La buena noticia del Nobel de literatura 2019 para Peter Handke llega cuando el gran público en nuestro país casi ha dejado de leerlo. Hasta muy avanzados los 90, Handke no sólo era casi incontestable, sino que estaba omnipresente en librerías. En realidad estaban omnipresentes tanto Handke, como el también austríaco Thomas Bernhard, que eran casi como dos caras de la misma moneda, aunque en aquel momento aparecieran, en simple apariencia, como contradictorios. Hoy al releerlos, o rememorar su lectura, resulta que tenían más en común de lo que les separaba.

Un Nobel para Handke. En realidad, cuando tanto lo leíamos a finales de los 80 o inicios de los 90, era como si ya tuviera la categoría de Nobel. Primero con el impacto de las primeras lecturas como las obras de teatro “Insultos al público” o “Kaspar”, la obra de teatro sobre el adolescente Kaspar Hauser, que se crio en completo aislamiento y un día apareció en las calles de Núremberg, con aspecto descuidado y sin hablar. Con “El miedo del portero al penalti”, donde el fútbol no era más que una excusa del título para hablar del hombre que pasa del todo a la nada sin nombrarlo. La “Carta breve para un largo adiós” o “Desgracia indeseada”, donde estaba presente el drama de la madre suicida.

Luego vendrían, ya en los 90, los falsos “ensayos”, como “Ensayo sobre el cansancio” y “Ensayo sobre el jukebox”. En este último nos sorprendería por vez primera con su presencia por Burgos, Logroño y sobre todo Soria, de la que declararía haberse convertido en un verdadero entusiasta, e incluso seguir las andanzas del Numancia, subiendo y bajando en la Liga española.
Todo ello hasta más allá de mediados los años 90, cuando con la aparición de “Un viaje de invierno a los ríos Danubio, Save, Morava y Drina (o Justicia para Serbia)“, cayó en desgracia, criticado, según se dijo, por lavar la cara a los serbios. Ese sambenito le había perseguido desde entonces como una maldición.

Pese a nuevas publicaciones, su presencia no volvió a dominar el espacio literario como lo había dominado antes. De esta última etapa es “La pérdida de la imagen (Por la Sierra de Gredos)”, de 2002, donde el personaje aterriza en el aeropuerto de Villanubla para desplazarse y perderse por la Sierra de Gredos. También “Ayer de camino”, de 2011, donde recorre de nuevo tierras de la Península, con reflexiones donde justifica sus posiciones de apoyo a los serbios. Handke volvía sobre la herida.

Este Nobel hace justicia sobre el peso y la enorme influencia de la literatura austríaca de finales del siglo XX, con las dos figuras fundamentales de Handke y Bernhard. Aunque yo añadiría con ellos, en una terna, aunque sea alemán, a Sebald, por su estilo y su modo de plantear la novela.

Sobre la escritora polaca Olga Tokarczuk, la premio Nobel de literatura correspondiente al año 2018, que no se falló el año pasado, al no haberla leído (tiene tres libros publicados en castellano) tengo lamentablemente poco que decir, más allá de su ecologismo y su oposición a los gobiernos de derecha de los últimos años en Polonia. Pero las informaciones que se difunden invitan con claridad a la lectura.

No hay comentarios