Mucho revuelo ha causado la carta que ha remitido el Presidente López Obrador al Rey de España y al Papa en la que se solicita que pidan perdón por los atropellos que se realizaron durante la conquista de América y la época de la colonia. Algo por lo que el mismo presidente mexicano ha pedido disculpas cuando anunció que enviaría dicha misiva.

No cuesta tanto reconocer que la llegada de los españoles a América fue una auténtica masacre para los pueblos indígenas que vivían en esta tierra hace más de 500 años. La supuesta evangelización y civilización causó un genocidio hasta el punto de que más del 90% de la población precolombina pereció. Algunos líderes políticos han declarado que debería ser al revés: ser México quien dé las gracias a España por haberlos liberado de “el poder de tribus que asesinaban con crueldad y saña a sus vecinos” y “por civilizarlos”. En todo caso la Inquisición, precisamente, no es que usara los medios más civilizados en este sentido.

El desprecio hacia la vida humana de los indígenas que tuvo lugar durante la conquista conllevó un gran debate sobre los derechos humanos en la Junta de Valladolid, entre 1550 y 1551. Mientras Bartolomé de las Casas defendía la igualdad entre unos y otros, Ginés de Sepúlveda mantenía el argumento de la superioridad étnica española respecto a los indígenas. Entre otras cosas derivado de estos debates, se promulgaron las Leyes de Indias y se moderaron las fuerzas militares en la conquista y supusieron el primer gran avance en la igualdad entre seres humanos.

España ya ha reconocido errores en la época de los Reyes Católicos. Por ejemplo, en 2015 se promulgó la Ley 12/2015 con el objetivo de facilitar la nacionalidad a los sefardíes, presentada como una reparación de su expulsión hace más de cinco siglos. ¿Por qué esta doble vara de medir en ambas cuestiones?

No hay duda que, debido a la conquista, la actual cultura de muchos países latinoamericanos y la española están entrelazadas. Pero la actuación de los españoles de entonces sigue teniendo consecuencias ahora, aunque también los gobiernos latinoamericanos no han realizado las medidas necesarias para resolverlas, inclusive varios líderes políticos han optado por mediadas que conculcan los derechos de las comunidades indígenas: actualmente siguen viviendo en situaciones de precariedad, aislamiento y discriminación. Y muchas empresas multinacionales, entre ellas españolas, son directas responsables del expolio de sus recursos. No es desconocido para nadie que Felipe VI acompaña en sus viajes de Estado a representantes de estas grandes empresas en Latinoamérica para defender los “intereses de España”. El mensaje de AMLO tiene total vigencia.

El Papa ya pidió perdón en 2015 por los crímenes perpetrados a los pueblos originarios durante la conquista. Por su parte, México fue uno de los países que más exiliados republicanos acogió tras el golpe de Estado del 18 de julio de 1936 y nos unen lazos fraternales. Avanzar en el proceso de construcción de la reconciliación y de una memoria democrática es necesario y unirá, más si cabe, a ambos países. La postura del Papa Francisco es la adecuada. La reacción del Gobierno de España y de la mayoría de líderes políticos, salvo honrosas excepciones, demuestra que la mentalidad colonial española sigue presente 500 años después y que parece que se está orgulloso de un pasado imperial(ista) que algunos quieren resucitar.

Andrés Dueñas es profesor de Derecho Constitucional en la Universidad de Valladolid y actualmente realiza una estancia de investigación en la Universidad Nacional Autónoma de México

Engels Contreras es Maestro en Derecho Procesal Constitucional por la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, México. Ha realizado estancias de investigación en la Universidad de Barcelona y Valencia.

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