Antes de resaltar las líneas generales que orientan la acción bélica marroquí contra la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), es pertinente remarcar que el concepto de guerra híbrida apareció por primera vez en 2005 de la mano de los militares norteamericanos, Mattis y Hoffman, en su artículo titulado Future Warfare: The Rise of Hybrid Wars. En el aludido estudio, se intentó dar un marco conceptual de las nuevas formas de enfrentamiento cada vez mas alejadas de los métodos convencionales, generalmente caracterizados por el excesivo empleo de la fuerza intrínsecamente militar, y que fueron cambiadas por las posibilidades que abrió el ciberespacio que desdibujó la línea que separa entre la paz y la guerra. De esta manera, la nueva categoría, guerra híbrida, sustituye el concepto de zona gris, empleado en los estudios estratégicos para referirse al punto intermedio entre guerra y paz, y que desde el punto de vista epistemológico ya no delimita ni abarca las nuevas novedades introducidas al maneras de enfrentamiento entre estados, así como actores no estatales.

La guerra híbrida, así, según la Estrategia Nacional de Seguridad de 2017, elaborada por el Gobierno de España, sería un conjunto de “acciones combinadas que pueden incluir, junto al uso de métodos militares tradicionales, ciberataques, operaciones de manipulación de la información o elementos de presión económica (…) la finalidad última que se persigue es la desestabilización, el fomento de movimientos subversivos y la polarización de la opinión pública”. De esta forma, las herramientas de este tipo de guerras serían las nuevas tecnologías; los grupos criminales; profesionales de la comunicación política, etc.

Marruecos, consciente de la importancia de continuar su guerra contra el pueblo saharaui sin que se considere, por la comunidad internacional, una violación del alto el fuego firmado en el 1991, incorporó fórmulas de guerra destinadas a la liquidación de la RASD como realidad política que plasma la voluntad de los saharauis. Para tal finalidad las campañas de desinformación, pilar de la guerra psicológica, ocupan un lugar privilegiado. Su target es la opinión pública para ahondar las vulnerabilidades sociales que aun persisten. Así, Marruecos recurrió a un ejército de usuarios de redes sociales –gozan del estatus de funcionarios del Estado marroquí-, los denominados defensores de la causa nacional, que operan bajo el mando directo del ministro de información, “el islamista” Elkhalfi, especialmente obsesionado por la necesidad de dominar la red para llegar a la opinión pública saharaui. Para dicho fin, se organizaron periodos de capacitación que incluyen técnicas desde campo de la comunicación hasta la hasanía (forma de hablar de los saharauis), para facilitar el uso de falsas identidades que garantizarían la infiltración en los grupos de activistas saharauis. El objetivo del ejército de Elkhalfi es, aparte de pelearse por el relato del conflicto, provocar la discordia entre los saharauis; deshacerse de la homogeneidad de la identidad nacional saharaui que es el pilar sobre el que se vertebra la estructura de la RASD; y fomentar la disidencia y la desesperación especialmente entre la juventud. La desinformación no se apoya únicamente en el espacio que permiten las redes sociales, se basa también en el soborno a periodistas, particularmente de prensa árabe, que garantizan unas cuotas considerables de propaganda marroquí en sus medios. Es el caso de los canales árabes de máxima audiencia, Aljazeera, Alarabiya, France 24 Arabic, etc, que censuran permanentemente la versión saharaui del conflicto.

A la desinformación se suma, como componente de la guerra híbrida marroquí, el uso de actores no estatales como los propios grupos narco-terroristas. Marruecos empleó a grupos terroristas activos en la región del Sahel tales como el Movimiento para la Unicidad y la Yihad en el África del Oeste (MUJAO, por sus siglas en francés), cuya estrecha relación con los servicios secretos marroquíes fue constatada. En este respecto, no es casual que la primera operación del MUJAO fue secuestrar, en 2011, a tres cooperantes occidentales en los campamentos de refugiados saharauis, con el fin de cortar los flujos de asistencia humanitaria a la población refugiada para facilitar su rendición. En el mismo marco, otros grupos criminales con menos relevancia internacional fueron los encargados, por Marruecos, de inundar a los Territorios Liberados de la RASD de drogas convirtiéndolos en zona de tránsito de todo tipo de estupefacientes. Las aludidas operaciones se llevan a cabo, con frecuencia, por los oficiales del ejército marroquí en los distintos puntos del muro de separación, violando, de esta manera, el Acuerdo Militar Número 1 que regula las líneas principales del cese del fuego entre el Frente Polisario y Marruecos. El objetivo principal de atraer a los traficantes es debilitar el Ejército Saharaui y desgastar sus medios humanos y materiales al abrir mas de un frente de batalla. Asimismo, Marruecos opera vía los mismos grupos que a menudo infiltran células criminales a los campamentos con misiones ad hoc que generalmente giran entorno al intento de desestabilización y la creación de una sensación de inseguridad entre los saharauis. Ejemplo de ello son las operaciones de sabotaje de la red que suministra el agua; incentivar conflictos familiares; operaciones de robos y ataques a instalaciones oficiales de la RASD.

Mas peligroso aun, en este sentido, es el hecho de que el Estado marroquí empezó a considerar la obstrucción del proceso de paz como un acto de guerra híbrida. Es decir, alargar el proceso apostando por el elemento del tiempo que, según ellos, sería capaz de desmoronar la RASD y el proyecto nacional saharaui en general. Para ello, El-Majzen no escatima esfuerzo en hacer lobbying y gastar cuantiosas cantidades de medios económicos en las principales capitales como Nueva York, Bruselas y Ginebra para obtener el apoyo de los influyentes actores internacionales con el propósito de garantizar el status quo (conflicto de baja intensidad). Claro reflejo de ello es su oposición a la prolongación del mandato de la MINURSO de seis meses en vez de un año como estaba anteriormente; poner trabas y vetar las labores del mediador internacional y su equipo; desviar el debate introduciendo temas secundarios; intentar imponer su plan de autonomía, etc.

En suma, Marruecos no ha interrumpido la guerra con el alto el fuego. Diversificó sus métodos de agresión para debilitar a la RASD. Para ello, combina un conjunto de acciones que aglutinan campañas de desinformación y crimen organizado, pasando por la constante obstaculización de los intentos de solución del conflicto. Por tanto, el antídoto, en lo que se refiere a la parte saharaui, sin duda, se apoya en la creación de una cultura de seguridad y defensa entre los ciudadanos, así como una concepción amplia de la seguridad para incluir nuevas amenazas especialmente las que llegan mediante el ciberespacio. Por la otra parte, la comunidad internacional, especialmente NNUU y su misión MINURSO, debería considerar las hostilidades derivada de la guerra híbrida marroquí como actos que violan los acuerdos de cese del fuego.

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