Concierto de Carlos Herrero en el festival 40 de Mayo. FOTO: Gaspar Francés
Concierto de Carlos Herrero en el festival 40 de Mayo. FOTO: Gaspar Francés

Por segundo año consecutivo en el Parque de los Almendros del barrio de Parquesol, la asociación cultural y de desarrollo social Estarivel celebró su tercera edición del festival 40 de Mayo. Con un clima casi veraniego y propicio para la programación al aire libre, frente a la ‘épica’ edición de pasado año entre tormentas y chaparrones, el césped y el anfiteatro gozaran un ambiente familiar y divertido desde la mañana a la noche, con diversas actividades, talleres y espectáculos de La Luz de las Delicias, Madre y Padre, El Bloco Feroz, Carlos Herrero, Poseidonians y Puente Yayabo.

Como era de esperar, los más madrugadores fueron los más pequeños que empezaron disfrutando del cuentacuentos familiar de Estarivel y siguieron, desperdigados por el césped, con el taller de circo de La Luz de las Delicias, que concluyó con un divertido cabaret circense con la participación de ambos colectivos. La música y la diversión del concierto de Madre y Padre completaron el menú de la comida popular entre las sombras de los árboles o los improvisados toldos.

La batucada El Bloco Feroz inauguró la programación de la tarde después de los talleres y la sobremesa. Carlos Herrero ofreció un gran espectáculo, con una vocación casi didáctica desde la cercanía y el buen humor, ejerciendo de trovador trashumante y abordando la música y el legado de los saberes populares para cantárselo y contárselo al público. Aunque le costó hacer que tomaran la iniciativa, el directo del músico palentino acabó en baile al son del acordeón o la quijada. Igual que el resto de conciertos de la campa, el concierto estaba alimentado por la unidad móvil solar de EnergÉtica, apodada ‘La SolÉ’.

Ya en el anfiteatro del Parque de los Almendros, un espacio aire libre desconocido para una gran parte de Valladolid, tuvieron lugar los últimos conciertos. Los primeros fueron Poseidonians, la banda vallisoletana de reggae que empezó a animar al público que aun se desperdigaba por el césped, ofreciendo su fusión jamaiquina con otras músicas altamente bailable. Como colofón actuaron el trío de música cubana Puente Yayabo, que ya se había subido para compartir alguna canción con sus colegas, haciendo gozar al público que terminó incluso haciendo coreografías frente al escenario.

Al filo de la media noche, ya con las actuaciones concluidas, una pequeña hoguera alumbro la despedida del festival y la bienvenida a la verdadera fecha del calendario que dicta el refrán, el 9 de junio. Veremos si el cambio climático, que inunda o reseca la tierra dependiendo del año, acompaña al dicho, por ahora el cielo despejado permite dejar los sayos en el ropero.

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