Javier Moreno, Ricardo Hernández, Orosia Castán y José Luis Sánchez, en Ateneo Republicano. FOTO: Gaspar Francés
Javier Moreno, Ricardo Hernández, Orosia Castán y José Luis Sánchez, en Ateneo Republicano. FOTO: Gaspar Francés

Los autores de 'El cacique de Grijota abraza el fascismo. Ideología e imagen de Abilio Calderón Rojo' presentaron en el Ateneo Republicano de Valladolid un libro de poco más de 130 páginas que ha levantado ampollas, sobre todo en Palencia, donde nació el protagonista objeto de estudio. Con la presentación, introducida por la historiadora Orosia Castán, ha dado comienzo un nuevo curso de los 'Jueves Republicanos'.

"El libro es una pieza importantísima por muchas razones -su portada, la procedencia de sus autores, etc.- pero sobre todo lo es, por su verdad", dijo Orosia Castán en la presentación del libro: 'El cacique de Grijota abraza el fascismo. Ideología e imagen de Abilio Calderón Rojo', con calle, busto y puente en la capital palentina.  [Su nombre acaba de ser eliminado de la localidad de Ampudia, según informó un asistente a la charla].

Castán cuestionó a los que sostienen que la verdad no ayuda a ser mejores, he hizo hincapié en que "la verdad es un derecho de los ciudadanos", para a continuación hacer extensible la figura de Abilio Calderón al resto del país, "como símbolo de todo ese entramado que sujeta la situación de hoy: oportunista, conseguidor... y cooperador necesario para la consumación de los crímenes del Golpe del 36, que a cualquier persona decente y honrada le repugna".

La  historiadora aludió a las estructuras económicas y al aparato del Estado, para acabar preguntándose "cómo es posible que se nos haya engañado hasta ese punto".

José Luis Sánchez García es el editor del libro -(Region Editorial)- y responsable del capítulo 'Carrera y ascenso político' de Abilio Calderón (Grijota, 1867; Palencia,1939), el 'diputado permanente' que en el primer tercio del siglo XX se favoreció "por las finanzas, la industria y la propiedad agraria, bendecida por la Iglesia y la beneveloncia de los mandos militares", según se lee en la solapa de la publicación.

"Pero la irrupción republicana", se sigue leyendo, "amenazará directamente su supervivencia y los protagonistas destronados darán un paso al frente para recuperar una vida de césares con todas sus consecuencias y contradicciones, reivindicando ahora un nacionalismo retórico dentro de una coreografía fascista, patrocinada por la jerarquía eclesiástica, con un nuevo estilo ardiente y combativo. Tras la cortina, estaba la guerra civil".

Sánchez García manifestó que el origen del libro estaba en la recuperación de otro: 'España a hierro y fuego. Diez meses con los sublevados', de Alfonso Camín Álvarez (1890-1982), en el que se recoge un encuentro que tuvo el periodista asturiano con el cacique de Grijota, al que muestra como "inculto y despreciable", dentro de las páginas que dedica a su estancia en Palencia en fechas decisivas, con referencias a la calle Mayor Principal, al Café Central... y sobre todo la descripción del ambiente golpista (página 65 a 103):

"En Palencia no se puede vivir. A todas horas hay que estar con el brazo en alto a la romana. Cada cinco minutos suena el himno de la Falange y hay que ponerse de pie, con la mano desplegada y tarareando esta fúnebre musiquita de una raza cansada: el ritmo del verso, castrado diestramente, mediante la ausencia de una sílaba, a 'Las Golondrinas' de Bécquer: Todo es plagio. El himno. La bandera. Los ademanes:

Volverán banderas victoriosas al paso alegre de la paz

y traerán prendidas cinco rosas. Las flechas de mi haz.

Si hay quien no lo lo alce a tiempo -mujer u hombre- se desenfunda una pistola y se le pone el cañón en el ombligo. Así veréis que el entusiasmo es general y que la raza está de fiesta".

Publico asistente a la charla. Foto: Gaspar Francés
Publico asistente a la charla. Foto: Gaspar Francés

Volviendo al texto del editor, se narra el ascenso del cacique de Grijota, que tras unos primeros escarceos en el Partido Liberal acaba optando por el Partido Conservador, y el control de "los resortes de la vida local y provincial" hasta llegar a exclamar: "Yo no soy menos que Alba". En su carrera política su nombre aparece en Direcciones Generales de Administración Local (1903) y Obras Públicas (1908 y 1913,  gobernador civil en Madrid (1917), ministro de Fomento (1919) y de Trabajo (1920).

"El que era abogado, aunque nunca ejerció, vivió absorbido por el cuidado de sus intereses mercantiles e imagen tanto como de su carrera política, todo uno", afirma Sánchez García que aporta en su libro numerosos datos de sus "mandoblazos y artes caciquiles". Entre ellos, como se hizo con la propiedad de El Diario Palentino. De gran interés resultan las páginas en las que se habla de la llegada de la República que "amenazará con hacer saltar por los aires el sistema caciquil, que por su propia inercia continuaba funcionando", y del papel jugado por el cacique de Grijota, separado de los agraristas y próximo a Gil Robles y la CEDA.

'Cacique corrupto protofascista"

Así definió Javier Moreno Lázaro a Abilio Calderón, al que sus adversarios llamaban irónicamente Habilín. El palentino y profesor de Historia de Economía de la UVa es el responsable, en el libro presentado, del capítulo 'Patrimonio y negocios familiares', con abundante documentación sobre los negocios del cacique de Grijota. 

En el Ateneo Republicano, Javier Moreno aprovechó para comentar el enfado de los nietos del cacique de Grijota con el libro. "Uno no escoge a sus abuelos. Si yo fuera nieto de Calderón, que coadyuvo a la masacre de la Guerra Civil, no me jactaría de serlo", dijo.

Así mismo, el profesor Moreno 'ajustó' cuentas con la ARMH palentina y sus cabezas, entre ellos, la de García Colmenares. Tras calificar de 'Memoria Histérica' dijo: "La memoria palentina es la que está en manos de estas eprsonas que han hecho carrera académica a base de la Memoria Histórica".

En el libro se dice que Abilio Calderón viajó desde Madrid -donde residía- a Palencia dos días antes del Golpe, para concluir:"Muerto a los dos meses del último parte de guerra, no ya sin ver cumplido su sueño de volver a ocupar un ministerio, sino sin percibir la pensión por la cesantía, obigación a la que el gobierno de Franco no se subrogó. Fueron su viuda (fallecida en 1980) y sus hijos quienes pudieron sacar provecho muy sustancioso de los servicios prestado a la causa rebelde".

"¡Que valientes habéis sido por sacar esto!"

Esta frase, dijo el también profesor Ricardo Hernández, que se la han dicho a raíz de la publicación 'El cacique de Grijota abraza el fascismo'.  "Esta es la historia y te dicen: ¡Que valientes habéis sido por sacar esto!  Ochenta años después de que ha sucedido. ¿Qué ha pasado aquí? Se ha echado un manto de tierra".

"La culpa", añadió Hernández García, "es de los profesionales de la Historia que han tragado con todo esto y sobre todo, de los que están en la universidad. Yo tengo una responsabilidad social como profesor universitario. ¿Cuánta gente de Historia Contemporánea está hoy aquí?", preguntó. 

En la sala del Ateneo Republicano nadie levantó la mano.

"Esa es la culpa de los historiadores", sentenció el autor del capítulo 'Adhesión y alineamiento con los golpista', del libro que se presentaba, y que no dejó pasar por alto que se trataba de un personaje que falleció en 1939. "No es un tipo como Fraga que ha estado hasta hace dos días...", manifestó.

Ricardo Hernández vinculó a Abilio Calderón con el Golpe y el Régimen que salió del Golpe. "Hay que decirlo", aseguró, refiriéndose a la ARMH palentina para la que "hay personajes de primera y segunda fila en la que sitúan al cacique de Grijota, que contó que el 16 de Julio de 1936 regresó a Palencia, mientras su hijo -próximo a Gil Robles, de hecho fue su padrino-, se quedaba en Madrid.

"No se puede decir que Calderón estaba ahí con desgana, como dicen sus hagiógrafos", señaló Hernández, que retomó la frase con la que había empezado: "Seré valiente cuando me meta con Valladolid".

Orosia Castán llevó la contraria a Hernández, al que llamó valiente, y aseguró que "la historia de la República en Valladolid está por hacer. No la ha hecho la universidad, ni las instituciones, ni los ciudadanos sin apoyo que luchamos por hacer 'cosillas', con voluntarismo, sin medios... Además no somos quienes tenemos que hacerlo. En esta ciudad hubo unos 3500 asesinados, un tercio está por ahí, en descampados, y se elige ir a una fosa común del cementerio de Valladolid a exhumar cuerpos. Vas allí y allí están, como figura en el libro de registro del cementerio. ¿Pero dónde están los asesinados en Torozos, en la Cuesta de la Parrilla? Eso es lo que interesa". 

Castán también mencionó los seriales que se publican en El Norte sobre hechos pasados. "En uno sobre la llamada cárcel nueva de Valladolid -inaugurada en 1935- se hablaba de los lujosa que era, sin mencionar lo que significó para cientos y cientos de republicanos.

En Valladolid no nos vamos a enterar de lo que ocurrió al 100%, lo dice Orosia Castán. No lo vamos a saber", aseguró la historiadora, que reivindicó la validez de los testimonios. "Estamos cerrando el círculo de la ignominia", finalizó.

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