Nada es eterno. Todo necesita ser revisado para su adaptación a los nuevos tiempos. Camino de la cuarentena, la Feria de Cerámica y Alfarería de Valladolid (abierta hasta las 22 horas del domingo 11) se encuentra, desde hace tiempo, pidiendo a gritos un cambio de rumbo en sus planteamientos. De no hacerse corre el riesgo de convertirse en un Gran Bazar Chino.
La Feria de Cerámica y Alfarería de Valladolid es cita obligada en los festejos de la ciudad, desde aquel septiembre de 1978 en el que unos pocos alfareros llegados desde distintos lugares de Castilla y León, y de avanzada edad en su mayoría, se reunieron en la Plaza del Poniente para mostrar sus cacharros concebidos para uso popular. La iniciativa, nacida de forma particular, fue creciendo y la Asociación de Ceramistas Vallisoletanos (ACEVA) asumió la organización hasta hoy, sin apenas introducir modificaciones.
Los alfareros lógicamente han ido perdiendo presencia en la Feria y su espacio ha sido ocupado por ceramistas, muchos de ellos carentes del más mínimo sentido estético. De la docena de pioneros que empezaron desparramando sus cacharros por el suelo -entonces no había casetas- se ha pasado a casi 80 expositores procedentes de Castilla y León (41), Asturias (9), Madrid (5), Cantabria (2) y uno de Barcelona, Ciudad Real, Pontevedra, Badajoz, Toledo, Sevilla, Córdoba, Granada, Jaén, Castellón y Vizcaya. Más 5 de Portugal, de los que hablaremos más adelante.
Se trata de una amplia representación del panorama alfarero y ceramístico de la Península Ibérica, suficiente para sacar unas mínimas conclusiones. La primera, una obviedad: que la alfarería se extingue. Son muy pocos los alfares vivos y todavía muchos menos los que siguen haciendo lo que aprendieron, trasmitido de generación en generación. Otros han evolucionado hacia campos que mejor nunca hubieran hecho, poniendo en serio peligro el futuro del certamen, a no ser que lo que se pretenda es convertirlo en un Gran Bazar Chino donde, con el pretexto de la cerámica, se puedan comprar relojes, percheros, deja llaves, pendientes, lámparas, cuadros, collares, un no sé qué... A cual más hórridos.
Hay un ejemplo muy claro: Moveros, centro alfarero zamorano del Aliste de primera magnitud por la calidad y limpieza de su arcilla y sus virginales formas, como su inconfundible y único cántaro -de boca estrecha y cuello escindido-, que unos desaprensivos zoquetes han prostituido para hacer unas cosas que cubren de 'betún negro' y rompen a su antojo para dar una supuesta utilidad como florero. O en lugar de hacer tinajas fabricar cerditos. Dirán que se trata de vender, que hoy nadie va a la fuente a por agua, que el botijo no tiene sentido cuando hay frigoríficos No Frost, que las viviendas de la ciudad son reducidas y no hay espacio para objetos 'inservibles', ecétera, ecétera... Como el de Moveros, podría ponerse el caso de Pereruela, en tierras de Sayago, cambiando la producción enfocada al agua por la del fuego. ¡Quién no ha oído hablar de las cazuelas de Pereruela! Pero por mucha segunda residencia con barbacoa incluida, la inmensa mayoría no asa el lechazo en horno de leña sino de butano o eléctrico.
Por no hablar de Jiménez de Jamuz y sus pitos infantiles, que nada aportan salvo convertir a ciertas horas la Feria en un insufrible campo de chicharras.
Sin embargo, no todo está perdido, como lo demuestran el taller de Granada, fiel a una tradición en formas y motivos decorativos, y ZINCCO, de Boecillo (Valladolid), que desde lo artesanal dio el salto a lo industrial pero manteniendo unas formas tradicionales y sobre todo una calidad y una estética cuidadas
Portugal
Siniestro Total popularizó el grito de 'Menos mal que nos queda Portugal'. Es cierto que el país vecino, tantas veces injustamente ignorado, es una referencia de trabajos en cerámica, con sus maravillosos azulejos para disfrute público. También lo es en la alfarería, como la gran Rosa Ramalho (São Martinho de Galegos, 1888-1977), creadora de figuras color miel que representan los siete pecados mortales, cristos, belenes, cabezudos, figuras fantasiosas, trovadores y su 'cabra aculturada', que recuerda a las de Picasso. Su aportación encontró continuidad en su nieta Júlia.
Otro ejemplo fundamental es el de Misterio, alfarero que ha conseguido hacerse un nombre también en la zona de Barcelos, donde han surgido iconos como el gallo, símbolo de Portugal y las coloristas orquestas bajo templete.
Un poco de todo esto nos trae Pedro Riobono, de Bailhamedeus (Aveiro). Sus creaciones parten de la fantasía y el esperpento, que se puede resumir en su 'sagrada cena' de borrachos. Una delicia. En la caseta se pueden admirar y comprar piezas de su mujer Carla Mota, en otra línea pero también de interés.
La representación portuguesa se completa con Catalina Lourenço (Caldas da Rainha), Guiomar Ferreira (Viseu), Jose Dias (Beja-Alentejo) y Olaira Isabel Lacerda (Coimbra), a los que en general podría hacerse extensible algunas de las consideraciones anteriores sobre el feismo, mal gusto... que caracteriza la producción sobre todo de la citada en último lugar.
Futuro
Sí la Feria de Cerámica y Alfarería de Valladolid, que es la mejor que se organiza en todo el territorio en opinión de sus participantes en cuanto a ubicación (Paseo Central del campo Grande), asistencia de público, ventas, etc., tiene una serie de problemas, qué no tendrán el resto que florecieron como hongos en la década de los 90 para llenar programas de festejos.
ACEVA , además de potenciar los talleres para acercar la arcilla a los niños y mantener el Concurso de Cerámica Ciudad de Valladolid, que va por su XXI edición, debería repensarse la Feria y, como primer paso, ser más exigente a la hora de seleccionar a los participantes ante la más que seria amenaza china.
















