nuestra atención, la mía o la suya, apeándonos del tránsito poético en el que ambos nos encontrábamos cómodamente instalados.

Ahora bien, si alguien me preguntara por los temas políticos con que iniciábamos este rito dialógico o por autores u obras poéticas con las que finalmente proseguíamos, no soy capaz de referir nada concreto al respecto. Con la perspectiva del tiempo distante, lo relevante al menos para mi, es lo que me queda: el paso de la política a la poética, de la sintonía antiautoritaria contra la estupidez atávica de la dominación política y sus secuelas siempre injustas, a la rebelde fluidez de la poesía y sus polimórficos modos de crear y recrearse. Obviamente teníamos algunos puntos de acuerdo y también de cordial disenso, tanto en lo político como en lo poético: en lo político el anarquismo como base, enfáticamente individual y antipolítico en él, más social y organizativo en mí; en la poesía nos unía una cierta poética del juego, y la ausención de que escribir es o debe ser de un modo u otro un ejercicio contra toda autoridad y sus poderes, sin vindicar por esto una poesía política, al contrario e irónicamente más una política poética, es decir, reirse y demoler normas hasta mancharse. Este debate, no obstante, nunca lo finiquitamos, quedábase abierto, y sin cerrar lo dejo.

Seguro que Luis con este proceder peripatético, dialogaba igualmente con otros, pero casi siempre a dúo, pues Luis como ácrata que fue, renegaba de las sociabilidades impuestas, fue uraño con los buscadores de parabienes, y podía ser llamativamente desagradable con quienes se acomodaban a los estrechos trocitos de poder que como migajas se solían repartir en la llamada transición política. Se automarginó, y se autoexilió en plena fiesta del cambio social que nunca llegó. Y desde su acracia interior retomó su compromiso militante con las luchas de la calle, especialmente la insumisión contra la conscripción, y en la última década de su vida volvió a estar afiliado en la CNT, con la que siempre se sintió afín.

Pasquau apostillado

la desmemoria no olvida, sólo reboza los huecos con imágenes futuras.

 

Orden, Justicia, Ley…. Supremo orgasmo

            rito de absolución al desamparo: de la incorrección política

a la insurrección poética o fango o tango o

swing mórbido lodo arrebolado.

 

en el Abismo del Conocimiento, en la letal Sima del Saber.

            un agrio rigor gramatical vomita pronósticos hermosamente cumplidos

desdeña con saña profética la

oscura mudez de la mentira.

 

«Se nace, se intercambian fluidos, se muere».

Ejercitar la vida: líquidas vísceras, caderas aéreas, profesión carnal de ron y tabaco

escanciar los flujos musicales de la ira

 

cuando en la decadencia residía la belleza

            atrás no hay más - siempre adelante- huellas rastros fósiles quebrados

apenas esbozos de una ternura ciega en las esquirlas del desierto

 

            máscara de un sueño que nunca fuiste

            se desliza -la poesía- inquieta entre las sábanas

a horcajadas el sexo deslumbra la muerte efímera

           

            pues como el granito cuando el temporal lo descompone

            también en el sueño la materia triunfa

            y las virutas del silencio claman en el vértigo de las fieras

 

quizás somos ácratas en el resplandor tras la lluvia

quizás nos confundamos en los harapos de la injusticia

quizás profanamos con manos de cera la altísima hondura

por la que somos tú - sin prisas- con la vieja luna y su lascivia

 

            Desobediencia. La pequeña gran esperanza. Loor a los rebeldes.

- Proseguimos…

21 marzo 1997

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