“Diligencia en la obra menor” prometía Manuel Saravia antes de ser concejal de urbanismo en la campaña de las elecciones municipales de 2015 y, desde luego, a cuatro años vista, se puede decir que ha cumplido su promesa. Es algo que ha sido muy evidente en Valladolid desde que la alcaldía cambió de color político: la presencia constante de pequeñas obras en todos los rincones de la ciudad. Desde el rebaje de un bordillo y el cambio de unas farolas hasta la renovación de las tuberías o la plantación de nuevos árboles. Esta abundancia de pequeñas obras, a mí al menos, me produce una sensación muy agradable. Me recuerda que hay alguien ahí arriba preocupado por todos esos detalles que tanto hacen por el bienestar de las personas. Con ello, la ciudad da la impresión de ser más amable, es como si la ciudad nos cuidase.

Yo creo que esa actitud de cuidado y de atención a lo pequeño es muy importante, porque demuestra algo que, por desgracia, es poco habitual en la política de nuestro país: el respeto por el pueblo al que se gobierna. Los concejales de Valladolid Toma la Palabra han aplicado constantemente esta idea en todas sus propuestas: apoyo al deporte de base, a la agricultura cercana, a los contratos a empresas locales, al comercio de barrio... Y esa es, también, la actitud interna de la candidatura: presencia constante en las calles, protagonismo de los vecinos y vecinas de la política de base, listas abiertas y programa participativo…

Curiosamente, lo grande no ha dejado de funcionar en Valladolid porque el Ayuntamiento haya prestado atención a lo pequeño: la economía de la ciudad se ha comportado estos años un poco mejor que la de la región…y ¡hasta el Valladolid subió a primera! Tampoco la apuesta radical de VTLP por la democracia interna ha hecho que la candidatura se enzarce en divisiones, todo lo contrario: ha conseguido ser enormemente sólida.

Pero esto no debe extrañarnos, porque cuando la base del cuerpo social --eso que llamo lo pequeño-- está sana, lo grande termina creciendo por sí mismo. Lo malo es cuando se intenta hacer lo contrario: cuando se sobrexplota la base social para salvar a las elites, porque entonces se puede conseguir que la sociedad entera se desplome como un gigante con los pies de barro.

España ha estado regida muchas veces durante su historia por gobernantes que sacrificaron su base social en aras de las elites. Probablemente porque el pueblo español es dado a dejarse llevar por líderes aparentemente fuertes, que presumen de los oropeles de los grandes negocios y los grandes proyectos. Abundan entre nuestros políticos quienes usan más la arrogancia y la prepotencia que la buena educación y el razonamiento. El pueblo español debería estar ya vacunado contra este estilo de gobierno porque ya hemos tenido demasiados grandes proyecto fallidos: aeropuertos sin aviones, polígonos sin empresas, y proyectos de soterramiento de ferrocarriles que nunca se soterraron…

Yo creo, además, que esta actitud de respeto a lo pequeño es especialmente importante en nuestra tierra castellana. Vivimos en una tierra modesta, de suelos frágiles y lluvias escasas. A los habitantes de esta meseta nunca nos ha venido muy bien volcar nuestras energías hacia grandes aventuras expansivas que nos agotan y dan escasos rendimientos. La actitud de respeto a lo pequeño resume las mejores virtudes de nuestros abuelos y abuelas: esa capacidad que tenían para arreglárselas con poco, para ser austeros y, sin embargo, un pueblo alegre, capaz de hacer el baile con unas cucharas o una pandereta. Castilla se formó en su día desde sus ayuntamientos, desde sus democráticos concejos abiertos. Por eso sólo desde sus ayuntamientos y desde la democracia y el respeto al pueblo puede ahora superar los enormes problemas que acechan a esta tierra despoblada.

Esperemos que Valladolid sepa seguir apostando por sí misma, creyendo en sí misma y votando a todas esas pequeñas-grandes personas de la política de base que alimentan Valladolid Toma la Palabra. Yo, desde luego, apuesto por ellas, porque tengo muchísimas ganas de ver cómo todas esas pequeñas-grandes ideas que contiene el programa de VTLP y han sido elaboradas con las aportaciones de cientos de vecinos y vecinas se van haciendo realidad durante los próximos años.

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