Te sangran los oídos solo de oírlos, sus buenas intenciones, su solidaridad, sus lágrimas derramadas siempre en hora, puntuales como la pleamar, previsibles, estúpidas. Y no ¡Oh, no! no lo digo por los salvapatrias como Rivera o ni siquiera por el ministro de la cosa que dice que para ejercer la magna obra que le ha sido encomendada en Asuntos Exteriores se sobra y se basta él que lleva cuatro años haciendo el ridículo tan bien, tan bien que no ha recibido ni una queja. Tampoco lo digo por gente como Marhuenda el razonable al que en una de esas pillé diciendo que ahora es muy fácil criticar a los USA por haber lanzado la bomba atómica pero que si lo pensámos mejor tendríamos –casi - que aplaudirles por listos y por ganar la guerra. Me refiero más bien a los humanitarios (sección milicos) y a ciertos periodistas, observadores, misioneros, cascos azules, miembros de ciertas ONG´s (infiltrados de espías hasta las cachas) que con tanta frecuencia son enviados a los purititos centros neurálgicos de la desgracia. Países ocupados como Palestina, destruidos como Irak o Siria, arrasados como Afganistan, muertos de hambre como la India (la de los turistas no, la otra) países a punto de irse al carajo como Argentina o países fallidos como los de la madre Africa. Gentes ¿preparadas? para desempeñar misiones humanitarias y que van donde les paguen supuestamente para ayudar pero que enseguida se decepcionan porque los ayudados no les aprecian lo suficiente y son incapaces de comprender lo agradecidos que tendrían que estar a sus humanitarios esfuerzos y además no comparten su afición a los mismos corn-flakes o a la misma democracia. Humanitarios que se figuran que saben como opera el Mal absoluto (leasé el dictador de turno) y quieren que los nativos lo combatan como harían ellos mismos aunque en el fondo lo único que buscan es sangre - la sangre de unos mártires que nunca serán ellos - para así poder demostrar la mucha razón que tienen. Y a esto quería llegar: ¿cuantos mártires, digo muertos, son necesarios para demostrar que un régimen (el que sea) es autentica, monstruosamente malvado? Más, siempre más. Infinitos. Un número, me temo, que será siempre incomparablemente superior al de esos insaciables humanitarios.

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