Estamos ante una película de un intimismo descarnado, es la historia de una mujer arquetipo de Scarlett O´Hara, atrapada entre dos mundos, el de su vida familiar, y el de su afirmación como persona, como mujer, como ser humano.

 La película, dirigida por María Silvia Esteve, una de las hijas de la protagonista, es un derrotero íntimo por la vida de Silvia, una atractiva mujer que vive su juventud en la Argentina de los años 80. En estos años, traba conocimiento y relación con Carlos, un trabajador del mundo de la diplomacia, y tras unos meses de cortejo, se casan justo al finalizar la dictadura del general Videla.

Cumplen el primer aniversario de casados, el tiempo transcurre como si nada, hasta que empiezan a surgir los primeros roces, peleas, conflictos, y una incipiente adicción alcohólica de Carlos.

En la Argentina de aquellos momentos, la concepción que se tenía del matrimonio era netamente patriarcal, machista, de dominación del hombre sobre la mujer en la vida doméstica y en el ámbito público.

Al cabo de un tiempo, el matrimonio se traslada a la legación diplomática argentina en Guatemala, donde nacen varias de sus hijas. Allí se recrudecen los problemas de relación de la pareja, también los de índole económico.

Sin embargo, Silvia se rebela contra todo esto, manteniendo una idealización etérea y fantasiosa sobre la figura de Scarlett O´Hara en “Lo que el viento se llevó”. Junto a sus hijas, visiona la película una y otra vez, desea por encima de todo alcanzar ese ideal de mujer, no el de femme fatal, sino el de mujer valerosa, voluntariosa a la hora de conseguir sus objetivos, firme en su camino para la consecución de tales anhelos.

A lo largo del film, se intercalan sobreimpresiones e imágenes en movimiento de Vivien Leigh interpretando el carismático personaje de Scarlett O´Hara, símbolo y mito del eterno femenino. Estos planos constituyen toda una carga de profundidad intimista y familiar, de homenaje y arrebato emotivo que María Silvia Esteve dirige con mirada en diferido a su propia madre.

Como les decía al principio, este es un trabajo muy personal de la directora, donde nos describe con alma el dolor vital, las barreras, los obstáculos y prejuicios que una mujer de su tiempo,- la de los años 80 y 90 en la Argentina post Videla-, podía llegar a encontrase en el camino de la vida.

Al finalizar el pase de la película, me concedieron muy amablemente la posibilidad de realizar alguna pregunta:

-Pregunta: Quería hacerle dos breves preguntas. En primer lugar, ¿cómo era la Argentina de aquellos años después de la dictadura militar? Y en segundo lugar, ¿la realización de esta película es un intento de testimoniar el dolor que se vivió en su vida familiar, o en cambio, obedece a una forma de catarsis, es decir, de búsqueda de alguna terapia, de algun tipo de redención para este dolor?

-Respuesta: En 1983, cuando mis padres se casaron, ya había finalizado la dictadura de Videla, de todas formas, como vos sabrá, el contexto social con respecto a las mujeres no era el más favorable.

En cuanto a la cuestión del objeto de la película, yo creo que ambas cosas podrían incluirse en cuanto a las motivaciones a la hora de realizarla, por un lado, la necesidad de testimoniar, de hacer pública esta historia, porque cada vez que se proyectan estas imágenes, mi madre vuelve a estar viva. Y por otra parte, la de construir una catarsis, como vos sugirió, una terapia que nos redima de ese dolor, de esa permanente ficción que fueron nuestras vidas, del desarraigo que mis hermanas y yo padecimos durante toda la infancia, de toda la crueldad que había en nuestro entorno.

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