Aspecto general de un tramo de carril bici con la zona ciclista y la peatonal. FOTO: Carrilesbicivalladolid.blogspot.com.es
Aspecto general de un tramo de carril bici con la zona ciclista y la peatonal. FOTO: Carrilesbicivalladolid.blogspot.com.es

Siento expresarme en estos términos: Valladolid no está a la vanguardia ciclista. Sencillamente, Valladolid no está. Nunca lo estuvo con el PP de Francisco Javier De La Riva durante 20 años, en los que el ginecólogo lenguaraz salpicó la ciudad de vías segregadas -inconexas y distintas entre sí- para jactarse de que tenemos 80 kilómetros de carril bici que usted no verá si no conoce la ciudad y no cae por casualidad en ellos. Por eso es interesante analizar lo que hace el equipo de Gobierno actual, un gobierno del cambio constituido por PSOE y VTLP con un alcalde que hasta hace dos días iba pedaleando al Ayuntamiento y que era, hasta donde puedo leer, enérgico defensor del carril bici en las principales arterias.

Sería injusto equiparar a los sucesivos gobiernos De La Riva con la buena voluntad que está demostrando el concejal responsable de Movilidad, Luis Vélez. Sin embargo, once meses después de las elecciones municipales acaba de ponerse una suerte remedo ciclista sobre la mesa del que, lejos de constituir un verdadero plan, cabe destacar con amargura que servirá para que perdamos, todavía más, el tren de la bici.

Usted podrá replicarme, y algún optimista ya lo hace: “¡Pero qué dices, si cada vez se ven más ciclistas!”. Pero, ¿hay datos? Es cierto que ocho años de crisis y cierta cura de humildad –el cochazo, la hipoteca- han podido animar a más ciclistas a salir. La bici sale barata, se aparca bien y se llega rápido a todas partes. Pero, insisto, ¿hay datos? Sobre el uso de la bici en Valladolid muy pocos o ninguno, en espera de los números que arroje el contador instalado en el estupendo carril de la Avenida de Salamanca. Sobre el uso del coche sí los hay y son nefastos, como este de la Comisión Europea que nos sitúa como sexta ciudad española en uso del coche para ir al trabajo. O este muy reciente de accidentes de tráfico. ¿Quiere usted ver el vaso medio lleno? ¡Véalo!

Yo no. No soy un cenizo ni un gafe, ni me hace falta que desborde el vaso para que lo vea medio lleno. Mientras que en una ciudad plagada de cuestas y coches como Madrid el equipo de Manuela Carmena se prepara para habilitar decenas de vías segregadas en 2017 (lo ha retrasado un año) al tiempo que la participación ciudadana apuesta de manera apabullante por la construcción de carriles bici, en Valladolid está a punto de calar una idea desnortada cuyo coste es, según se ha publicado, de 80.000 euros.

El problema no es el dinero pero sí la ejecución: me refiero a los llamados “ciclocarriles”, que es una manera esponjosa de decir que todo se quedará como está salvo que en un carril de la calzada se dibujará con pintura blanca una bicicleta y una limitación de velocidad de 30 kilómetros por hora. La misma idea que lanzó Ana Botella en Madrid con un sonoro fracaso y que Ahora Madrid va a revertir inexorablemente, porque su filosofía es perversa: muévete entre coches y siéntete seguro. Y no, ese sistema no lo es.

Finjamos un poco. Trasladémonos imaginariamente al Paseo Zorrilla, donde en un tramo importante de esta arteria capital nos meteremos por el ciclocarril: entre el Corte Inglés y el Matadero no podremos siquiera circular por el carril derecho reservado a autobuses y taxis, debiendo hacerlo por el inmediatamente contiguo por la izquierda, empotrados entre dos vehículos. Una locura. ¿Usted se imagina a su madre pedaleando en tales circunstancias? Yo no me la imagino, pero en Rotterdam y La Haya he visto a madres y abuelas.

Con este artículo solo trato evidenciar que por más rodeos que demos la única política que permitirá una cota aceptable de desplazamientos en bici sobre el total de vehículos (un 5%, un 10%) se basa en un plan ciclista como dios manda radicado en levantar infraestructura, esto es, carriles bici perfectamente segregados en determinados puntos. Reitero: la única para tal fin.

¿Esto es incompatible con otras medidas como la multiplicación de aparcamientos, la peatonalización de más calles del casco histórico, la reforma de semáforos y cruces, la instalación de trasteros en los bloques de viviendas que faciliten a los vecinos el uso, la concienciación, las políticas de respeto al peatón, la pacificación del tráfico, el impulso a los sistemas de bicicleta pública y lo que a usted se le pase por la cabeza para vivir todos más felices entre velocípedos?

En absoluto es incompatible, pero un servidor, al que le gustaría vivir más feliz en Valladolid entre velocípedos, se queda abúlico ante la resistencia de una minoría influyente (quédense con la definición de ‘minoría influyente’) a cualquier infraestructura segregada. Sí, estoy hablando del rol que juega la Asamblea Ciclista de Valladolid, Asciva.

Asciva, por derecho propio, es el colectivo pedalista vallisoletano más importante y su muro de Facebook se ha convertido en un hervidero de discusiones sobre el modelo de ciudad que queremos. Realizan un sinfín de actividades como las mensuales Masas Críticas coronadas por la soberbia Marcha Ciclonudista. Muchos años de buen activismo para terminar haciendo, como hoy ocurre, pedagogía contra el carril bici. Una deriva en toda regla.

No son la primera asociación de España con fobias infundadas hacia el carril ni son mayoría en una ciudad donde lo mayoritario y el ciclismo pegan tan bien como la Coca-Cola con la leche. Son la minoría influyente aludida arriba. Leo en el Norte de Castilla a Carlos Méndez decir que “los carriles bici se piensan para que no molestemos al coche”. Y también a Manuel Ortiz señalar que el objetivo de Asciva “es circular como un vehículo más, sin necesidades de carriles”.

En 2012, el propio Méndez en últimoCero escribía un artículo titulado ‘vamos a amsterdamizar Valladolid’. Así que yo me pregunto cómo vamos a amsterdamizar nada sin infraestructura. ¿Qué cómo es Ámsterdam? Aquí tiene usted una hora y media de vídeo con una GoPro para comprobarlo por su cuenta. Compárelo con esta grabación por los ciclocarriles de Madrid y dígame por dónde se atreverían a salir su madre o su tía. O con esta otra.

No hace falta ser tan ambiciosos como para pretender convertirnos en los Países Bajos. Ellos son la Champions League de la movilidad y nosotros estamos en tercera regional. Holanda tiene una presión demográfica terrible (17 millones de habitantes en una superficie que es la mitad de Castilla y León) y unas ciudades pacificadas de coches.

La nueva tendencia, gratuitamente infundada, es sugerir que los carriles bici no restan espacio al coche ni provocan una caída del tráfico, que quitan acera al peatón y que la gente que no sale por miedo, en realidad no coge la bici porque no sabe que la calzada es segura. Un argumento el último que me recuerda a la broma que hacen los del Betis y que dice: ‘Tú puedes ser del Betis… aunque no lo sepas’.

Sevilla, un modelo en el que debería fijarse Valladolid sin demora, ha quitado espacio a los coches eliminando más de 8.000 aparcamientos en cuyo lugar se han erigido carriles bici; ha conseguido rozar los 80.000 usuarios, el 10% del total de desplazamientos (en la actualidad han caído a 70.000 por la escasa atención que le ha prestado el Ayuntamiento del PP entre 2011 y 2015); y ha reducido el tráfico un 25% entre 2005 y 2015 y menguado de manera espectacular los accidentes. Con diez veces más bicis que no hace ni diez años.

Hay más: Barcelona, Valencia, Zaragoza, Almería, Lugo, Madrid… La senda no la marcan las minorías influyentes, las que quieren que siga habiendo cuatro gatos pedaleando por las calzadas. La está marcando la necesidad de contar con infraestructuras ciclistas. Luis Vélez y Óscar Puente, PSOE y Valladolid Toma La Palabra, necesitamos un giro de 180 grados.

2 Comentarios

  1. Deberías repasar tus fuentes, Estoy de acuerdo en casi todo lo que dices pero Holanda no llega a los 6,5 millones de habitantes muy lejos de lo que dices en el artículo, además de tener su población dispersa en numerosos núcleos urbanos y no centralizada en grandes ciudades.

  2. Eduardo, estás absolutamente equivocado con Holanda. Pon un uno delante del 6,5, revisa la población y luego me cuentas 🙂

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