Audry Funk, Rebeca Lane y Nakury durante su charla en Valladolid. FOTO: Gaspar Francés
Audry Funk, Rebeca Lane y Nakury durante su charla en Valladolid. FOTO: Gaspar Francés

Audry Funk desde México, Rebeca Lane de Guatemala y Nakury desde Costa Rica, han aterrizado hoy en Valladolid para ofrecer una reveladora charla sobre el hip hop en Latinoamérica, centrada en el papel de las mujeres, empleando este movimiento cultural como arma revolucionaria y transformadora: “Siempre hemos vivido en el silencio y ya es tiempo de que se nos tenga en cuenta en la historia”, expuso la mexicana. Integrantes del colectivo feminista Somos Guerreras, llenaron la Casa de las Palabras, organizada por CGT Igualdad, en la víspera de su esperado concierto que tendrá lugar la noche del jueves.

“No escogimos la guerra pero estamos aquí”, comenzó Nakury asegurando que “la paz necesita que seamos activas”, en este caso a través de la palabra o la imagen: “Buscamos generar un espacio para conectarnos, conocernos, entendernos y generar diálogos” en “un mundo más empático sin importar las fronteras”. Audry Funk, nacida en Puebla, vive actualmente en una de las “pequeñas latinoaméricas en los barrios mas segregados del primer mundo donde también estamos resistiendo”, en concreto el Bronx de New York, como miles de mexicanos que residen en Estados Unidos. Aun desde la distancia, persiste en su denuncia de las violencias hacia las mujeres en sus territorios, poniendo como ejemplo las 9 niñas asesinadas semanalmente en Veracruz o los 250 feminicidios y más de 1000 secuestros anuales de mujeres en su Puebla natal.

“Siempre hemos vivido en el silencio y ya es tiempo de que se nos tenga en cuenta en la historia”, reivindicó la mexicana apostando por tomar el feminismo y el hip hop como un “arma fuerte para reconstruir nuestros territorios”. Audry quiso resaltar que “este trabajo y estas conexiones son hechas de mujeres a mujeres, nos reconocemos a través de las violencias que nos atraviesan”, considerando el hip hop como un movimiento que “mundialmente invisibiliza a las mujeres”, entendiendo que con su aportación están cambiando la forma de ver esta cultura musical en Latinoamérica y la forma en la que crean espacios para mujeres, rompiendo mitos como organizar una gira entre ellas o viajar ‘solas’, es decir, sin hombres.

Rebeca Lane destacó su procedencia, con integrantes del colectivo provenientes de Guatemala, El Salvador, Costa Rica o México, puntualizando que “de este lado del mundo pareciera que el otro continente del Rio Bravo para abajo todo es Sudamérica” y luchando contra la invisibilización de los “territorios ancestrales” de Centroamérica o el Caribe y sus culturas. Explicó también como estas zonas han sufrido distintas oleadas de colonización, denunciando en la actualidad la “neocolonización” por parte de empresas transnacionales de Canada, Israel, China o Europa, llegando a asegurar que en Guatemala padecen una “dictadura empresarial, aunque se reconozca como democracia”.

Hicieron un repaso histórico explicando el nacimiento del hip hop en el Bronx por descendientes de personas afrocaribeñas, aunque en la actualidad “se ha blanqueado y no se ha reconocido a las precursoras de este movimiento”, explicó Lane, lo que considera un “detalle fundamental” ya que surgió como “respuesta de los jóvenes para combatir la violencia y la represión racista y estructural de un Estado supremacista blanco fundado sobre una tierra robada”.

De ahí llega a Centroamérica “como una alternativa de expresión muy accesible y popular para poder hablar de lo que estaba sucediendo en nuestros contextos”, relató Nakury, instaurándose como forma de expresión y de organización para crear comunidad. Analizaron también cómo el hip hop llegó a “jóvenes con las mismas necesidades que aquellos que vivían en el Bronx”, haciéndose hueco en los barrios más precarizados con problemas de violencia, pandillas o tráfico de drogas. Ya en la actualidad, confrontó el rap comercial, al que tiene acceso el grueso de la sociedad, con el rap activista o comunitario desconocido para el gran público.

Marcó el origen de la escena en el ‘triángulo de Centroamérica’ alrededor del 2000, con un movimiento que se empezó a desarrollar con mucha fuerza desde 2014 o 2015. Nakury recordó el primer festival de mujeres en Guatemala, llamado “La otra cara del hip hop”, al que acudió, siendo un “tiempo dorado del movimiento” en el que “desde la rebeldía y la alegría colectiva se hacía mucho intercambio de conocimiento y se empezaron a crear muchas conexiones”, no en vano así se conocieron Rebeca y ella.

Su colectivo Somos Guerreras nació de la necesidad de un hip hop en el que no se perpetúe la violencia, viendo como una de sus riquezas la “conexión de una red regional”, aprovechando sus giras para hacer entrevistas con las que pretende editar un documental sobre el trabajo que están haciendo las mujeres en Centroamérica. Ahondaron en la criminalización de la escena hip hop, con jóvenes desaparecidos o asesinados: “El trabajo que estamos haciendo no es solo subir a un escenario y cantar, tiene sus riesgos porque estamos desafiando la lógica de los estados”, llevando a cabo una “labor revolucionaria” con el hip hop.

Rebeca calificó a El Salvador como “el lugar más difícil de Centroamérica para ser joven”, con limitaciones en el uso de ropa o uso del lenguaje para no tener problemas con pandillas, además de una política anti tatuajes, viéndose obligadas a hacer incluso entrevistas en lugares cerrados para no exponerse. Valoran entonces la sensación que tienen aquí de poder pasear por cualquier calle sin miedo, “una paz que una no experimenta hasta que tiene la oportunidad de salir de su territorio”, lamentando que “hay mujeres que nunca lo experimentan”.

Con el aforo casi completo en la Casa de las Palabras, removieron las conciencias y los sentimientos del público asistente que con largas ovaciones agradeció a las tres raperas su visita a Valladolid. No obstante, esta es solamente la primera parte de su actividad en la ciudad, completándose la noche del jueves con su esperado concierto en el Desierto Rojo. El espectáculo empezará a las 21 horas y las entradas se podrán adquirir una hora antes en la puerta al precio de seis euros, con aforo limitado.

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