No creo tener un cerebro que destaque por su portentosa imaginación, pero se me ocurren algunas disparatadas ideas de cómo dinamizar, autoorganizar y promover eso que se da en llamar la política cultural, por ejemplo de un municipio como Pucela, o cualquier otro. Desgrano algunas, así como si de una tormenta de ideas se tratara:

* Se invita a tener asambleas periódicas a artistas plásticos, artistas audiovisuales, artistas escénicos, y artistas de la palabra, por supuesto en las instalaciones públicas correspondientes, a ser posible con café y pastas o similar para el descanso entre sesión y sesión.

* Cada asamblea establece los criterios y prioridades sobre la programación anual de actividades culturales de su área de creatividad.

* Cada asamblea a su vez elige una terna de personas delegadas, y éstas se reunen cada 15 días como gabinete anual de gestión cultural del municipio.

* Todas las tareas relativas al mantenimiento, atención a usuarios y servicios adiccionales serán ejecutadas por personal constituido en cooperativas de trabajo, con la remuneración máxima correspondiente al convenio propio.

* Las personas trabajadoras, mayoritariamente mujeres, de estas cooperativas a su vez tendrán sus asambleas periódicas con su terna delegada correspondiente, que formaría a su vez parte del gabinete de gestión cultural.

* Por supuesto, durante el mandato semestral cada persona delegada sería debida e igualitariamente mantenida a cargo del presupuesto municipal.

* La autoridad municipal supervisaría los procedimientos, los gastos y sus límites, y cubriría los detalles jurídicos-legales que sean necesarios.

* …..

Este planteamiento se podría calificar como de socialdemocracia avanzada que apuesta por una cierta autogestión cultural. Pero me temo que tal socialdemocracia no existe: las complejidades inherentes a la gestión capitalista del poder municipal, por una parte, y los juegos políticos de la representación electoral, por otro lado, fuerzan a que hasta la socialdemocracia más sincera -si ella fuera posible- se tornara en el mejor de los casos en una derecha blanda, y en el peor en una derecha cualquiera de quienes nos malgobiernan.

Pero como andamos con supuestos, y la imaginación una vez despierta tiende a expansionarse, podríamos pensar críticamente qué es lo que sería más difícil de conseguir que funcione: ¿ las asambleas de artistas y trabajadoras y sus delegaciones, o las cooperativas de mantenimiento cultural ? Las asambleas no interesan pues rompen y eliminan el juego político formal de la falsa representación democrática. Las cooperativas y asambleas de trabajadoras tampoco pues supondrían un ataque frontal al beneficio capitalista de las empresas de servicio que externalizan las administaciones públicas municipales.

El poder municipal, como miembro del poder estatal, no hace otra cosa que ofrecer gestos – culturales, entre otros - a su electorado actual y potencial, satisfaciendo en todo momento el orden capitalista constituído, que no es otro que el del mercado y el del beneficio a costa del trabajo siempre barato, cuando no gratuito, de artistas y sobre todo de mujeres, como las asistentes de sala de los museos ( ver Las asistentes de sala del Patio Herreriano consiguen ser fijas tras... ) o las guías de grupos, que van de un lado para otro por cuatro perras chicas...

Precisamente por que son mayoritariamente mujeres las explotadas para que los actos culturales puedan ser ornato de la política institucional, tiene plena razón y sentido la huelga general feminista de este 8 de marzo. La dignidad de todas exige hacer visibles las violencias soterradas del estado y del capital.

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