Muchos sabemos que en todos los sitios cuecen habas y que en ninguno se atan los perros con longaniza pero si hay cosas que pasan aquí que no las he visto en otros lados, una de ellas es la manera de aplaudir que creo nos diferencia de otras gentes de otros países.
Presenciaba en Londres un desfile de veteranos de la Segunda Guerra Mundial, hombres y mujeres por encima de los 80 años que habían participado en la defensa de la ciudad de los bombardeos alemanes, sus antiguos uniformes no ajustados a su estado actual no impedían su caminar seguro, orgullosos de haber hecho un trabajo en beneficio de sus conciudadanos y de su modo de vivir y entender la vida. Sus paisanos en la acera aplaudían con júbilo y agradecimiento. Algunos extranjeros que con el respeto debido presenciábamos el desfile pensábamos que esas cosas son las que hacen sólida y fuerte a una sociedad.

Algún tiempo después salía la imagen de la Virgen de San Lorenzo de la Catedral de Valladolid a hombros de personas devotas vestidas con su mejor traje y escoltados por soldados con uniforme de gala y armas relucientes. La banda tocó el himno nacional que todos escuchamos en silencio y al sonar la última nota espontáneamente muchos de los presentes empezaron a aplaudir, uno que estaba delante de mí le dijo a su acompañante, "para que se enteren los catalanes" a lo que asintieron varios de los que estaban al lado.
En otro nivel, pero igual de patriotero, está la celebración de los goles de los grandes equipos de los que se ocupa la inigualable prensa deportiva, sea Messi o Ronaldo los que marcan un gol, un alto porcentaje de aficionados cuando aplauden lo hacen para que se fastidie la afición del otro jugador.

Esas cosas a fuerza de ser tan simples siempre me han parecido bastante mezquinas. Aplaudir contra alguien me parece una de las grandes particularidades de nuestro comportamiento social, no en vano decía un pensador ya citado en otras ocasiones que los españoles no sólo miramos de reojo sino que pensamos de reojo.

En fin amigos , que tenemos entre nosotros muchas cosas dignas de aplauso para perder energía en pensar lo poco que les va a gustar a otros, además de que probablemente tampoco sea así.

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