Grupo de profesores a la puerta de la Escuela de Música Mariano de las Eras el día del cierre. Foto: Carlos Arranz
Grupo de profesores a la puerta de la Escuela de Música Mariano de las Eras el día del cierre. Foto: Carlos Arranz

Tras más de tres años de interminable crisis y después de un tortuoso camino de juicios, denuncias, protestas ciudadanas, reproches políticos y ríos de tinta en los medios de comunicación local, los acontecimientos en torno a la Escuela Municipal de Música “Mariano de las Heras” de Valladolid dejan a ésta sumida en un triste caos.

El último episodio: un tira y afloja sobre el pliego de condiciones y sistema de contratación que el Ayuntamiento tendría que tener a punto para poder garantizar el inicio del nuevo curso escolar en unos meses. Tiempo ha tenido, pero ¿voluntad, capacidad y sensibilidad para encontrar una solución entre todas las partes en conflicto?

No soy parcial, lo reconozco, pues soy una de esas partes, cuya vida laboral y vocacional quedó destrozada después de 17 años dedicando alma, vida y corazón a esta Escuela como profesor de la misma. Y como yo otros 24 trabajadores, profesores y personal del centro que vimos en Abril de 2013 cómo nos despojaban de un puesto de trabajo al que habíamos accedido, algunos incluso por una fase de pública concurrencia, pasando por una fase de exámenes, defensa de temario ante tribunal, clases y pruebas. Pues sí, puesto que hubo un tiempo en que la Escuela de Música era de titularidad y gestión municipales y como trabajadores de tal servicio público éramos contratados por el Ayuntamiento de Valladolid. Luego llegó la consabida privatización antes de querer asumir el ayuntamiento más plantilla fija. Aunque se nos redujeron sueldo y derechos pudimos seguir manteniendo el puesto, perteneciendo a una empresa, Músicos y Escuela S. L, que ganó el concurso y que gestionó la misma durante casi 16 años.

La Escuela crecía. Cada año eran más los alumnos que teníamos, eran incontables las colas para matricularse y conseguir plaza a principio de curso, y aunque estábamos en instalaciones “de prestado”, y no del todo adecuadas, puesto que el Ayuntamiento habilitó tres centros de Educación Primaria para que compartiéramos aulas por las tardes, era encomiable el trabajo y la difusión social y la dinamización de la vida cultural y musical que tanto alumnos, como profesores, realizábamos con nuestras actuaciones, en la ciudad e incluso en otras localidades. Por fin pudimos, tras años de reivindicaciones, conseguir una sede propia con la rehabilitación de la antigua escuela de Magisterio en el centro cívico José Luis Mosquera, cumpliendo su promesa la entonces Concejal encargada de la Escuela, Angelines Porres.

Pero parece que la felicidad es efímera, como dice la canción, es una gota de rocío en un pétalo de flor. Y a alguien se le tuvieron que ocurrir ideas luminosas para crear conflictos donde no los había y generar problemas donde no tenía por qué. Parece que molestaba que hubiera muchos alumnos, agrupaciones estables (jazz, música creativa, coro, orquesta…) con gente que estaba encantada de llenarse de música y cultura en su vida, gracias a un servicio público municipal de calidad, que incluso con una gestión eficaz podía ser rentable y autofinanciarse sin grandes gastos para las arcas municipales.

La anterior concejalía decide cambiar el Reglamento, impedir la continuidad del disfrute del servicio a muchos ciudadanos, poniendo límites a la permanencia en el centro o en sus agrupaciones. Eso es no entender nada de nada de lo que son las Escuelas de Música, el acceso a la cultura y formación por parte de la ciudadanía. Sistemáticamente se van incumpliendo principios básicos en la organización y todo lleva a un sinfín de protestas contra el Ayuntamiento por la gestión política tan caótica. Alumnos, padres, profesores, empresa concesionaria… todos, advierten de lo que va a suceder si esto sigue así, pero el anterior Ayuntamiento, firme en sus trece, decide unilateralmente imponer su criterio con lo que consigue la estampida de más de la mitad del alumnado (al que echa, literalmente, por el cambio de Reglamento) e impone un plan formativo deslavazado, sin consultarnos para nada a los profesores ni a los usuarios del servicio. Volvemos a la falta de diálogo como causa del principal mal.

El resto de la historia es la más actual, la que seguro conocen ustedes. El Ayuntamiento decide dejar de pagar a la licitadora (Músicos y Escuela) y así provoca la quiebra de ésta. Luego los Tribunales dirán que el Ayuntamiento incumplió las clausulas de licitación y se anularon estos decretos de la concejal responsable, Dominga Fernández, que con su impago provocó la crisis económica del licitador, y el despido de la plantilla que estábamos, pero el mal ya estaba hecho, puesto que al haber quiebra los trabajadores fuimos despedidos sin remisión, todos a la calle. Tan fulminante fue, que aún hoy, tres años después todavía no hemos cobrado el último mes de sueldo, ni indemnización alguna por años trabajados para este servicio municipal. Nuestros despidos todavía están sub iudice, discutiéndose en el Tribunal Europeo de Justicia si estamos o no bien despedidos. ¿Cómo puede tener la conciencia el Ayuntamiento de Valladolid de alegar que siendo nosotros trabajadores de un servicio municipal (aun contratados por una empresa externalizada), no tenemos derecho a subrogación y a mantener el puesto de trabajo, puesto que nos hemos ido “bien despedidos” por quiebra… una quiebra, recordemos, que fue provocada por el impago decretado y ordenado por el propio Ayuntamiento, por su concejal, en un decreto que después es declarado nulo? La situación, convendrán ustedes conmigo, resulta del todo surrealista.

Aquí podría acabar la película, si no hubiera sido por la aparición de otros actores en escena. En abril de 2013 la escuela se cierra, al caer, como dije, la licitadora en quiebra, y despedir a los profesores. Pero resulta que en Julio de 2013 ya tiene preparado el Ayuntamiento un nuevo pliego de contratación, que se adjudicará a Impulso Musical, una cooperativa constituida a toda prisa, después de que el Ayuntamiento saque tal pliego y las prescripciones del contrato. Dicha empresa tiene como cooperativistas a militantes tan destacados del PP como Fernando Calderón, que fue en las listas al Ayuntamiento de Valladolid por esta formación, a pesar de que la persona que encabezaba dicha lista, Javier León, dijera en algún medio “desconocer” la relación que este señor tenía con el partido… (es decir, que no sabía de las personas que tenía en la lista). Estos hechos son puestos en conocimiento de la Fiscalía en Valladolid, por lo cual se decide abrir fase de instrucción en proceso penal, que sin embargo, tras dos años largos de investigaciones y diligencias, acabará en sobreseimiento, ya que la juez no considera suficientes estos vínculos con el PP, ni estas premuras en la constitución de la empresa, o los cambios de sistema de licitación por invitación, y contrato “menor”, como constitutivos de delito de prevaricación , o tráfico de influencias. Para la juez parece que fue más relevante, según se desprende del auto, el que algunos antiguos profesores hicieran una academia musical (Musicalia) para acoger a los alumnos que se fueron de la Escuela de Música porque el Ayuntamiento no les dejaba matricular. ¿Qué tendrá que ver lo uno con lo otro, nos preguntamos muchos de los profesores y trabajadores despedidos, cuando nunca, hemos tenido nada, nada que ver incluso con esa nueva academia? Nosotros, que llevábamos algunos más de tres lustros trabajando en la escuela Municipal, y creíamos en ella como servicio educativo y cultural esencial nos vemos ahora como víctimas de la desidia de tantos, el mal hacer de muchos, las luchas políticas de otros, y el abandono de los pusilánimes.

Pero quizá, queridos y pacientes amigos, la parte más sangrante de la historia se complementa ahora, con lo que está pasando tras el cambio acontecido en el gobierno municipal de Valladolid, tras las elecciones de mayo de 2015. En un principio el actual alcalde, el señor Óscar Puente, que cuando era líder de la oposición municipal nos había apoyado tan vehementemente a los alumnos, padres y profesores despedidos de la escuela, llegando a asesorarnos y a aconsejarles en la lucha jurídica por nuestros derechos y la legalidad, nos recibe en su despacho en septiembre, tras la negativa a recibirnos de la actual concejal Victoria Soto, de la que depende la Escuela. Nos manifiesta su solidaridad, nos pide disculpas por la actuación de Soto, y declara el deseo de que se restablezcan nuestros derechos, y su compromiso a tener nuestra opinión en cuenta cuando se elaboren los nuevos pliegos de licitación y el nuevo Reglamento del Centro, pues considera imprescindible y valiosa nuestra experiencia a lo largo de tantos lustros en la Escuela. ¡Ilusos de nosotros que le creímos! La realidad ha sido otra muy diferente, puesto que a día de hoy, tras haber reanudado el Ayuntamiento la nueva licitación para el curso que viene, no solo ni se ha interesado por nuestra situación actual, ni por el estado judicial de nuestros procesos de despido como trabajadores de la escuela, sino que además no ha atendido a nuestras peticiones de reunión para que al menos nos informaran de su actitud al respecto, viendo lo que pudiera venir.

El deseo de que nosotros retornáramos a nuestros puestos de trabajo, de los que fuimos despojados sin culpa, parece que se le ha cambiado sin más al señor Puente, al querer incluir el Ayuntamiento en los mismos pliegos prohibiciones expresas de subrogación de los trabajadores de este servicio educativo y cultural municipal. ¿Por qué donde dije digo…? Recuerdo algo que me decía mi abuela a cerca de predicar y dar fanegas. El problema es que este actual equipo municipal ya no tiene fanegas, sino ni siquiera buenas palabras ¿Y eso, por qué?

Las pretendidas modificaciones y reformas, el nuevo concepto de la Escuela de Música, la apertura del servicio a la sociedad de Valladolid, se siguen viendo como una utopía, incapaz de llevarse a cabo con voluntad seria, compromiso y creencia plena en la labor importantísima que en la sociedad genera la educación y la práctica dela música, aún en los niveles más elementales y asequibles, como vertebradora de tantos vínculos entre las personas, y en definitiva, como constructora de una humanidad más sensible y con un pensamiento libre.

Los acordes de esta danza son cada vez más tristes y languidecientes, su cadencia nos lleva al lamento, porque esta Escuela se nos muere, como una infanta que nunca llegará reinar. En el anhelo de la esperanza su pavana se escucha lejana, muy lejana, sin poder a penas levantar los pies del suelo. Y mientras 25 trabajadores en la calle, acompañando con sus instrumentos un vacío que cada vez es más grande en su interior.

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