Como un arma de legitimación en la Ocupación Palestina. Como un arma de destrucción masiva de Derechos Humanos. Como, simplemente, un arma.

Decía el Sr. G.K. Chesterton en 1917 que “los periódicos comenzaron a existir para decir la verdad y hoy existen para impedir que la verdad se diga”. No es nada nuevo. Supongo que ya lo sabían, pero es lo que hay. Sólo que miren por donde existen las cámaras de los i-phone y desde cualquier balcón de los que todavía quedan, podemos ver cómo metódicamente golpean y arrestan en Bab al-Amud (Jerusalén) a niños palestinos de cinco años (Aseel Salahuddin) o como en plena noche se roban una escuelita recién levantada (aportación francesa) y los 15 niños de la aldea (Abunuwar) se ven obligados – una vez más –a dar clase encima de los escombros. Sin contar los muertos, claro. Sin contar los muertos uno a uno, día a día casi minuto a minuto – sin exagerar - en una suerte de exterminio programado que no recurre a los hornos crematorios porque, simplemente, son demasiado llamativos.

O, también, el apartheid. Sí, hablemos del apartheid que vive la población palestina y la parsimonia e hipocresía de la comunidad internacional y la impunidad de la que goza Israel ante la sistemática violación de los derechos humanos. Del cinismo de – por ejemplo – algunos profesores, corporaciones municipales, grupos políticos o artistas de la pista que se abstienen de tomar medidas y prestar su apoyo (pacífico) al BDS 1 porque “las pruebas no son suficientes” ya que, en este caso, ni siquiera les valen las que elabora la ONU. Lo siento, y dicho sea con el debido respeto pero estas gentes son como los monos de Confuncio: Sentados siempre con la mano sobre los ojos. Con la mano sobre los oídos. Con la mano sobre la boca. Sin mover un dedo.

La situación de desinformación existente en torno al apartheid israelí es una de las claves que explican cómo es posible que la ocupación y el sometimiento de un pueblo se siga manteniendo desde hace más de seis décadas sin que suscite ninguna reacción de rechazo definitiva por parte de la comunidad internacional y la sociedad civil.

Pero en esta situación, los medios de comunicación, lejos de cumplir con su función social de control e información juegan en la actualidad un papel activo en el silenciamiento, la distorsión y la legitimación del conflicto2. Quiero que conste sin embargo que me refiero a los medios de comunicación y no a los periodistas. Aún así, sostengo la mayor: los fallos premeditados que se producen en éste modelo de comunicación actual y las repercusiones que este tipo de periodismo tiene sobre la Ocupación o por lo mismo, en cualquiera de los muchos conflictos que a día de hoy se reproducen como esporas en las cuatro esquinas del mundo lo están haciendo perfectamente invivible. Asi que estaría bien preguntarse si esto tiene algo que ver en que las tiradas caigan en picado o qué los periódicos se vayan al carajo. Claro, que la culpa la tiene la desinformación pero también todo lo contrario: porque los pocos que intentan hacer lo contrario es decir, informar, lo único que reciben son buenas palabras, palmaditas en el hombro de lectores agradecidos o de grupos políticos “afines” y no el apoyo económico, no las colaboraciones solidarias que ayuden a sostener el tinglado y a vivir dignamente a quienes lo dan todo por el derecho que tenemos todos a ser informados. Y por favor, por favor que no me cuenten milongas ni lloren al muerto después de haberlo matado. Somos nosotros, todos nosotros. Aquí. Ahora. Estamos todos en esto.

1 Campaña de Boicot, Sanciones y Desinversiones contra el Estado de Israel hasta que no respete los Derechos Humanbos y cumpla las resoluciones de la ONU.

2 Alba Linares Quero. Paz con Dignidad-Biladi

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