La ciudadanía española está viviendo con perplejidad y escepticismo los acontecimientos políticos en relación con la formación de Gobierno en nuestro país. Y quienes votamos la opción progresista probablemente añadamos desilusión a los primeros calificativos.

El pasado 28 de abril de 2019 acudimos masivamente a las urnas, en una de las elecciones con más alta participación desde 1978. Lo hicimos para frenar la posible irrupción de una derecha que nos retrotraería casi 40 años atrás, pero también con la ilusión de conseguir un Gobierno que pudiera mejorar las condiciones de la vida de la gente.

Tras la moción de censura que ganó Pedro Sánchez y que fue apoyada por Unidos Podemos sin ningún tipo de condición, se han logrado avances sustanciales desde el punto de vista social. El mayor de ellos quizás haya sido el aumento del salario mínimo interprofesional hasta 900€, la mayor subida nunca vista desde que se aprobó la Constitución. O las mejoras en las condiciones económicas de los contratados predoctorales en las Universidades y el acuerdo de presupuestos que, aunque finalmente no salieran adelante, eran los más progresistas desde hace décadas. Pero todo ello no hubiera sido posible sin la colaboración de dos partidos llamados a entenderse: el PSOE y Podemos.

Cuesta entender el no rotundo del PSOE a un Gobierno de coalición con Unidas Podemos prácticamente desde el día siguiente al que fuimos a las urnas. Nunca está de más recordar que 20 de los 28 países de la Unión Europea cuentan con un Gobierno de estas características. Más aún si tenemos en cuenta que el partido de Pedro Sánchez necesita el apoyo de un amplio sector del Congreso de los Diputados para que pueda ser Presidente del Gobierno.

Unidas Podemos demostró estar dispuesto a entenderse con los socialistas tras la renuncia de Pablo Iglesias a estar en el Consejo de Ministros. Un paso a un lado responsable y generoso que consiguió que se desbloquearan, al menos en parte, las negociaciones.

Entre tanto, el 70% de los inscritos en Podemos votaba a favor de un Gobierno de coalición frente a un Gobierno en solitario del PSOE. Pablo Iglesias, líder del partido, estaba encargado de lograr llevar a cabo dicho mandato. Independientemente de haber votado PSOE o Unidas Podemos, seguro que la mayoría de gente progresista vio esperanzada la posibilidad de lograr, por fin, un Gobierno conformado por ambos partidos donde Podemos llegaría a tener una Vicepresidencia de Asuntos Sociales y los Ministerios de Vivienda, Sanidad e Igualdad. Cuesta entender que Pablo Iglesias rechazara esta oferta si se tiene en cuenta lo votado por sus militantes.

El mes de agosto ha sido el más asombroso de todos. Con el reloj con la cuenta atrás en marcha para la convocatoria de elecciones, en vez de sentarse al día siguiente para seguir negociando desde el punto en que se había casi logrado un acuerdo, ambos Grupos Parlamentarios se van de vacaciones hasta finales del mes, cuando Podemos realiza otra propuesta al PSOE, muy parecida en algunos puntos a la que había rechazado en julio, mientras que los socialistas rechazan cualquier fórmula de Gobierno en coalición.

El relato de los hechos parece una tomadura de pelo a aquellas personas que queremos ver mejoradas nuestras condiciones de vida y la de los demás con un Gobierno progresista en España. Pero aún existe una última oportunidad antes de la celebración de elecciones anticipadas. Alguno de ambos partidos debe ceder. Ojalá se logre un Gobierno de coalición, porque esta es una fórmula propia de cualquier sistema parlamentario. El ejemplo lo tenemos en las Comunidades Autónomas, en donde se han logrado Gobiernos entre el PSOE y Podemos: ¿por qué no a nivel estatal?

En cualquier caso, el peor de los escenarios es la repetición electoral, a la que parece que estamos totalmente abocados. La derecha está ya frotándose las manos e intentando buscar un relato donde ellos sí son capaces de entenderse. No ha de haber líneas rojas para evitar este desenlace. Si el PSOE, máximo responsable de volver a las urnas, no quiere unirse a la mayoría de países de la Unión Europea y tener un Gobierno en coalición, Unidas Podemos no puede descartar el apoyo a Pedro Sánchez a pesar de no entrar en el Gobierno. Sólo de esa forma evitaríamos que el ala más conservadora del PP, apoyada por la extrema derecha, lograra entrar en la Moncloa. Este sería el mayor acto patriótico que nuestro país necesita. Los líderes políticos deben mirar, de una vez por todas, los intereses a medio y largo plazo que necesita el país y no sus únicos intereses partidistas. De no ser así y no conseguir este Gobierno, los Secretarios Generales de los dos grupos políticos que deberían haberse entendido serían los máximos responsables de este fracaso. No sería descabellado, sino más bien coherente, que ambos se plantearan el liderazgo en sus partidos en caso de que las elecciones se celebren finalmente. Ojalá esto no sea necesario.

1 comentario

  1. La propuesta del PSOE no comprendía 3 Ministerios y los contenidos estaban vaciados de competencias. Es difícil considerar que este era el contenido de la voluntad de los militantes sobre el gobierno de coalición. La opción del apoyo a una nueva investidura tampoco hay que considerarla como descartada, pero está claro que exige un debate y posición al respecto que no se puede saldar con el argumento de un acto patriótico. Pero repito, si es objeto de debate.

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