En el exterior, los hombres se degradan, se vuelven primitivos, en ejecutores de la guerra digital de las potencias occidentales. En la cueva, la sangre corre con inaudita normalidad, un día se convierte en un año, y un año en perpetuidad.

Desde el cielo de luz mortecina de una ciudad siria cualquiera, la cámara desciende en un travelling vertical hasta las profundidades de la tierra, y una vez hace tope, continúa avanzando en horizontal por entre un laberinto de túneles encofrados de angustia, angostos, demasiado angostos para ser partícipes de la vida.

El objetivo de la cámara parece pretender conducirnos hasta algún lugar desconocido para aquellos que no sabemos de la guerra, que nunca la hemos sufrido, a los que jamás nos ha consternado, amputado o arrancado a algún ser querido.

De esta forma tan hitchcockiana, comienza la película “The cave”, que relata sin ambages las peripecias de un heroico grupo de médicos y asistentes en un improvisado hospital subterráneo en el este de Guta.

La cinta se centra en la figura de la pediatra Amani Ballour, coordinadora de una intrincada red soterrada de salas asistenciales, pabellones y quirófanos en el último baluarte rebelde muy cerca de Damasco.

El director de este documental es el cineasta sirio Feras Fayyad, cuya valía artística está fuera de toda duda, pero ante todo, lo que más destacaría de él es que en su afán de describir las atrocidades cometidas durante el conflicto sirio ha expuesto su vida y ha sufrido torturas indecibles.

Fayyad es el documentalista por excelencia de la guerra de Siria, el cronista más fiable de la truculencia y el pavor causados a sus compatriotas por este conflicto laberíntico, de bastiones y bandos entrelazados.

¿Pero cuáles serían las claves y las verdaderas causas subyacentes a este enfrentamiento supuestamente civil?. Pues bien, en el año 2013 el ex-ministro francés de Relaciones Exteriores Roland Dumas, realizó unas declaraciones sorprendentes en la cadena de televisión francesa LCP, y cito textualmente: ”mis amigos ingleses del gobierno británico me habrían preguntado si quería apoyarles en el intento de desatar una guerra en Siria”.

Por lo tanto, y siempre según esta fuente, la de Roland Dumas, esta guerra estaría planificada previamente por las potencias occidentales del R. Unido, Francia, Alemania, U.S.A, Rusia y sus amos los lobbies de la industria armamentística.

Pero volvamos por unos momentos, y para finalizar, a la película. Secuencias de meseta emocional se alternan con secuencias de pico emocional, el sonido estruendoso y el dolby stereo de los bombardeos, provoca que los espectadores demos un respingo en la butaca, es un acto reflejo que proviene de nuestro prehistórico instinto de supervivencia, estamos hechos para vivir, no para ser explotados, malheridos, reventados o torturados

Se suceden los planos en los que algunos niños entornan los ojos de terror al no saber de dónde les viene la muerte, y si ésta lleva algún contenido, cualquier sustancia a la que se puedan agarrar antes de emitir el último aullido de rabia y de incomprensión ante tanta sangre.

Esta tarde, en los cines Broadway, hemos sido testigos de la guerra en directo, de la demolición de ciudades enteras, y con ellas, de la fraternidad y la voluntad de vivir.

Sin embargo, en la cueva, el posibilismo, la esperanza y la quimera, siguen su curso, se abren paso a paladas de coraje.

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