Luis Antonio Pedraza, Jaime Muñoz y Carlos Beceiro, de La Musgaña.en el Patio Corsario.
Luis Antonio Pedraza, Jaime Muñoz y Carlos Beceiro, de La Musgaña.en el Patio Corsario.

El Patio Corsario del barrio Girón fue la tarde-noche del viernes, ese espacio especial en el que pueden verse algunos espectáculos únicos  y vivir momentos irrepetibles e impagables. Todo por una módica aportación (10 euros). El último a cargo de los veteranos La Musgaña, que han cumplido sobradamente la treintena de vida profesional dedicada a la música tradicional. 
Desde su creación en 1986, por el siempre recordado Quique Almedros (flauta y tamboril), La Musgaña ha conocido diferentes formaciones: desde la más reducida (dúo) a la de una auténtica banda. De un tiempo a esta parte ha recuperado la original de trío al integrar, junto al madrileño Jaime Muñoz (acordeón diatónico, clarinete, flauta...) y al gallego Carlos Beceiro (zanfona, guitarra, bouzouqui...), a Luis Antonio Pedraza. Han tenido que pasar 15 años desde que Almedros sufriera un derrame cerebral que le apartó del escenario, para que La Musgaña vuelva a su formación originaria.
Aunque la imagen y sonido de La Musgaña esté asociada a la flauta y tamboril de Quique Almedros, Luis Antonio Pedraza -el más joven del trío- ha encajado perfectamente en la formación, mostrándose como otro gran virtuoso de la flauta y tamboril, de la gaita sanabresa y, sobre todo, de la gaita charra. Resulta increíble que con una flauta de tres agujeros puedan hacerse las maravillas que consigue este zamorano que, además, aporta su voz de raíces profundas en el Aliste, Sayago y la raya con Galiza y Portugal, zonas a las que está dedicado Raitán (petirrojo en tierras leonesas), último disco -que hace el número 12 del grupo- que presentaron en Patio Corsario aprovechando su "gran gira", en palabras de Jaime Muñoz: "de paso por Valladolid camino de Asturias, donde tocamos mañana" y con la preocupación de si acabaría nevando. No lo hizo, pero casi.
Junto a los temas de Raitán, La Musgaña hizo un repaso de su amplia y exquisita producción, para terminar con 'las musgañadas' clásicas, que dedicaron a su siempre presente compañero: Quique. La Musgaña ha superado 'el síndrome Almedros' y se ha reinventado, al dar con el elemento preciso para mantener viva contra viento y marea, una obra que, teniendo su origen en la más pura tradición, es contemporánea. Moderna. Y así ha sido reconocida internacionalmente durante más de 30 años, aunque aquí, algunas instituciones y programadores no se hayan enterado. De ahí las palabras del grupo, elogiando lugares como el antiguo cine de la avenida de Los Cerros y reivindicando una soñada red de espacios culturales de iniciativa privada ante la más que demostrada incompetencia de los llamados poderes públicos.
Mientras esto sucedía en el Patio Corsario, donde unas decenas de personas -hasta completar el aforo desde días antes- se habían atrincherado en ese reducto con el objetivo de escuchar a La Musgaña, la ciudad comenzaba a estar tomada -con el dinero de todos- por un concepto de 'fiestas' en el que lo único que parece importar es contabilizar el número de gente en las plazas y calles, los decibelios, las toneladas de mierda esparcida por todos los rincones de la ciudad y la ingesta sin medida de litros y litros de alcohol por parte de los más jóvenes.

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