Enrrique Lozano
Enrrique Lozano "El Pescao" junto a la bailaora. FOTO: Gaspar Francés

Flamenco, gitano, de Palencia: Enrique Lozano el Pescao. Presentó ayer viernes su disco, Río, el segundo o el primero, porque reniega de aquel Gitano de tierra adentro que publicara en 1994.

Río fue grabado los días 15 y 16 de abril en la sala Fernando Urdiales, del Teatro Zorrilla, en directo. Ahora disponible en formato físico, en cd. Allí estaban los ejemplares, a la entrada del Patio de San Benito, donde Enrique volvió a desgranar los cantes y canciones que incluye el disco, editado con un cuidado diseño, bello, sentido, artístico, con cariño (por Fernando Fuentes).

Cualidades que reflejan en gran parte la actitud del cantaor palentino con el arte flamenco; y la de quienes están con él en su cante como quien tiene un amigo diferente, que te pone siempre a prueba, pero siempre desde la amistad.

Esa amistad es el flamenco. El flamenco pone su acento en la diferencia, en lo que no se espera, más que en deber conmover, transmitir al oyente, público que espera (para eso están los conciertos de la Plaza Mayor; el recital de Enrique Lozano se incluyó dentro de la programación de Ferias y Fiestas de Valladolid, lo cual es un detalle y lo hace más singular).

"El Pescao" ayer en el Patio San Benito. FOTO: Gaspar Francés
"El Pescao" ayer en el Patio San Benito. FOTO: Gaspar Francés

En el caso de Enrique la diferencia, lo inesperado es llevado al extremo, su extremo, por eso es habitual referirse a su cante, su voz como singular, particular.

El flamenco es bruto, crudo, nada se oculta, todo se expone, hasta los defectos, las limitaciones. El Pescao está ahí. Incluso contra una idea estética que se pueda tener del flamenco y que se ha instalado en los últimos tiempos, con un tipo de voces, un tipo de sonido, reconocible hasta por quien no es aficionado al flamenco. Esa imagen sonora la dinamita El Pescao (espectadores ‘saltan’ de las gradas del Patio San Benito hacia la calle, dejando los tres cuartos de entrada, con invitación, en algo menos de la mitad).

Y tiene su recompensa cuando te llega, cuando entras en su Río, que roba de otros ríos para afirmar aún más su caudal. Canta a Lole y Manuel (“Un cuento para mi niño”) con entrada ablusada y desgrana con delicadeza la belleza, desde la sentida comprensión la historia de una mariposa blanca. Alegre y festiva invocación a Bambino, a su espíritu, su actitud, lo cual conlleva un lamento (“El mago Piticó”).

En el disco se aprecia aún más lo flamenco que es el cantaor palentino y cómo hace el flamenco. Tiene ese silencio, esa oscuridad, ese ambiente de donde salió el flamenco.

Ríe El Pescao porque ejerce su libertad (‘li’ para los gitanos en su idioma, la libertad, pero la libertad oficial, la de los papeles –estoy lili, decían los militares obligados cuando se licenciaban-; no tienen palabra para la Libertad porque la encarnan).

Enrique Lozano presentará su disco en Madrid, en la Sala García Lorca, de la Casa Patas para noviembre. Luego, pues ahí está su Río, para quien lo quiera navegar; él no parece que vaya a desviar su cauce (A la guitarra, El Persa, solventando revueltas, inusitados meandros, subidas y bajadas, remansos y desbordes hasta el punto de parecer, en algunos momentos un guitarrista experimental. El Pescao lo sabe, “le vuelvo loco”).

Por último señalar la implicación de las gentes que han hecho posible Río: la redacción del periódico digital últimoCero; los responsables del Café del Teatro Zorrilla; de los y las asistentes a la Tertulia Flamenca de la Biblioteca Pública de Valladolid, más aficionadas y aficionados a nivel particular, amigos y amigas.

(Nota: Para quienes no pudieron recoger el disco que previamente habían encargado o todo/a aquel/lla interesado/a en tenerlo, dirigirse al Café del Teatro Zorrilla).

 

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